Hijo único

El mito del hijo único

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En el presente artículo nos ocuparemos de desentrañar algunas cuestiones controvertidas acerca del llamado “mito del hijo único”.

Según este mito, existe la creencia de que aquellos hijos que son criados sin hermanos, tienden a comportarse de un modo más egoísta, llegando a mostrar en la adultez algunos rasgos de tipo narcisista.

Asimismo, desde hace años se ha pensado que el hecho de que un pequeño no tenga hermanos le hace adolecer de habilidades para relacionarse, teniendo verdaderas dificultades para hacer amigos. Finalmente, muchos estudios han asegurado que su condición de único hijo le haría vivir una profunda soledad.

Considerando todo lo anterior, en la historia reciente algunos psicólogos de reconocido prestigio de la talla de Stanley Hall, hacían pensar que ser hijo único era un error, llegando a considerarlo “una enfermedad en sí misma”.

Hoy queremos preguntarnos: ¿Hasta qué punto es todo esto cierto? ¿Cómo de negativo resulta que un hijo sea criado sin figuras fraternales? ¿Hay diferencias importantes al respecto?.

Desmontando un mito

A lo largo de los últimos veinte años se han venido desarrollando una serie de investigaciones para tratar de arrojar luz acerca de este asunto. En concreto, un estudio bastante reciente realizado en Alemania parece desmentir algunos de los estereotipos anteriormente mencionados.

En particular, gracias a él se pudo observar que de entre una muestra de unos dos mil adultos que habían sido hijos únicos y a los que se les había realizado un seguimiento, no aparecían rasgos narcisistas significativos en relación a las personas que habían sido criadas con hermanos.

En posteriores investigaciones se ha puesto de manifiesto que los adultos que habían sido hijos únicos mostraban similares niveles de madurez, extraversión, capacidad de cooperación o liderazgo.

Como nota curiosa, cabe mencionar que sus niveles de motivación y capacidad de adaptación eran incluso superiores a las de aquellos que sí tenían hermanos.

Estos datos nos hacen pensar que quizá sea necesario tomar con cautela aquellos prejuicios o creencias populares acerca de lo perjudicial que resulta tener un solo hijo.

Mismo número de amigos, misma salud mental, mayor creatividad e inteligencia

Con la idea de profundizar un poco más en algunos atributos relevantes en el desarrollo psicosocial de las personas, se ha puesto el foco en averiguar si los hijos únicos tendían a ser más retraídos o a relacionarse peor con los demás.

Los resultados parecen ser claros: los hijos únicos tienen, como mínimo, el mismo numero de amigos que aquellos que son criados con hermanos.

Por otro lado, si nos atenemos a todo aquello relacionado con su salud mental, las medidas de ansiedad, autoestima o problemas de conducta, muestran resultados muy similares. Es decir, no se aprecian diferencias relevantes.

Un aspecto interesante tiene que ver con las capacidades creativas, las cuales muestran puntuaciones más elevadas en aquellas personas que no han tenido hermanos.

Lo mismo ocurre con los niveles de inteligencia medida en general, al menos hasta la edad universitaria, donde la cosa se compensa. Esto parece deberse a un mayor desarrollo de la imaginación y a su mayor vinculación al mundo adulto.

Entonces, ¿es mejor o peor ser hijo único?

Como suele ocurrir, todo tiene sus ventajas y desventajas. Resulta verdaderamente difícil asegurar a ciencia cierta qué es lo más beneficioso para un hijo, pues va a depender mucho del tipo de educación que este reciba.

Para que lo entendamos, no parece ser demasiado relevante que un hijo tenga hermanos o no si, por ejemplo, sus padres actúan de un modo negligente, sin atender a sus necesidades y sin dedicarle afecto. Por lo tanto, lo verdaderamente importante parece tener relación con el clima familiar en el que el pequeño se desenvuelva.

En el caso de existir varios hermanos, el trabajo de los padres estará en saber mantener un equilibrio adecuado en su relación con ellos. Para ello, será crucial generar situaciones de cooperación en lugar de competitivas, en cuyo caso los hijos realmente disfrutarán y se beneficiarán de sus hermanos.

Por otro lado, en el caso de tener un hijo único, los padres deberán saber darle el lugar que le corresponde, queriéndole y dedicándole atención pero no por ello convirtiéndolo en una persona caprichosa y consentida.

En resumidas cuentas, aunque aún hace falta una mayor investigación para aclarar este panorama, lo que sí podemos concluir es que ese mito que tan asentado parecía estar en nuestra sociedad no parece ser muy realista.

Las diferencias entre hijos únicos e hijos con hermanos no son tantas, por eso es tan importante que huyamos cuanto antes de los estigmas y de las creencias rígidas al respecto.

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