Compasión

La compasión, mucho más que empatía

La compasión es una respuesta emocional que surge frente al sufrimiento, el dolor y el malestar del otro. El sufrimiento no siempre implica respuestas negativas, sino que en muchos casos se observan aspectos loables, como el amor, la ayuda y la comprensión que se despierta en otras personas.

¿Qué lleva a una persona a demostrar tales respuestas positivas ante un hecho trágico? La psicología lleva años tratando de comprender cómo algunos seres humanos se pueden llegar a sentir conmovidos ante el sufrimiento ajeno.

¿Qué es la compasión?

Cuando se reconoce el sufrimiento ajeno comienzan a aflorar sentimientos de amor, calidez y empatía hacia quien sufre, lo cual motiva a tratar de aliviar el sufrimiento del otro.

La compasión es diferente a la lástima, pues no implica una indulgencia excesiva, sino en el deseo de querer aliviar el sufrimiento de alguien más. Este tipo de respuesta está basada en el amor.

La palabra compasión significa sufrir de manera conjunta. Es un sentimiento que mueve a ayudar a la otra persona para que mitigue su dolor.

Se le podría considerar como una capacidad para empatizar con el dolor ajeno, pese a que la compasión abarca mucho más. Pues, si bien en la empatía y en la compasión hay una identificación con los sentimientos del otro, la compasión va acompañada de una intencionalidad para terminar el sufrimiento ajeno.

Hay muchas formas en las que la compasión se manifiesta, como cuando se acompaña a alguien que atraviesa una enfermedad, se le apoya cuando hay una dificultad en el aprendizaje e incluso cuando se presta ayuda económica.

La compasión tiene como sinónimos la solidaridad, el altruismo, la caridad, la piedad, la conmiseración, la clemencia y la humanidad. Lo contrario a ella es la indiferencia o la insensibilidad.

No se trata de un sentimiento religioso –pese a que está presente en la base de muchas religiones-, sino que también puede acompañar a las personas laicas, lo cual es muy interesante, ya que no se trata de un concepto restringido, sino de una capacidad íntimamente humana.

La palabra compasión deriva del griego sympatheia, la cual se traduce como simpatía, y del latín cumpassio, que resalta la sensación de tristeza

La compasión está relacionada con otros valores, tales como la tolerancia, la solidaridad, es decir, el adherirse a una causa sin esperar un beneficio personal, y la amabilidad.

La compasión se puede cultivar entrenando la mente y desarrollando habilidades al momento de relacionarse con los demás; también, se deben elegir pensamientos y acciones que sean compasivas, pese a que se considera que la compasión es una capacidad natural en los seres humanos.

Beneficios de ser compasivo

Al sentir compasión por otras personas y compartir su sufrimiento, la tendencia es a ser personas más sensibles que:

  • Desarrollan empatía: al colocarse en el lugar de la otra persona, identificándose con sus sentimientos.
  • Tienen más sentimientos positivos: tales como la amabilidad, el amor, la bondad y el afecto.
  • Siente menos egoísmo: al preocuparse por los sentimientos ajenos, pues los propios quedan relegados a un segundo plano por ese instante.
  • Se preocupan menos por cosas banales: algunas personas se preocupan por aspectos que no son relevantes, pero cuando se compadecen de los demás se dan cuenta que aquello que causaba preocupación no es tan importante, por lo que se dejan de centrar en esos problemas que no son tan significativos. Esto se debe a que los problemas ajenos brindan una perspectiva diferente a los propios.
  • Son más humildes: aceptando que no son perfectos y que todos tenemos limitaciones, pero en lugar de hacer de ello un centro, hay una entrega hacia las necesidades de los demás.

La compasión no es sinónimo de pena. Cuando una persona siente pena de alguien más es porque, al imaginarse en esa situación, no desearía ocupar ese lugar. Pero la compasión no es pena, sino que se orienta a prestar ayuda para que el otro sufra menos, o no sufra en absoluto.

El equilibrio en la compasión

Sin embargo, se debe tener presente que la compasión se pudiese convertir en un aspecto negativo si la persona se descuida a sí misma por atender a los demás, por lo que debería existir un cierto equilibrio.

En realidad, para prestar ayuda a los demás es idóneo que la persona que atiende se encuentre bien.

Una práctica que ayuda a regular la compasión es la meditación, la cual lleva a prestar atención a los asuntos que son verdaderamente importantes, sin descuidar el amor y el cuidado propio.

La compasión también se puede desarrollar por medio de terapias específicas, como la propuesta por Paul Gilbert, conocida como la Terapia Focalizada en la Compasión (CFT).

Por último, cabe destacar que algunas muestras o ejemplos de compasión se pueden reflejar cuando se le da comida a una persona que lo necesita, se cuida a una mascota abandonada, se acompaña a un amigo o familiar que está triste, se colabora con causas sociales, acompañar a las personas mayores, consolar a un pequeño que se cayó, dar agua al sediento, visitar a quienes han vivido una tragedia, acompañar en un duelo, ayudar a refugiados, entre otros.

La compasión es una capacidad muy útil para la supervivencia del ser humano. Si bien muchas veces no basta para eliminar por completo el sufrimiento del otro, sí puede ayudar a que las cargas sean más llevaderas o soportables.

Bibliografía

  • García-Campayo, J., & Demarzo, M. (2015). Mindfulness y compasión. La nueva revolución. Barcelona: Siglantana.
  • Lama, D., & Hill, T. (2004). El arte de la compasión. Litografia Rosés.
  • Gilbert, P. (2014). Terapia centrada en la compasión. Editorial Desclée de Brouwer.

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