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Doomscrolling: la psicología del scroll infinito (minicurso de 10 minutos)

Doomscrolling scroll infinito
Jose Manuel Garrido

Última revisión clínica: Noviembre de 2026

Son las 00:40 y la pantalla te ilumina la cara en una habitación a oscuras. Abriste el móvil para mirar la hora y llevas cuarenta minutos deslizando el pulgar por titulares que no van a cambiar nada de lo que pase mañana. No paras, y no por falta de voluntad: un cerebro corriente se topa con un diseño pensado para que no encuentre el final.

Eso se llama doomscrolling. Veremos por qué ocurre, qué le hace al ánimo y al sueño, cuándo merece atención y qué se puede probar esta misma noche. Antes de la teoría hay un minicurso de diez minutos para comprobarlo contigo mismo.

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Este contenido es supervisado por psicólogos titulados. No sustituye un diagnóstico o intervención profesional

by psicopedia.org

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¿Qué es el doomscrolling?

Es ese hábito de seguir deslizando la pantalla en busca de noticias o contenidos negativos mucho después de que dejen de aportar algo útil. No es una enfermedad ni un diagnóstico, sino una conducta repetitiva y muy extendida que mezcla las ganas de estar informado con la dificultad para parar.

Piensa en alguien que se acuesta a las once y se duerme a las dos. No hay una preocupación concreta, solo un “una más y apago” que se repite cada noche. Se parece a abrir la nevera a las tres de la madrugada: no hay hambre, hay costumbre, y la luz que se enciende casi hace compañía.

La investigación lo describe como un patrón habitual y a veces compulsivo, reforzado por el scroll infinito y por los algoritmos que deciden qué vemos después (Sharpe et al., 2026).

¿Por qué el cerebro no encuentra el final?

Porque casi todo lo que antes nos avisaba de que algo terminaba ha desaparecido. El periódico en papel acababa en la última página y el telediario se despedía con su sintonía. Un feed infinito es un pasillo sin puertas: nada te dice dónde acaba y siempre queda un cuadro más por mirar.

A eso se suma lo impredecible. Nunca sabes cuándo aparecerá el titular que importa, y esa imprevisibilidad refuerza la costumbre de seguir mirando. La revisión de Sharpe y colaboradores recoge varias explicaciones propuestas: la rumiación, el agotamiento emocional y la dificultad para tolerar la incertidumbre.

Esta última me parece la más humana. Mirar “una vez más” por si hay novedad es como asomarse a la ventana cada dos minutos para ver si ha dejado de llover. No cambia el tiempo, pero alivia la ansiedad un instante, y ese alivio breve mantiene el hábito.

¿Qué le hace a tu ánimo y a tu sueño?

Los estudios lo asocian con más ansiedad, depresión y estrés, y con menor resiliencia. Hay un matiz importante: casi todos son transversales, fotografías de un momento, y no permiten saber qué causa qué. Quizá el scroll empeora el ánimo, quizá quien ya está mal busca refugio en la pantalla, quizá ocurren las dos cosas. La propia revisión de Sharpe lo señala como limitación y pide estudios que sigan a las personas en el tiempo.

Con el sueño la pista es algo más directa, aunque también prudente. Exelmans y Van den Bulck (2016) estudiaron en adultos la relación entre usar el móvil en la cama y cómo dormían. La idea encaja con la lógica del cuerpo: cada titular pide una emoción, y el organismo, que no distingue entre una amenaza real y una leída, se prepara para responder justo cuando tocaría apagarse.

No hay un número mágico de minutos a partir del cual el scroll “daña”. Importa más lo que pasa después: cómo te quedas y cuánto tardas en dormirte.

¿Cuándo es un problema y cuándo conviene pedir ayuda?

Conviene prestarle atención cuando el scroll deja de ser una distracción ocasional y empieza a ocupar el lugar de cosas que importan, sobre todo el descanso. Algunas señales que suelen indicar que ya pesa:

  • Se repite durante semanas y te quita horas de sueño de forma sostenida.
  • Te deja peor de lo que estabas: más tenso, más triste o con la sensación de que el mundo es un lugar más oscuro de lo que es.
  • Has intentado reducirlo varias veces y no lo logras.
  • Notas inquietud o irritación cuando no puedes mirar.
  • Empieza a afectar al trabajo, a los estudios o a la relación con quienes viven contigo.

Si varias de ellas te suenan, consultar con un profesional de la psicología es buena idea, igual que si el insomnio, la ansiedad o la tristeza llevan semanas instalados. A veces el scroll es solo el síntoma de algo más que merece atención. Si en algún momento aparecen pensamientos de hacerte daño o de quitarte la vida, en España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, disponible a cualquier hora.

Lo que suele ayudar mientras tanto

  • Dejar el móvil cargando fuera del dormitorio y usar una alarma que no sea el teléfono.
  • Elegir uno o dos momentos del día para leer las noticias, en lugar de hacerlo a ratos sueltos.
  • Cerrar el día con un ritual breve sin pantallas, como una ducha o unas páginas de un libro.
  • Poner un límite horario en las aplicaciones que más tiempo se llevan.

El minicurso de arriba convierte estas ideas en cinco ajustes concretos que se pueden probar esta misma noche.

Preguntas frecuentes

¿Es el doomscrolling una adicción?

No existe como diagnóstico. La investigación lo describe como un hábito a veces compulsivo, reforzado por el diseño de las aplicaciones. Que no sea una adicción clínica no significa que no pueda hacer daño: si interfiere con tu sueño, tu ánimo o tu vida diaria, merece atención igualmente.

¿Por qué lo hago más de noche?

Suele coincidir con el cansancio, que reduce el autocontrol, y con el silencio, que deja espacio a las preocupaciones del día. La cama, además, es un momento sin tareas ni compañía. El móvil ocupa ese hueco con facilidad y sin pedir nada a cambio, al menos en apariencia.

¿Informarme es malo para mi salud mental?

No. Estar informado es útil y a menudo necesario. La diferencia está en el control: buscar algo concreto y cerrar la aplicación no es lo mismo que refrescar el feed sin objetivo y con la sensación de que no puedes parar.

¿Cuánto tiempo de scroll es demasiado?

No hay una cifra válida para todo el mundo. Una pista más fiable es comparar la intención con el resultado: si pretendías mirar cinco minutos y pasaron cuarenta, o si terminas más inquieto que al empezar, probablemente ya es demasiado para ti.

Casi todo en el diseño de una pantalla consiste en borrar los finales: la última página, el último capítulo, el último titular. Poner uno propio, aunque sea dejar el móvil cargando en otra habitación, devuelve algo de esa pausa.

Referencias mencionadas

  • Exelmans, L., y Van den Bulck, J. (2016). Bedtime mobile phone use and sleep in adults. Social Science & Medicine, 148, 93-101.
  • Sharpe, A., Tyndall, I., Poulus, D., Obine, E., y Sharpe, B. T. (2026). The influence of doomscrolling on mental health: a scoping review. Mental Health and Digital Technologies, 3(3), 290-342.

Importante: Este contenido es supervisado por psicólogos titulados, no obstante tiene un carácter exclusivamente divulgativo y no sustituye un diagnóstico o tratamiento profesional.

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