Tomar decisiones

El lado oculto de tus decisiones

Se dice que necesitamos aprender a manejar nuestras emociones, a entablar charlas enriquecedoras y practicar cientos de competencias que servirán en el futuro. Pero yo me pregunto si estaremos incluyendo la enseñanza base para nuestras vidas: «la toma de decisiones».

Enseñarnos esta habilidad desde jóvenes ahorraría cientos de horas en terapia y litros de lágrimas innecesarias.

Te has preguntado en algún momento, cómo tus decisiones están guiando tu camino y hacia qué lugares estás transitando, siendo mando o solo seguidor. Cada paso que das, es una decisión, consciente o inconsciente, pero estas decidiendo.

Decir no, implica si a otra cosa.

Decir si, implica no a otra cosa.

Hacer un inventario de las decisiones que has tomado hasta el momento, es un gran comienzo para replantear los pasos en tu vida, así como también extraer el mayor jugo y aprendizaje posible de los recorridos ocupados hasta este preciso instante.

Grandes o pequeños resultados manifiestos al día de hoy son referencia directa de aquellas elecciones abrazadas en el tiempo, que probablemente algunas carecen de consciencia propia, pues se tomaron sin estar “presentes”.

Tomar una decisión sin consciencia no es fruto de irresponsabilidad o descuido, muchas veces, sino es que la mayoría, ocurre porque estamos tan enfrascados en resolver lo inmediato que perdemos el rumbo de lo futuro.

Echa mente y piensa cuantos caminos has recorrido sin ser plenamente consciente de que tu tomaste la decisión, o de que era la mejor opción disponible tomando el tiempo necesario para reflexionar y accionar.

Otras veces creemos tener el control de nuestra vida y elegimos rumbos diametralmente opuestos a lo que era nuestro actuar en ese momento, buena  o mala decisión no lo se, lo que si se, es que hasta que nos topamos con pared, es que podemos entender estas situaciones.

“La pared” metafóricamente, es la herramienta madre para que paremos con todo y hagamos caso de las señales que recorren junto con nosotros cada respiro. Ser consciente es una tarea compleja y algunos textos dicen, poco probable que ocurra en una vida tan ajetreada y neurótica.

Urge un alto completamente, urge replantear para distanciarnos de todo y observar desde diferentes miradas nuestra vida y nuestro entorno, solo de esta manera podremos encontrar y comprender inconsistencias del caminar diario.

Ten una conversación de riesgo con esa o esas personas de las que necesitas aprender.

Ten un acercamiento diferente con las problemáticas de tu vida.

Ten uno o varios momentos a solas, aprende a estar en silencio.

Si sientes que tu cabeza esta revuelta y no logras entender nada, simplemente ve a una papelería o busca entre tus cosas una libreta y algo con que escribir, no tienes idea de lo sanador que es escribir sin sentido, sin objetivo y simplemente para liberar tu mente y tu corazón. Hazlo diario, hazlo cuando sientas y hazlo sin un objetivo en mente.

Al día de hoy si llevaras un contador de decisiones, es posible que sean miles de millones, unas buenas, unas malas, unas mejor ni nombrarlas pues te han llevado de mal en peor, pero detrás de estas decisiones se encuentran infinidad de señales y aprendizajes que pueden nutrir el presente enormemente.

Orientando tu destino con cimientos firmes, pues conectar los puntos de porque y para que sucedieron cosas en tu pasado, darán fortaleza a tus pasos hacia el futuro, recordando que ciertas elecciones te han llevado a donde estas y te convierten en suma, en la persona que hoy vive y siente.

Hace unos seis años inicié algunos cambios importantes en mi vida adulta, siendo honesto no tenía idea de muchas cosas, simplemente me deje llevar por impulso, por emoción y sin una meta objetiva, comencé una transición hacia “quien sabe donde”.

Durante mi vida profesional de aquel entonces amasé algo de dinero, experiencias, vivencias y ciertos objetos que suponía debían ser parte de una buena vida. En este mismo rumbo me encontré con algunos libros y ciertas premisas que otros viajeros fueron dejando.

Sin saberlo, comenzaba una búsqueda de mi identidad y de entender el por que y para que de muchas cosas. Acompañándome de cerca estuvieron también la tristeza y la depresión. Me aislé de grupos, de la familia e incluso de mi, hasta llegar el punto de no saber quien era. Claro que sabía mi nombre, pero no conocía que había dentro.

Este proceso de reencontrarme y transicionar, me llevo de las lágrimas de tristeza profunda a lágrimas de sanación. Entender las crisis existenciales como ajustes de vida, nos develan un molde acerca del cómo transitar en esta experiencia prestada.

Sin necesidad de profundizar en esta vivencia, está claro, que “decidí” cientos de veces, elegí caminos que no fue sino hasta hoy que entiendo para que ocurrieron. Aunque de haberse atravesado una pared con anticipación, habría sucesos que me pude ahorrar. No fue y no me arrepiento. Pero si de algo puede apoyar esta experiencia, te recomiendo lo siguiente:

  • Dedica tiempo a la reflexión
  • Dedica tiempo para recordar, aún aquellas situaciones malas
  • Dedica tiempo para extraer aprendizaje del pasado
  • Dedica tiempo para planear, aunque ello no debe limitar tus acciones
  • Dedica tiempo para caminar
  • Dedica tiempo para ejercitarte
  • Dedica tiempo para compartir
  • Dedica tiempo para conversar
  • Dedica tiempo para escuchar
  • Dedica tiempo para ser
  • Dedica tiempo para hacer
  • Dedica tiempo para vivir
  • Dedica tiempo para observar
  • Dedica tiempo al silencio
  • Dedica tiempo a la soledad

Ninguna decisión en tu vida, fue buena o mala, simplemente son elecciones necesarios para construirte en quien hoy eres. Tu obligación es usarlas como punto cardinal y no como “acordeón escolar”.

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