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Terapia de pareja: asumir la independencia

Tras casi la mitad de una década juntos, se dan cuenta de que la relación no es igual que aquella que imaginaban cuando empezó el romanticismo. Las leyendas, los mitos, historias, películas, cuentos,… todos nos relatan historias con finales felices a pesar de los obstáculos por los que tengan que pasar los enamorados.

Lo cierto es que estas pruebas son necesarias e inevitables, pero lo que quizás no sea tan real, es que todo termine tan felizmente en la misma casa y volviendo al mismo sistema que tenían antes: cuando eran felices.

Cuando una pareja llega a la consulta, por lo general su problema es la comunicación. Uno de los dos no entiende y el otro no sabe expresar. Esto ha llevado a que el intercambio de verbalizaciones en la relación se limite a temas triviales, sin ninguna importancia o valor para la relación.

Su última baza, generalmente para la mujer (en el caso de una relación heterosexual), es acudir a un tercero que organice y aclare sus pensamientos sobre lo que está viviendo. El hombre acude impulsado por su deseo de mantener a la mujer a su lado. Lo que ninguno de los dos saben es que pasará, lo que ellos realmente quieren que pase.

La labor del psicólogo en una mediación entre dos personas que antes estaban enamoradas, y entre las que ahora sólo los une un cariño inmenso, es devolver la imagen de la situación actual en la que se encuentran, las necesidades que no están siendo satisfechas por parte de los dos, y los medios que tienen cada uno para cambiarlo. Por lo tanto, el psicólogo sólo acompaña en el “Darse Cuenta” de cada uno. La decisión de merecimiento de continuación o no, es cosa de cada uno de los integrantes de la pareja.

Qué hacemos cuando nos enfrentamos cara a cara, en una terapia, para poner “solución” a nuestra actual situación:

– Concretar el problema que está creando tensión en la relación.

– Asumir parte de la responsabilidad de la situación.

– Crear una balanza con lo positivo que tiene la relación para nosotros, y lo negativo de ésta.

– Enseñar al otro las metas que tengo como persona, y las que persigo como pareja.

Enfrentarnos a esta situación nos hace darnos cuenta, de que se han mantenido durante muchos años, unas normas implícitas y tácitas que admitimos como reales, cuando realmente estamos imponiendo nuestra realidad al complejo de la relación.

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Asumir que somos dos personas independientes, cada una con nuestras necesidades, con nuestros sueños y nuestras metas. Cada una con un ideal de pareja, con una imagen concreta de lo qué es una familia. Estamos influidos por nuestra propia familia, de la que venimos, y lo que vivimos en ella. Influidos por nuestra niñez, nuestra etapa escolar, nuestra adolescencia y nuestras circunstancias vitales.

Aceptar que toda esta historia no es igual que la tuya, que viajamos en el mismo camino y en la misma dirección pero separados. Tú no tienes por qué llevarme en brazos y yo no tengo por qué dejarme coger. Los dos tenemos capacidad de decisión y de caminar solos.

Aceptar esto, facilitará el cambio, pero no garantizamos la felicidad de la vida en común. Quizás el camino no sea ese. Lo que sí se garantiza en una Terapia de pareja, es tomar una decisión seguro de lo que se hace, continuar juntos o continuar separados, pero continuar.


Recursos:
Manual de Terapia de Pareja (Biblioteca de Psicología)
Fuentes:
Imagen cortesía de HotBlack

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