Responsabilidad afectiva

La responsabilidad afectiva

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La responsabilidad afectiva es el punto medio al considerar lo que los demás sienten y piensan y lo que nosotros pensamos y sentimos, sobre todo en lo que respecta a las relaciones afectivas.

Es decir, debe existir un balance entre lo que afecta a la otra persona y a nosotros mismos. Ello no equivale a anularnos.

En este término medio es que se habla de la responsabilidad afectiva, la cual se puede definir como la capacidad de ser conscientes de que lo que decimos y hacemos tiene un impacto en los otros.

En este post hablamos de:

La responsabilidad afectiva

Por medio de la responsabilidad afectiva es que la persona es capaz de manifestar o expresar sus emociones y necesidades, pero siempre siendo respetuosos con los demás.

Es decir, no solo se trata de ser responsable de los propios sentimientos y de cómo estos se expresan, sino que el concepto va mucho más allá, pues involucra un cuidado mutuo.

Un punto a aclarar es que la responsabilidad afectiva no quiere decir que la persona se debe hacer cargo de cómo los demás gestionan sus emociones. Pero, sí se debe considerar cómo cada uno reacciona ante las emociones de los otros.

Apuesta por la sinceridad

La responsabilidad afectiva significa cuidar del otro, a la mayor medida posible, no para evitarle un malestar, sino para tratar de que esa persona viva un sufrimiento que no es necesario.

Todo ello, sin olvidar de cómo nos sentimos cada uno de nosotros. Por ejemplo, si estamos en una relación que debe terminar, cuando esta noticia se comunica, no se puede evitar que la otra persona sienta dolor, pero sí podemos ser honestos y responsables.

¿Qué es y qué no es responsabilidad afectiva?

La responsabilidad afectiva es poder comunicar nuestras expectativas y sentimientos sobre una relación; tener una buena comunicación, sobre todo cuando se tocan puntos álgidos; colocar delante siempre el respeto; cuidarse de forma mutua y comprender que todas nuestras acciones tienen repercusiones sobre el otro.

Ahora bien, la responsabilidad afectiva no es ocultar lo que sentimos a la otra persona; ni invalidar sus emociones al impedirle que se exprese; tampoco se trata de incumplir los acuerdos que se han establecido, ni tener comportamientos que puedan hacer crecer ilusiones en la otra persona, sobre todo si no deseamos involucrarnos.

La responsabilidad afectiva tampoco se trata de que el otro adivine lo que necesitamos o sentimos.

Este es un término cuya compresión quizá sea más sencilla en el contexto de una situación de relación amorosa, sin embargo, también es válido para las relaciones familiares, laborales o con las amistades.

La responsabilidad afectiva se puede poner en práctica desde el inicio, pues, todos estamos en capacidad de analizar cómo sentimos los actos de los demás y de poder expresarlo de una manera asertiva. Solo así, la comunicación puede estar sustentada en el respeto mutuo y podemos tener relaciones saludables.

Cuando comenzamos a salir con una persona, por ejemplo, necesitamos poner en práctica la sinceridad, evitando ocultar información, así la otra persona también podrá decidir sobre el curso que desee que lleve dicha relación.

Para poder poner en práctica la responsabilidad afectiva es necesario trabajar la asertividad de base, solo así podremos decir qué deseamos, qué nos molesta, qué sentimos, entre otras, de una forma clara, honesta y directa.

Es imprescindible tener en cuenta que la relaciones van más allá de nosotros mismos, por lo que se debe cultivar la empatía y evitar el egoísmo.

Es un hecho que todos podemos cometer errores, pero el ser responsables afectivamente, nos permitirá asumir nuestra responsabilidad y estar en capacidad de pedir perdón, así como de perdonar al orto.

En conclusión, es importante ser responsables de nuestras propias emociones; esto quiere decir que se debe evitar culpar al otro por lo que nosotros estamos sintiendo.

De igual manera, crear una coherencia entre nuestros pensamientos, nuestras emociones, palabras y acciones, ya que podemos causar un daño innecesario a la otra persona si le llenamos de dudas o le hacemos sentir confundido.

El objetivo que busca la responsabilidad afectiva es el de construir vínculos con un sentido de mayor humanismo y de menos desigualdades.

Una buena forma de comenzar a construir relaciones con responsabilidad afectiva es por medio de establecer acuerdos, a través del diálogo, dejar claro qué está permitido y qué no.

Hablar con cuidado, con respeto, con empatía y con sinceridad, será la clave para llevar una relación afectiva con responsabilidad; sólo así podremos cuidar del otro y cuidar de nosotros mismos, siendo responsables de nuestros actos y asumir las consecuencias de lo que decimos y hacemos.

Siendo conscientes del daño que pudiésemos estar ocasionando a la otra persona y el deterioro que pudiésemos estar causando también a la relación, bien sea esta amorosa, amistosa, familiar o laboral.

Bibliografía:

  • López, M. (2019). Por una pedagogía del cuidado, el acuerdo y la responsabilidad afectiva. LATFEM Periodismo feminista, 8.
  • Garrido Maturano, A. E. (2011). Afectividad, responsividad y responsabilidad. Introducción a una arqueología de la vida afectiva y su significación ética a partir del pensamiento de E. Levinas.
  • Wojtyla, K. (2008). Amor y responsabilidad (Vol. 35). Palabra.

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