Falacia de planificación

La falacia de planificación, cómo reconocerla y evitarla

Cuando planificamos, normalmente, imaginamos cuánto nos llevará finalizar una tarea. Ahora, ¿qué sucedería si te has comprometido a terminar una actividad para una fecha en particular y, sucede que, has subestimado su dificultad o extensión? En estos casos, quizás, alguien sobreestima sus capacidades, y cree que una tarea llevará menos tiempo del que objetivamente acaba por llevar. En Psicología a este fenómeno se lo conoce por falacia de planificación.

Estimar erróneamente el tiempo que pasaremos en el desarrollo de una tarea puede llevar a alguien a experimentar altos niveles de frustración y malestar. Por ese motivo, en este artículo nos adentraremos en las implicancias de la falacia de planificación, analizando por qué sucede y cómo puede evitarse.  

¿A qué se conoce por falacia de planificación?

El fenómeno conocido como falacia de planificación acontece cuando realizamos una estimación de cuánto tiempo nos llevará el desarrollo de un proyecto. Consiste en un sesgo cognitivo, lo que en Psicología implica una distorsión de la realidad.

Fue por primera vez enunciado por Daniel Kahneman y Amos Tversky para referirse a la subestimación del tiempo que deberá dedicarse al desarrollo de un plan o proyecto.

Lo más sorprendente de la falacia de planificación consiste en que, incluso sabiendo cuánto tiempo en el pasado tareas similares han llevado, las personas subestiman cuál será su duración igualmente. Este optimismo cegador los lleva a considerar que mucho menos tiempo habrá que dedicar a la tarea en cuestión.

La falacia de planificación es más usual de lo que crees. Seguramente es algo que te sucede en tu vida cotidiana: consideras que una actividad te tomará una determinada cantidad de horas, pero en la realidad las cosas resultan diferentes.

El problema surge cuando mediante este sesgo evaluamos la duración de proyectos a largo plazo, o de tareas que implican una determinada exigencia (como podría ser el tiempo que te llevará estudiar para un examen, o la cantidad de horas que deberás dedicarle a un importante proyecto de trabajo que debe ser presentado en una fecha en particular).

El estrés que podemos llegar a sufrir por sentirnos “al límite” en situaciones mal planificadas podría ser muy alto. Por eso evaluaremos ahora más características acerca de este fenómeno y cómo evitarlo.

¿Por qué se produce este sesgo?

Varios son los motivos que explican por qué se produce esta falla en la estimación temporal de una tarea. Revisaremos los principales, aquellos factores que generan la tendencia a subestimar el tiempo que una actividad llevará.

Un sesgo optimista

Por lo común las personas esperan (de forma distorsionada) resultados mejores por sus acciones que los que acaban por suceder. Al planificar, normalmente, este sesgo hace que se subestime el tiempo que tardaremos en resolver una tarea.

Sobreestima del propio desempeño

Cuando cometemos una falacia de planificación, por lo general, se produce una sobreestimación del desempeño propio. Es decir, puede que la persona esté considerando que tardará menos tiempo en realizar una actividad por considerar que sus capacidades le permitirán un alto rendimiento que, en la realidad, no acaba por suceder.

La ilusión y el deseo se apoderan del razonamiento

Esto sucede cuando la meta que debemos conseguir es anhelada, o su recompensa es subjetivamente importante para quien debe alcanzarla. Cuando es así, el deseo y la ilusión se apropian de la razón, sesgando la capacidad objetiva de pensamiento. Este se convierte así en otro de los motivos que podrían llevar a subestimar el tiempo que una tarea demandará.

Intentar demostrar algo a los demás

En muchos casos se produce una falacia de planificación cuando las personas intentan demostrar a otros algo, impresionarlos. Estos intentos de aprobación y validación acaban por hacer que alguien se comprometa en hacer cosas en menor tiempo de lo que realmente es capaz. En su optimismo, se convencen de que realmente lograrán cumplir los plazos, aunque luego, acaba por no ser así. 

Principales consecuencias de la falacia de planificación

La falacia de planificación hace que administremos mal los tiempos. Si se considera erróneamente el plazo que una tarea llevará, probablemente acabemos por desperdiciar momentos que podrían haberse aprovechado para avanzar o incluso terminemos por hacer las cosas a una velocidad mucho más acelerada, trabajando a contrarreloj.

El hecho de tener que trabajar más de lo que se había considerado en menos tiempo llevará a una persona a experimentar altos niveles de estrés, lo que podría derivar en estados ansiosos, incluso en ataques de pánico. Esto perjudicará tu salud emocional y podría impactar en su estado físico.

El reiterado acontecimiento de falacias de planificación puede gravemente comprometer la emocionalidad de alguien. Continuos errores de cálculo generarán frustración en quien debe presionarse para cumplir los tiempos pautados, por haber realizado una estimación equivocada.

Habrás podido ver que las consecuencias de la falacia de planificación pueden llegar a ser graves. La autoexigencia es peligrosa y, de no hacer algo al respecto por gestionarla acabarás, a la larga, por perjudicarte física y emocionalmente.

¿Qué puede hacerse para evitarla?

Para evitar la falacia de planificación el mejor consejo que podemos darte es que tengas presente, antes de comprometerte con una tarea o proyecto, cuánto tiempo te ha llevado en el pasado la realización de una actividad similar.

Por ejemplo, si tu jefe te pregunta si podrías tener listo para el día siguiente un informe, y tú sabes que la última vez que hiciste uno necesitaste de tres días para completarlo, piensa objetivamente y di que no, que necesitarás tres días para poder hacerlo bien.

Confiar en tus experiencias pasadas y guiarte por los resultados ya conocidos de tu potencial y capacidades te protegerá de falacias y posibles futuras frustraciones. 

Puede que te estés preguntando qué podrías hacer para evitar la falacia de planificación ante una actividad que nunca hayas realizado. En ese caso, lo mejor que puedes hacer (de ser posible) es no comprometerte con una fecha estimada de finalización, ya que no tienes referencia alguna acerca de cuánto podría demorar.

Si llegase el caso en que no comprometerse es imposible, entonces, no subestimes el tiempo que la tarea debería llevar. Dispón de un margen temporal considerable para poder hacerlo, así evitarás caer en este sesgo.

La falacia de planificación es usual, pero depende de ti evitar sus consecuencias y asegurarte contar con el tiempo suficiente para terminar una tarea. ¿Tú qué harías para evitarla?

Referencias bibliográficas

  • Buehler, R., Griffin, D., & Peetz, J. (2010). The planning fallacy: Cognitive, motivational, and social origins. In Advances in experimental social psychology (Vol. 43, pp. 1-62). Academic Press.
  • Buehler, R., Griffin, D., & Ross, M. (1994). Exploring the” planning fallacy”: Why people underestimate their task completion times. Journal of personality and social psychology, 67(3), 366.
  • Kruger, J., & Evans, M. (2004). If you don’t want to be late, enumerate: Unpacking reduces the planning fallacy. Journal of Experimental Social Psychology, 40(5), 586-598.

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