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Terapia floral. No es magia, es información vibracional

“Tus gotitas son mágicas…” Estas palabras, tantas veces escuchadas por quienes nos dedicamos desde los más diversos enfoques a la terapia con esencias florales, tiene muy diferentes connotaciones según desde dónde se escuchen y desde dónde se digan. En lo personal, me apresuro a aclarar la naturaleza vibracional de las esencias florales:

“No es magia, es información nueva circulando por tu psicorganismo”.

El organismo, entendido como ese todo bio-psico-social y espiritual, podría ser llamado psicorganismo para dar cuenta de la unidad irreductible que reconocemos como el campo de la experiencia humana: ahí donde ocurren los fenómenos.

Aclaro desde este comienzo que como psicóloga, académicamente formada en el método científico y predispuesta por lo mismo a someter siempre al juicio crítico y a la prueba empírica cualquier teoría, declaro que la Psicología como ciencia pretendida, tiene un mundo que descubrir si se asoma a la ventana abierta que la terapia floral le propone. Me explico.

Muchas veces, la mencionada referencia a la magia deja a su paso un halo de desconfianza, como refiriéndose a una acción que está sujeta al pensamiento primitivo que, por ignorar la ciencia de los fenómenos naturales, los atribuye a las fuerzas invisibles de lo esotérico, aquello que no puede ser conocido por la razón. O peor aún, esta mente primitiva percibiría ingenuamente lo que otros le quieren hacen creer, lo cual nos deja, perplejos, en la vereda de la charlatanería y el engaño, en la ilusión del mago de ferias.

En los últimos años, la Terapia Floral se ha visto enriquecida constantemente con los aportes que muchos psicólogos y médicos han hecho a través de libros, cursos y talleres dirigidos a terapeutas. Pero también hay un camino inverso, que poco se ha transitado: ¿La Psicología tiene algo que aprender de la Terapia Floral? ¿Acaso no es al menos sorprendente que la ingesta de una esencia floral tenga un efecto tan poderoso en la experiencia humana?

Una evidencia científica

Explorando alguna respuesta, tomaremos un ejemplo que ha sido documentado con evidencia científica. Rodríguez-Martín (2012) publicó los resultados de una investigación a doble ciego contra placebo realizada en adultos mayores, en que se estudiaba el efecto de la esencia White Chestnut (WCH)[1] en la tendencia a utilizar estrategias de supresión de pensamientos intrusos (STh), encontrando que la ingesta de esta esencia tenía un efecto significativo en dicha tendencia en el grupo experimental, mientras que el grupo control (tratado con un  placebo inerte) caía bajo el efecto “irónico” o paradójico según el cual el remedio potencia el mal. El autor lo explica así:

Si tomamos en consideración que el resultado esperado del tratamiento radica en “no pensar” en aquello que nos perturba, las expectativas podrían contribuir a incentivar la aparición de dicho pensamiento, vía rebote irónico. A lo que habría que añadirle que, al menos cinco veces al día, el participante recordaba ingerir un tratamiento que “le será de ayuda para no pensar en aquello que le molesta”. Ambas razones apoyan la idea de que las expectativas, en el contexto de la intervención, activarían el uso de la ThS por lo que el antídoto, nuevamente podría ser el veneno. (Rodríguez-Martín, 2012)

Esta característica hace aún más significativo el resultado obtenido, ya que el efecto placebo no sólo no será activado en el grupo control (PLA), sino que este grupo experimentó un efecto de rebote irónico o paradójico, realzando aún más el efecto de WCH en el grupo experimental.

Si suponemos que este ejemplo es extrapolable a la acción de otras esencias florales[2], cabe preguntarse cuál es realmente la vía de acción de la esencia ¿Qué estructura de nuestro psicorganismo permite este efecto? Puesto que no hay un principio activo orgánico interviniendo en la neurofisiología, ni impidiendo la activación de un circuito neuronal o inhibiendo la recaptación de determinada substancia neurotransmisora ¿cómo funciona entonces una esencia floral?

¿Cómo funciona una esencia floral?

Al parecer, la explicación más satisfactoria hasta ahora sería la existencia de un campo organísmico de información resonante, involucrando tanto lo psíquico como lo orgánico, que la ingesta de una esencia pondría en marcha de manera inmediata y global. Así, el efecto de la esencia floral parece tener más afinidad con lo informático que con lo mágico. De hecho, puede ser descrito como un mensaje herméticamente cifrado para la consciencia (de ahí su atribución mágica) pero claro y diáfano para el organismo, que lo “entiende” instantáneamente, traduciéndolo a la consciencia como bienestar.

Es frecuente que el paciente “olvide” la dolencia anterior a la toma floral, o atribuya los cambios a otra cosa… tan natural y cómoda le resulta a su organismo esta nueva regulación. Muchos lectores habrán reconocido tal vez el lenguaje gestáltico que se filtra en esta idea; y es que la esencia floral viene a restaurar una autorregulación organísmica con el entorno, más sana, más eficiente, más natural.

Cabe señalar que en el estudio mencionado se alude a un fenómeno de naturaleza principalmente cognitiva (la supresión de pensamientos intrusos), mientras que las esencias florales son más conocidas por sus efectos en fenómenos emocionales. Las emociones al igual que los pensamientos forman parte de esta red organísmica resonante, de la misma manera que las células. Es el conjunto como un todo el que reacciona a la ingesta floral.

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Finalmente, los psicólogos deberemos admitir al menos como hipótesis, la existencia de esta red de información psicorgánica que regularía nuestra relación con el entorno. La terapia con esencias florales es una manera (entre otras) de introducir información sana en esta red, con la ventaja de usar un código afín, un “idioma” que el psicorganismo comprende mejor y más rápido que el lenguaje verbal y que incluso permite un procesamiento cognitivo más profundo de la experiencia cuando se ofrece este proceso en la psicoterapia.

En este sentido, si bien no remplaza a la psicoterapia cuando ésta es necesaria, la facilita, abre una vía de acceso al cambio en forma rápida y eficiente… y no es magia, aunque se le parece.


[1] La esencia WCH está indicada contra la rumiación mental, pensamientos indeseados, recurrentes y repetitivos, que pueden causar insomnio, anorgasmia, falta de concentración, entre otras molestias. [2] Sin el plus del rebote irónico, encontrado en la investigación de Rodríguez-Martín dada la naturaleza de la variable en estudio.


Recursos:
La terapia floral de Bach (Medicinas complementarias)
Fuentes:
Rodríguez Martín (2012)  Esencias florales de Bach: efecto del White Chestnut sobre los pensamientos intrusos indeseados. Revista Cubana de Investigaciones Biomédicas. 2012; 31(2) 243- 252. Imagen cortesía de chamomile vía morguefile.com

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