Sesgo binario

Sesgo binario, el error adaptativo de pensar en blanco o negro

La capacidad de juicio humana en muchas ocasiones se ve alejada de la objetividad. Y, los sesgos cognitivos son uno de los factores que ocasionan problemas al momento del razonamiento. En este artículo nos enfocaremos en una clase de sesgo de la razón en particular, el sesgo binario. Quédate leyendo si quieres descubrir más acerca de él y lo que implica.

Sesgos cognitivos, qué son

Por sesgo cognitivo se comprende un conjunto de fenómenos que consisten, dicho sencillamente, en una distorsión del pensamiento. Como es de esperar, las distorsiones al pensar que los sesgos producen hacen que caigamos en la producción de juicios inexactos o interpretaciones ilógicas de la realidad.

Estudios evolucionistas han identificado a los sesgos cognitivos como mecanismos adquiridos durante la evolución humana. Estos habrían dado la posibilidad de tomar decisiones más veloces cuando es necesario, ante estímulos que ponen la vida en riesgo.

Sin embargo, por fuera de esta útil aplicación que se les puede atribuir, los sesgos de este estilo pueden resultar perjudiciales respecto a la capacidad de juicio y razonamiento que tienden a nublar. Llevan los sesgos, en la mayoría de los casos, a la toma de decisiones erróneas o perjudiciales.

Existen sesgos cognitivos de diferentes clases. Entre ellos podríamos mencionar el sesgo retrospectivo, de autoservicio, de falso consenso y, en el que hoy puntualmente nos enfocaremos, el sesgo binario.

¿Por qué se produce un sesgo?

Como ya hemos referido, los sesgos cognitivos han surgido por trabajo de la evolución, para permitir a la especie humana adaptarse y decidir rápidamente en aquellas situaciones en que su vida corre peligro. Sin embargo, los sesgos también se ven afectados por otros condicionantes, determinados socialmente.

Así, la tendencia personal hacia un sesgo cognitivo en particular puede estar dada por la cultura en que una persona está inserta, por influencia social, por ideales éticos y morales, entre otras causas propias de la condición social de los seres humanos.

También cuestiones propiamente cognitivas y personales pueden incidir en la generación de un sesgo, así como problemas en la codificación y recuperación de recuerdo (lo que implica un mal funcionamiento de la memoria).

Sesgo binario, ¿qué implica?

Retomando la explicación acerca de los sesgos, hoy nos enfocaremos en particular en el sesgo binario. Este implica una economización del pensamiento. Es decir, se produce por un intento de aceleración del razonamiento, a fin de arribar a conclusiones y decidir rápidamente.

Similar a lo que planteábamos antes acerca de los sesgos como ventaja evolutiva, ¿verdad? Pues bien, esto podía resultar útil a nuestros antepasados, pero hoy en día la realidad es otra, y el sesgo binario sigue imponiéndose en muchas ocasiones a nuestro juicio.

Ahora bien, lo que el sesgo binario implica en sí es un reordenamiento de la información que procesamos en sólo dos posibilidades. Este economiza la información que recibimos, dando como resultado dos opciones entre las que elegir.

Por ejemplo, alguien con este sesgo piensa siempre en términos de extremos: solo se relaciona con otros con sentimientos de amor u odio; piensa que las personas son o buenas o malas; ve solo éxitos o fracasos. Es decir, alguien así razona en términos de blanco o negro, dejando de lado todos los puntos intermedios en la escala de grises.

El sesgo binario, como podrán ver, acota realmente nuestra posibilidad de razonamiento y de decisión. Impide la capacidad de encontrar alternativas entre las que decidir más allá de los dos extremos que inicialmente se plantan.

Además, a quien recurrentemente razona de esta manera dicotómica, acaba por nublarle su posibilidad de imaginación y creatividad, ya que siempre terminan por quedarse entre las dos primeras posibilidades que se le presentaron.

Podemos, resumidamente, definir al sesgo binario como la tendencia a la imposición de dos categorías, cuando en realidad la mayoría de las circunstancias que se nos presentan están dentro de un continuo de posibilidades entre las que elegir.

La principal desventaja de este sesgo es la de reducir nuestra posibilidad de decisión a simplemente dos factores, cuando podríamos ampliar el panorama, y mucho.

Dejar de caer en sesgos binarios, cómo hacerlo

Para dejar de aplicar el sesgo binario y ampliar tu posibilidad de juicio y razonamiento, deberás cambiar tu modo cotidiano de pensar. Del normal pensamiento dicotómico con el que te riges, deberás pasar a optar por uno flexible, acorde a las circunstancias y, sobre todo, crítico.

Pensar en términos absolutos, a la larga, hará que tus elecciones (desde las más superficiales a las más cruciales) se acoten a un espectro muy limitado. No solo te limitará el juicio, sino la posibilidad de decisión en general, restringiendo tu criterio a tan solo dos extremos.

Si eres una persona que normalmente ve todo en términos extremistas, antes de tomar una decisión, piénsalo un rato. Será una tarea difícil, ya que tendrás que reestructurar tu razonamiento corriente para poder pensar más allá de la dicotomía que normalmente se te planta. En ocasiones, pedir el consejo de alguien más será muy útil para lograr hacerte una idea de lo que no estás visualizando.

Practica tu curiosidad, sé crítico, no tomes decisiones impulsivas y escucha las voces de los demás. De esta forma, poco a poco, lograrás dejar la dicotomía detrás. En ti queda decidirte a hacerlo.

Nuestra mente es extremadamente compleja y los sesgos cognitivos son una clara muestra de ello. No permitas que reduzcan tu capacidad de juicio, libera tus ojos y comienza a apreciar el amplio panorama que se presenta ante ti.

Referencias bibliográficas

  • Cortada de Kohan, N., & Macbeth, G. (2006). Los sesgos cognitivos en la toma de decisiones.
  • Fisher, M., & Keil, F. C. (2018). The binary bias: A systematic distortion in the integration of information. Psychological Science, 29, 1846-1858.
  • Van Deemter, K. (2010). Not exactly: In praise of vagueness. Oxford: Oxford University Press.

Autoría

El presente artículo ha sido escrito para Psicopedia por María Laura Iuzzolino

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