Mentalización en Psicoterapia

La mentalización en el ámbito psicoterapéutico

En este artículo vamos a hablar de la mente, esa gran desconocida que además de albergar secretos de lo más diversos y apasionantes, tiene la cualidad de ser un ente intangible y difícilmente cuantificable de forma científica.

Los estudiosos y apasionados de la psicología bien sabrán que una de las pocas formas más o menos fiables que tenemos los humanos de comprender la mente es a través de la observación de comportamientos.

Así, sabemos que alguien está triste porque le vemos llorar, que está enfadado porque grita o que siente vergüenza porque evita mirarnos a los ojos.

En eso consiste precisamente la denominada mentalización, en la capacidad que tenemos para interpretar el comportamiento. Aquí debemos incluir tanto las conductas propias, gracias a las cuales podemos llegar a conocernos mejor a nosotros mismos, como las ajenas, según las cuales logramos comprender los estados mentales de otras personas.

La mentalización en la infancia

Esta capacidad que los humanos tenemos de inferir pensamientos y estados mentales de los demás no es innata. Muy al contrario, comienza a desarrollarse durante nuestros primeros meses de vida, y se desarrolla gracias al apego seguro que establecemos con nuestro cuidador principal en la infancia.

Se estima que alrededor de los cuatro años de edad un niño ya es capaz de conocer con relativa eficacia qué están pensando y sintiendo los demás según sus actos.

El niño, al ver a su madre/padre/cuidador  actuar de cierta forma, comienza a establecer asociaciones y a generar constructos acerca de las conductas, tanto propias como ajenas. Es precisamente en este intercambio social en el que es capaz de saber, por ejemplo, que su madre está enfadada o que él se ha portado mal. Insistimos en que para que esto se dé, la relación entre ambos ha de ser sólida y genuina.

La mentalización en psicoterapia

Una vez entendido en qué consiste el concepto de mentalización, podemos desgranar su importancia en el ámbito de la psicoterapia. Cuando un paciente se sienta frente a un terapeuta, toda una gama de conductas más o menos visibles comienzan a manifestarse.

Así, es posible que la persona se muerda las uñas cuando habla de algún tema en particular, que evite mirarnos a los ojos cuando nos cuenta algo, que agrave su tono de voz o que comience a llorar. Es precisamente a través de la interpretación de estos comportamientos que, por lo general, se repiten, como el psicólogo puede entender y conocer mejor a la persona que tiene delante.

Un aspecto muy relevante de lo que mencionamos tiene que ver con un hecho fundamental. En numerosas ocasiones, el propio paciente pierde o carece de la capacidad de atender a sus propios estados mentales según qué circunstancias. Generalmente a causa de una falta de perspectiva, puede ocurrir que no sea capaz de darse cuenta de la relación entre lo que hace y lo que siente o piensa.

Es aquí precisamente donde el terapeuta toma ventaja, ya que gracias a la observación y a la profundidad de sus preguntas puede lograr inferir los estados mentales de su paciente para así poder serle de ayuda.

¿De qué sirve esto?

Suele decirse que un buen psicólogo es aquel capaz de hacer cada vez mejores  preguntas, las cuales logran llevar a su paciente a reflexionar profundamente acerca de ellas. Cuando dichas preguntas tienen que ver con el conocimiento de la propia psique, el paciente logra el gran objetivo de llegar a conocerse cada vez mejor y de una forma más clara.

Una vez que esto sucede, se dan las condiciones para lograr lo que toda terapia persigue: el cambio. Cuando el paciente logra ser consciente de sus limitaciones, de su particular forma de comportarse ante determinadas circunstancias y de los temas que le atormentan y le hacen pensar o sentirse de una determinada forma, llega a un estado en el que puede permitirse poner en marcha nuevas estrategias.

Así, gracias a la ayuda del psicólogo, está en condiciones de practicar distintas conductas y de aprender a gestionar sus recursos de otra manera para poder vivir de forma más plena.

Un apunte para el profesional

No podemos olvidar que para que todo esto funcione es fundamental que el propio terapeuta sea muy consciente de sus propios estados mentales. De no ser así, indudablemente le resultará muy difícil lograr percibirlos en los demás.

Es por ello por lo que siempre resulta muy recomendable que los propios terapeutas asistan a sesiones de supervisión y realicen análisis propios de su psique.

Recursos bibliográficos

Te proponemos la descarga en PDF del trabajo “Introducción al tratamiento basado en la mentalización para el trastorno límite de la personalidad”, en el que se describe una terapia de corte psicodinámico, sustentada en la teoría del apego, y desarrollada especialmente para el abordaje integral del Trastorno Límite de la Personalidad.

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