Estados de ánimo

Estados de ánimo: Emociones que se quedan

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Lo creas o no, los estados de ánimo son un tema muy recurrente. Me sucedió hace poco en una reunión que escuché a más de tres personas mencionar este tema.

Lo curioso fue que en su gran mayoría, ninguno sabía bien cuál era la raíz de su estado de ánimo y mucho menos qué hacer con él. Vamos a ver de qué se trata…

¿Qué son los estados de ánimo?

Los estados de ánimo son emociones que permanecen alojadas en nosotros por demasiado tiempo y nos predisponen en nuestro actuar.

Se vuelven un trasfondo desde el cual vivimos, se convierten en un lente (a veces bastante borroso) desde el cual miramos el mundo.

Pero… ¿De donde surgen? Los estados de ánimo nacen de nuestras emociones. La palabra emoción proviene del latín emotio y quiere decir mover hacia afuera, impulso, movimiento.

Son reacciones psicofisiológicas a estímulos externos y que representan un modo de adaptación frente a lo que ocurre en nuestro entorno. Toda emoción nos da una información y nos impulsa a actuar.

La emoción es una alteración de nuestro ánimo de mucha intensidad y de corta duración. Suceden con mucha rapidez, son superficiales, contagiosas, muy cambiantes, nos predisponen a actuar, se remiten a un evento en concreto y por lo general suelen desaparecer al desaparecer el evento que la ocasionó.

Cuando las emociones quedan alojadas en nosotros por demasiado tiempo se vuelven estados de ánimo.  

Seguramente habrás notado cambios en tu estado de ánimo, muchas veces por el lugar donde te encuentras, otras veces por el clima.

También notarás que tu estado de ánimo no es el mismo durante la semana, hay días de la semana que nos evocan estados diferentes (a mi suele sucederme que el lunes no me siento tan entusiasmada como un viernes).

Fredy Kofman, en su obra Metamanagement, habla del concepto de emociones y estados emocionales y cómo se relacionan de manera fisiológica con nuestro cuerpo.

En pos de intervenir muestra cómo los estímulos externos se vuelven un “disparador” para la acción y explica que hay una relación circular y sistémica entre emoción, fisiología, razón y comportamiento.

Los estados de ánimo y el proceso emocional

Los estados emocionales condicionan nuestra percepción, en consecuencia también nuestro comportamiento, y como nos comportamos se relaciona con como pensamos y que sentimos.

Dicho en otras palabras: el impacto que tiene un estímulo externo en nosotros, afecta directamente nuestra percepción, y esto nos hace comportarnos de determinada manera. Esta percepción se ve directamente influida por nuestros estados emocionales.

Las emociones y los estados emocionales condicionan por completo nuestras experiencias, definiendo nuestros espacios y posibilidades, y por lo tanto afectando directamente nuestra calidad de vida.

Una característica particular es que los estados de ánimo son observables. ¿Alguna vez observaste detenidamente como se encuentra tu cuerpo cuando estas feliz? ¿Y cuando estás triste? ¿Cuando estas enojado?.

Puedes notarlo si prestas especial atención y de manera consiente: mira como esta tu eje central (columna), mira tú postura al sentarte, siente y observa tu cuerpo, tal vez hay tensión en tus músculos o por el contrario te sientes completamente relajado.

Estudios afirman que cuando cambian nuestros estados de ánimo también cambia nuestra postura corporal.

Todo el tiempo estamos inmersos en estados emocionales. Cuando estamos en la alegría o la felicidad claramente no queremos salir de ahí. La cuestión es cuando estamos en un estado de ánimo que no nos agrada tanto como la tristeza.

¿Cómo salir de esos estados emocionales que reducen tu poder de acción?

Haciendo referencia a mi artículo anterior sobre el poder de las conversaciones, podemos decir que detrás de un estado de ánimo hay muchas conversaciones privadas que nos hacemos, basadas en juicios a cerca del futuro que muchas veces no tienen fundamentos.

Voy a darte un ejemplo: Estás triste porque en tu trabajo no aprecian tu esfuerzo.

Tu consideras que trabajas muchísimo, que te esfuerzas por sobre lo que deberías hacer, que intentas ser creativo, que eres responsable, aplicado, y hace mucho tiempo esperas ese puesto soñado, pero nadie te reconoce en tu esfuerzo.

Estás enojado y desanimado. Ese enojo  es normal, pero notas que hace ya un largo tiempo la percibes. ¿Qué puedes hacer?

Más allá de las imprescindibles y bien conocidas acciones que ayudan a tener estados de ánimo más positivos (el ejercicio físico, la lectura, escuchar música, bailar, reir o meditar), realizar un ejercicio de preguntas te puede ayudar a salir de un estado de ánimo negativo:

  • ¿Cómo te estás  sintiendo?
  • ¿Qué emociones hay en ti cuando hablas de esto?
  • ¿Qué te dices a tú mismo?
  • ¿En qué te basas para decir lo que dices?
  • ¿Qué conversaciones podrían cambiar tu  estado de ánimo y con quién? 
  • ¿Cómo quieres sentirte?
  • ¿Cuál quisieras que sea tu estado de ánimo habitual en tu trabajo?
  • ¿Qué posibilidades pueden abrirse si cambias tu estado de ánimo?

Algunas pautas más para cambiar tu estado de ánimo

Además de la tristeza, hay otros estados de ánimo que nos resultan pocos satisfactorios. Ellos pueden ser: el miedo, el enojo, la culpa, el deseo, la incertidumbre, el aburrimiento. 

Como dije al principio del artículo cuando permanecemos demasiado tiempo en un estado de ánimo se vuelven un lente desde el cual observamos el mundo, y aunque no siempre podemos detectar qué lo ocasionó, tenemos la posibilidad de actuar directamente sobre ellos.

Para modificarlos debemos encontrar de donde surgen. Lo importante es que te “adueñes” de tus emociones. Las emociones no resueltas y no expresadas de manera productiva, se vuelven un círculo vicioso con nuestros pensamientos, un feedback autodestructivo.

Las emociones nos predisponen al ámbito de lo posible, y lo posible está asociado a la acción. Cuando registres de manera consiente en qué estado de ánimo te encuentras, más fácil te será prolongarlo o modificarlo.

No hacerte de cargo de tus emociones, es la forma más fácil de caer en el pantano de los estados emocionales negativos.

Referencias:
Metamanagement. Tomo 3. Fredy Kofman (2010)

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