Comunicación No Violenta

Comunicación No Violenta. Más allá del “bueno” y el “malo”

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Comunicarse puede parecernos algo sencillo. Al fin y al cabo, el ser humano, igual que otras especies sociales, basa esa sociabilidad en la comunicación. Es algo que las personas hacemos desde antes, incluso, de empezar a dominar el arte del lenguaje.

Porque, de hecho, comunicarse no es simplemente hablar. Un gesto, una mirada, una no-respuesta… con todo ese lenguaje no verbal (como se conoce a esta manera de hablar sin palabras) también nos comunicamos.

El problema es que, esa comunicación, ya sea verbal o no verbal, puede ser violenta. De hecho, desgraciadamente, cada vez tenemos más dificultades con nuestra manera de comunicarnos. Cuando aparece el juicio, la crítica, la culpa y la incapacidad de ponerse en el lugar del otro, expresarnos de una forma no violenta se convierte en misión imposible.

Pero hay otra manera de entender y enfocar el cómo nos comunicamos. Una manera en la que se cuida a las personas a las que nos dirigimos, más allá, incluso, de que queramos transmitir algo que sabemos que probablemente no le guste.

Porque la comunicación sin violencia no se trata de que no nos expresemos, se trata de que lo hagamos de una forma en la que nuestro interlocutor se sienta cuidado, comprendido y tratado con consideración.

Y esto, aunque parezca imposible, se puede hacer!!

Marshall Rosenberg y la Comunicación No Violenta

Fue durante los años 60 cuando Marshall Rosenberg, psicólogo norteamericano que estudió con el psicólogo humanista Carl Rogers, cansado de ver (y vivenciar en primera persona) diferentes conflictos relacionales, empezó a dar forma a lo que denominó Comunicación No Violenta.

En 1984 fundó el Centro de Comunicación No Violenta, organización sin ánimo de lucro que, en la actualidad, sigue en funcionamiento.

Como él mismo dice en su libro Comunicación no violenta. Un lenguaje de vida (Ver aquí), la Comunicación No violenta (CNV, a partir de este momento) “se basa en unas habilidades del lenguaje y la comunicación que refuerzan nuestra capacidad para conservar nuestra humanidad, incluso en las condiciones más difíciles”.

Pero, ¿es esto posible? Y otra duda más: ¿es algo sencillo?

La primera pregunta puede ser respondida con un rápido y rotundo . Simplemente hay que modificar un poco nuestra manera de comportarnos. Se trata de saber observar, escuchar y, sobretodo, observarnos y escucharnos a nosotros mismos, para poder identificar qué nos sucede en cada momento.

La segunda pregunta no tiene una respuesta tan rotunda. No porque no sea fácil. De hecho, el esquema de la CNV es muy simple. Pero, dado que no estamos acostumbrados a relacionarnos así, ni con los demás ni con nosotros mismos, estaríamos hablando, entonces, de una simplicidad bastante compleja.

Desgranemos cómo es este esquema tan sencillo como complicado.

Los componentes de la Comunicación No Violenta

Para Rosenberg la CNV está formada por 4 componentes:

1. Observación

El primer componente, ya para empezar, tiene su miga. Se trata de poder ver esa situación que nos ha molestado de una forma neutra. Sin entrar en valoraciones, sin juzgarla.

Puede parecer que no tiene sentido, pero, si lo pensamos detenidamente, por ejemplo, yo puedo enfadarme muchísimo por que alguien con quien he quedado llegue tarde (resulta que no soporto la impuntualidad). Pero, puede darse el caso de que la misma situación, el mismo plantón impuntual, a otra persona no le moleste porque aprovecha y lee un rato mientras espera.

Por lo tanto, no es el hecho en concreto lo que produce el malestar, es como lo vivimos cada uno de nosotros. Cómo lo interpretamos. Así que, hacer el esfuerzo de ver sólo el hecho, sin añadirle valoración alguna, ya es un primer gran paso para interpretar las cosas desde otro punto.

2. Sentimiento

Ahora sí. Ahora toca ver qué es lo que me ha provocado a mí esa situación en concreto, que ya hemos podido ver de forma neutra.

Se trata de que seamos capaces de identificar nuestros propios sentimientos. Esto es difícil porque, pese a la inmensa variedad léxica de palabras que describen sentimientos que tiene nuestro idioma, estamos muy poco acostumbrados a hablar de ellos. Ni nos resulta cómodo, ni sabemos nombrar muchos más que los clásicos triste, contento o enfadado.

Por suerte la lista es larga (de sinónimos el castellano va sobrado), y solo se trata de trabajar un poco en ella. Al principio, como todo en esta vida, nos resultará difícil. Especialmente porque descubriremos que muchos de lo que consideramos sentimientos, no lo son exactamente. Rosenberg nos habla de los falsos sentimientos: aquellos que hacemos depender de la otra persona.

Dominar todo el vocabulario de sentimientos, sabiendo descartar esas palabras que, en realidad, no son sentimientos, aunque nos resulte cómodo nombrarlos como tal, no tarea fácil, pero poco a poco iremos cogiendo práctica.

En este paso ya podemos comprobar como una situación cualquiera, nos ha despertado unos sentimientos en concreto.

3. Necesidades

Si tener un vocabulario de sentimientos no es tarea fácil, lograr dominar el de necesidades todavía puede ser más complicado. Todos tenemos necesidades. Desde las más obvias como comer, descansar, respirar… hasta las más complejas como amor, apoyo, conexión, relajación

Para Marshall Rosenberg, aparte de las necesidades de nutrición física o subsistencia (esas más obvias que todos tenemos claro que necesitamos), también tenemos otras necesidades que agrupa en los siguientes puntos:

  • Celebración,
  • Interdependencia,
  • Espiritualidad,
  • Juego,
  • Integridad…

El objetivo radica en poder descubrir qué necesidades no están siendo satisfechas. A qué no se ha dado respuesta para que una situación (o frase) cualquiera nos haya disparado toda esa serie de sentimientos que antes hemos visto.

Es complicado porque, especialmente al principio cuando no tenemos mucha soltura en este tema, requiere vernos a nosotros mismos de una manera más profunda. Ya no se trata de esa linealidad de “alguien ha hecho algo que me ha hecho daño” sino que se profundiza a nivel personal e interno, para buscar esa clave de “qué me sucede a mi para que tal cosa me haya activado”.

No se trata de negar que alguien haya podido hacer algo doloroso, pero de esta forma, Rosenberg encuentra una vía para que seamos capaces de resolver los conflictos, más allá de echar las culpas en el otro. Puedo llegar a entender qué me pasa a mí con eso, y así puedo dirigirme a la situación y/o la persona de una forma constructiva y sin violencia.

4. Petición

Una vez hecho todo el proceso anterior, ya se está capacitado para decirle a la otra persona lo que quieres que haga. Lo que quieres de ella. Pedir lo que necesitarías que la otra persona haga para satisfacer esas necesidades que no estaban siendo satisfechas hasta ese momento.

La mayor dificultad de este punto es que no es sencillo diferenciar la petición de la exigencia. Cuando pedimos, se nos escucha. Cuando exigimos, la persona se cierra. Es importante tener esto en cuenta, para realmente hablar de una manera no violenta.

Pilar de la Torre aconseja preguntarse ¿para qué quiero decir esto? ¿qué es lo que quiero de los demás como retorno? Responderte a estas preguntas primero, facilitará, sin duda, la conversación con la otra persona después.

Con la CNV dejamos de depender de los demás, para ser nosotros los que tenemos las riendas en la interpretación de los que nos ocurre con los demás y en el cómo decidimos afrontarlo de manera constructiva.

Pero requiere vernos y ver a los demás de una forma en la que no estamos acostumbrados. Requiere saber escuchar (recomendable este vídeo de Victor Küppers), algo a lo que estamos menos acostumbrados aún, y saber escucharnos.

Pero una vez que se logra dominar, se descubre una forma de relacionarse desde la empatía y la compasión, completamente libre de juicios y que nos proporciona una gran libertad personal.

Acabaremos con una reflexión de Marshall Rosenberg que, a mi entender, resume bien el significado de la CNV: “¿Qué prefieres, tener razón o ser feliz? Las dos cosas a la vez no son posibles”.

Cómo usar la comunicación no violenta en tu vida. Pilar de la Torre, psicóloga

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