Sesgo de autoservicio

Sesgo de autoservicio, una distorsión causal

Radicándose en la idea de que los seres humanos tenemos la necesidad de atribuir causas a todo acontecimiento, Fritz Heider elaboró la teoría de la atribución causal. Hoy nos centraremos en uno de los aspectos de esta teoría: los sesgos de atribución, puntualmente el sesgo de autoservicio.

Acompáñanos a analizar los principales aportes de Heider y a reflexionar. Tú, ¿hasta dónde llegarías con tal de salvar tu autoestima?

La teoría de la atribución causal de Heider

El psicólogo Fritz Heider, en el año 1958, desarrolló la teoría de la atribución para explicar cómo las personas perciben su propio comportamiento y el de los demás. Esta aborda y analiza la explicación que damos a nuestro propio comportamiento y al de los otros.

Se plantea que la conducta se atribuye a una entre dos causas: internas (rasgos propios de la persona que realizó el comportamiento, así como su motivación o personalidad) o externas (factores ajenos al individuo que ha actuado, como el contexto situacional o la intervención de terceros).

Por ejemplo, si una persona reflexiona: “Mi hijo es un buen estudiante debido a que lo he educado bien”, estará desde la teoría de la atribución causal de Heider atribuyendo la conducta a causas internas (él o ella han criado bien a su hijo, y por eso es un buen estudiante).

Sin embargo, si la reflexión fuera: “Mi hijo es un buen estudiante porque le ha tocado un buen curso donde los niños son colaborativos”, la causa se está atribuyendo a motivos externos (el niño tiene buenos compañeros de clase, y ellos hacen que se desempeñe bien como estudiante).

Sesgos en la teoría de la atribución

La teoría de Heider parte de la idea de que los seres humanos atribuimos a todo suceso una causa. Necesitamos explicar el por qué de las cosas en toda cuestión. Sin embargo, esta irremediable búsqueda de la causa del efecto hace que, en ocasiones, caigamos en falsedades. Estas conclusiones falsas a las que se llega en la atribución son denominadas sesgos, por cómo afectan la forma en que la realidad es percibida.

Se propone así que, en ocasiones, la búsqueda de un motivo hace que lleguemos a conclusiones erradas, de eso se tratan los sesgos. Son descriptos como instintivos, inmediatos. Es decir, no son intencionales, y quien los comete no tiene noción de estar sesgado, cree por contra estar percibiendo la realidad.

Los sesgos de atribución que se desarrollan en esta teoría son varios: el error de adjudicación final, el sesgo de atribución hostil, el sesgo de actor-observador, entre otros. Sin embargo, para los fines de este artículo nos enfocaremos en uno de estos errores en particular: el sesgo de autoservicio o sesgo por interés personal. Adentrémonos ahora en este y sus implicancias.

El sesgo de autoservicio

El sesgo de autoservicio es considerado una tendencia autofavorable ya que tiende al enaltecimiento del yo y la conservación de la autoestima. Se trata, nada más y nada menos, de la atribución propia de los éxitos y de la atribución a otro factor externo de los fracasos.

Veámoslo claramente en un ejemplo: un estudiante obtiene una buena nota, adjudica el resultado a su esfuerzo y determinación; en cambio, cuando obtiene un resultado no favorable, adjudica el motivo de este al docente, que no dio clases suficientemente buenas. Este sesgo lleva a la persona a distorsionar la realidad con tal de mantener una imagen favorable de sí mismo.

Esta errónea conclusión no se limita a un solo ámbito, pudiendo surgir en diferentes contextos o situaciones: desde relaciones interpersonales hasta el entorno laboral.

Heider destaca que las personas realizamos atribuciones en base a nuestras propias necesidades. Se concluye, entonces, que quien desarrolla un sesgo por interés personal tiene una necesidad: la de fortalecer o enaltecer su autoestima, por ello no aceptaría la posibilidad de adjudicarse un error o falta.

El sesgo de autoservicio lleva a las personas a percibirse favorablemente, descartando la posibilidad de atribuirse culpa por los resultados inesperados. En personas con autoestima sumamente baja, como aquellos que sufren depresión, jamás se manifestaría un sesgo egoísta, ya que prácticamente no tienen autoestima que proteger.

¿Por qué presentaríamos un sesgo egoísta?

Ya seguramente hayas podido llegar a alguna conclusión al respecto, pero ahora abordaremos qué motivos podrían llevar a alguien a desarrollar un sesgo egoísta como el sesgo de autoservicio.

Sin dudas, factores propios de la personalidad inciden en gran medida, favoreciendo o no uno de estos sesgos. En personas con una autoestima existente, aunque empobrecida, el sesgo de autoservicio será útil para poder fortalecer la autoestima restante y resguardarla.

Es común también que este sea aplicado por personas de una autoestima muy elevada, que no pueden concebir la posibilidad de haber cometido un error o no haber logrado algo que deseaban. En contraste, las personas que tienen una autoestima moderada, o aquellas que carecen prácticamente de ella (como el ejemplo de los pacientes depresivos que dimos previamente) no tenderán a explicar las causas de los acontecimientos a través de este sesgo.

Algunas modalidades de crianza, sobre todo aquellas en las que padres sumamente exigentes no inculcan a sus hijos la idea de poder aprender de sus errores, también pueden llevar a alguien a desarrollar esta clase de sesgo. Sería, en este caso, un reflejo de la negación de los padres a reconocer los errores de sus propios hijos.

El sesgo de autoservicio, un intento por resguardar la autoestima

La finalidad de este artículo ha sido la de revisar la teoría de atribución causal de Heider para lograr llegar a la explicación de los sesgos de atribución, puntualmente del sesgo de autoservicio.

Como habrás podido ver, las personas necesitamos atribuir a los sucesos causas para “dormir en paz” y resguardar nuestro bienestar. Sin embargo, en ocasiones podemos caer en errores de atribución, y de eso tratan los sesgos.

El sesgo de autoservicio es un intento por conservar la autoestima personal, impidiendo a quien lo desarrolla ver sus propios errores. Es importante, en estos casos, cambiar la perspectiva. Comprender que de los errores se aprende y son la oportunidad para lograr algo mejor, en cualquier aspecto de nuestras vidas.

Referencias bibliográficas

  • Hastie, R. (1984). Causes and effects of causal attribution. Journal of personality and social psychology, 46(1), 44.
  • Hewstone, M. (1989). Causal attribution: From cognitive processes to collective beliefs. Basil Blackwell.
  • Hewstone, M. (1990). The ‘ultimate attribution error’? A review of the literature on intergroup causal attribution. European journal of social psychology, 20(4), 311-335.
  • Kelley, H. H. (1973). The processes of causal attribution. American psychologist, 28(2), 107.

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