Salud mental

Salud Mental ¿Y si hacemos algo diferente?

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” decía Albert Einstein. Creo que en Salud Mental y en la prevención de los suicidios también debería primar esta máxima. 

En el mes de septiembre se conmemora cada año el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. La mayoría de noticias en esos días (del Colegio de Trabajo Social, del Colegio de Psicología, etc) se basan en demandar más psicólogos, más trabajadores sociales… más personal, en definitiva.

Hacen falta más profesionales? Si, claramente, pero bajo mi punto de vista, no para seguir haciendo lo mismo que hasta ahora. Si tenemos un 25% de la juventud que requiere atención psiquiátrica igual llegó el momento de mover los marcos y dejar de mirar para el dedo cuando nos señalan la luna, porque se está constatando que lo que se lleva hecho hasta ahora no funciona, o por lo menos, no tan bien como debiera, a la vista de los datos.

La psicología científica está construida, en general, para dar respuestas individuales a demandas individuales. Althusser (1965) criticaba que las técnicas psicológicas no eran sino técnicas de condicionamiento, de adaptación, que lo que intentan es ayudar en la negociación entre el individuo y la sociedad, atribuyendo el sufrimiento a una incapacidad individual, a un defecto o a un daño estructural que hace a la persona más vulnerable ante las exigencias del mundo, invisibilizando la naturaleza colectiva, grupal, de muchos de esos malestares y sufrimientos que suelen aparecer como síntomas “mentales”.

Y si llevamos demasiado tiempo centrándonos en el individuo y la clave está, como afirmaba Althusser, en el grupo, en lo social?. Si en la actualidad mucho del sufrimiento es social, las respuestas no pueden seguir siendo individuales, reatribuyendo el origen del malestar a la persona.  

Desde las diferentes disciplinas relacionadas con la Salud Mental (Psiquiatría, Psicología, Enfermería, Trabajo Social, etc), atender a un paciente o a una familia desde detrás de una mesa con una bata blanca puede ser suficiente (e incluso esencial, ojo) para esa persona o esa familia, pero, no podríamos hacer algo más por el conjunto de la sociedad en general? Por esa sociedad que también cambió con los tiempos, esa “sociedad líquida” de la que habla Zygmunt Bauman en sus libros.

Creo que es necesario esforzarse por decontruir los modelos hegemónicos establecidos, por mostrarse insuficientes, y empezar a mover los marcos, también ideológicos, trabajando desde el poder de los grupos, desde la implicación de toda la comunidad, para que las campañas específicas, los lemas como “no estás sola”, dejen de sonar a propaganda vacía para salir del paso del “día de…”.

Niños, niñas y adolescentes se cortan, dejan de comer, sufren o cometen acoso escolar… en unos porcentajes inéditos porque están sometidos a unas presiones absurdas por triunfar, por “ser felices”, transmitidas desde la infancia, por la sociedad entera: “Puedes ser lo que quieras ser” dice Barbie, “Impossible is Nothing”, “Just do It”, etc.

El problema es que no todos podemos ser Nadal o Chanel, que la frustración está a la vuelta de cada evaluación, de cada comentario en las redes sociales, de cada fiesta a la que no te invitan, de cada vez que te rechazan y no te quieren… Y esto, tiene solución?.

Debemos trabajar con y desde la adolescencia, implicar en esto a toda la población, desde la infancia a la tercera edad, volviendo a “infantilizar a la infancia” como comentaba hace unos días el psicólogo Ricardo Fandiño, arriesgando y apostando por otras formas de hacer como el psiquiatra Alexandre García Caballero, teniendo como herramientas el trabajo colectivo, las dinámicas y roles de grupo, el empoderamiento, etc.

Ni hay ni probablemente pudieran valer las recetas sencillas, pero lo que está claro es que lo que se lleva haciendo hasta ahora no funciona, por lo que debemos mover los marcos, sustituir los modelos recibidos, “instituidos”, como diría Castoriadis, por otros nuevos y fomentar espacios colectivos de reflexión que posibiliten atreverse a pensar, a trabajar con otras miradas, desde otros abordajes, aportando criterios y debatiendo entre todos y todas, utilizando la capacidad instituyente que tienen los grupos porque mensajes como este, contados individualmente, quizás tengan poco o ningún valor, quizás acabe con un “en fin, así son las cosas”.

Pero si detrás de cada niño, niña o adolescente hay un padre, una madre, un docente, una maestra, un compañero o compañera, etc. que discutan el mensaje recibido confrontándolo desde el espíritu crítico, reflexionando en grupo, desde lo colectivo, lo social…. igual hay esperanza y conseguimos mover los marcos.

Referencia bibliográfica

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