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¿Naciste así o te hiciste? Desmontando el mito de la personalidad inmutable

Quien eres tu
Jose Manuel Garrido

Mira a tu alrededor en la próxima fiesta. ¿Ves a esa persona que parece tener un imán, que se hace amigo de todo el mundo en cinco minutos, y piensas “ojalá tuviera yo esa chispa”? ¿O te has enfrentado a tu lista de tareas sintiendo un pánico absoluto, soñando con tener el superpoder de ese colega que lo organiza todo como si nada? ¿Estás harto de darle mil vueltas a cada pequeña cosa? Si has asentido con la cabeza, tranquilo, no eres un bicho raro.

Durante mucho tiempo nos hemos creído el cuento de que la personalidad es como una huella dactilar: única, inalterable y grabada a fuego desde que nacemos. El famoso “es que yo soy así” se ha convertido en la excusa universal para no cambiar, para no esforzarnos. Pero, ¿y si te dijera que toda esa idea se parece más a un mito que a la realidad?

Lo cierto es que la ciencia ha demostrado que tu personalidad se parece más a la arcilla que a una roca. Sí, claro que tiene una forma, pero con intención y las herramientas adecuadas, puedes moldearla. Así que agárrate, que vamos a desmontar uno de los mitos más grandes de la psicología.

Tu personalidad es un proyecto en construcción

Muy bien, ¿qué dice la ciencia ahora mismo? Pues dice cosas muy, muy interesantes.

La buena noticia: mejoras con los años (aunque no hagas nada). Lo creas o no, la mayoría de nosotros, sin proponérnoslo, nos volvemos mejores personas con la edad. Estudios a gran escala demuestran que con los años tendemos a ser más amables, más responsables y más estables emocionalmente. O sea, que ese adolescente lleno de angustia que fuiste no tiene por qué ser tu condena.

Cuando la vida te pega una sacudida. Los grandes cambios vitales son auténticos terremotos para nuestra personalidad. Casarte, tener un hijo, mudarte de país, superar una enfermedad… Estos momentos te obligan a adaptarte, a desarrollar habilidades que no sabías que tenías y, al final, a redefinir quién eres.

El poder de decidir quién quieres ser. Y aquí viene lo mejor: puedes cambiar de forma intencionada. Terapias como la Cognitivo-Conductual (TCC) llevan décadas demostrando que se puede reducir la ansiedad, vencer la timidez o gestionar la ira. Y no hace falta ir a terapia. Se ha visto que ponerte pequeñas metas, como “esta semana voy a empezar yo una conversación con un desconocido”, puede aumentar tu extraversión. Piensa en los “5 Grandes” rasgos de la personalidad (Apertura, Responsabilidad, Extraversión, Amabilidad y Neuroticismo) como si fueran los mandos de una mesa de mezclas. Puedes subir y bajar el volumen de cada uno, poco a poco.

El salseo: Las grandes peleas de la psicología

Como en toda buena historia, aquí también hay debates que llevan décadas sobre la mesa.

¿Los genes o la vida? El eterno combate. ¿Somos como somos por nuestro ADN o por lo que vivimos? La respuesta, para no variar, es que no es ni blanco ni negro: es una mezcla de las dos cosas. Tus genes pueden darte una predisposición a ser más introvertido, por ejemplo, pero tus experiencias vitales (tus padres, tus amigos, tus trabajos) determinarán si acabas siendo un ermitaño o una persona tranquila a la que le gusta su gente.

¿Eres el mismo en el curro que de cañas? Piénsalo. ¿Te comportas igual en una entrevista de trabajo que tomando algo con tus colegas? Obviamente no. Este debate lo puso sobre la mesa el psicólogo Walter Mischel, y la conclusión es que, aunque tenemos una “base” estable, la situación en la que nos encontramos tiene un poder brutal para cambiar cómo actuamos. Somos estables y flexibles a la vez.

Pero… ¿esto se puede medir de verdad? Este es el gran reto. ¿Cómo pones un número a la amabilidad de alguien? La mayoría de las veces se usan cuestionarios, pero todos sabemos que no somos del todo objetivos con nosotros mismos. Medir la personalidad no es tan sencillo como pesarse en una báscula, y la ciencia sigue buscando formas de hacerlo cada vez mejor.

El futuro ya está aquí: Apps, neurociencia y tu “Yo” 2.0

Si todo esto te parece potente, prepárate, porque lo que viene es alucinante.

Un entrenador personal en tu móvil. Ya hay aplicaciones diseñadas para ayudarte a cambiar. Usan los mismos principios que la terapia para proponerte pequeños retos diarios, ayudándote a crear nuevos hábitos que, con el tiempo, pueden modificar rasgos de tu personalidad.

El secreto está en tu cerebro: la neuroplasticidad. Hay un concepto de la neurociencia que lo cambia todo: la neuroplasticidad. Es la increíble capacidad del cerebro para reorganizarse, para crear nuevas conexiones entre neuronas a lo largo de toda nuestra vida. Cada vez que aprendes algo, creas un hábito nuevo o cambias tu forma de pensar, estás, literalmente, recableando tu cerebro. Es la prueba física, biológica, de que cambiar no es una fantasía de autoayuda.

Un plan de cambio solo para ti. El futuro no es un “café para todos”. La psicología se mueve hacia intervenciones totalmente personalizadas. Imagina programas, quizá diseñados con ayuda de IA, que analicen tus rasgos, tus metas y tu vida para crear un plan de cambio a tu medida.

No eres una sentencia, eres una historia

Si hay algo con lo que quiero que te quedes de todo este rollo, es esto: tu personalidad no es tu destino. No es una condena grabada en piedra el día que naciste. Es más bien una historia fascinante que estás escribiendo y reescribiendo cada día con tus decisiones, tus hábitos y tu manera de ver el mundo.

Tienes muchísimo más poder sobre quién eres de lo que siempre has creído. Cambiar no es un milagro que ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso, a veces lento, a veces jodido, pero siempre, siempre, es posible. Y cada pequeño paso que das importa.

Así que ahora te pregunto a ti: ¿qué pequeño rasgo de tu personalidad te gustaría empezar a trabajar desde hoy? ¡Anímate y cuéntalo en los comentarios!

Referencias Bibliográficas

Aquí te dejo algunos de los estudios clave que respaldan todo lo que hemos hablado, por si te apetece bucear en la ciencia que hay detrás. Lamentablemente siguen siendo en inglés, pero eso no debería ser un problema.

  • Hudson, N. W., & Fraley, R. C. (2015). Volitional personality trait change: Can people choose to change their personality traits? Journal of Personality and Social Psychology, 109(3), 490–507. https://doi.org/10.1037/pspp0000021
    • Este estudio explora si las personas pueden cambiar sus rasgos de personalidad de forma intencionada a través de la consecución de metas.
  • Roberts, B. W., Luo, J., Briley, D. A., Chow, P. I., Su, R., & Hill, P. L. (2017). A systematic review of personality trait change through intervention. Psychological Bulletin, 143(2), 117–141. https://doi.org/10.1037/bul0000088
    • Un meta-análisis fundamental que revisa cientos de estudios y concluye que las intervenciones terapéuticas pueden producir cambios significativos y duraderos en los rasgos de personalidad.
  • Roberts, B. W., Walton, K. E., & Viechtbauer, W. (2006). Patterns of mean-level change in personality traits across the life course: A meta-analysis of longitudinal studies. Psychological Bulletin, 132(1), 1–25. https://doi.org/10.1037/0033-2909.132.1.1
    • La investigación de referencia sobre el “Principio de la Madurez”, que demuestra cómo nuestros rasgos de personalidad tienden a cambiar de forma positiva a medida que envejecemos.
  • Dweck, C. S. (2006). Mindset: The new psychology of success. Random House.
    • Aunque no es un “paper” científico, el trabajo de la Dra. Carol Dweck sobre la mentalidad de crecimiento (“growth mindset”) es fundamental para entender la base psicológica que nos permite creer en nuestra capacidad de cambio y desarrollo.

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