Distimia: Cuando la tristeza es para siempre

Alida Garrido
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La distimia, también conocida como trastorno distímico, es un tipo de trastorno afectivo o del estado de ánimo que presenta características semejantes a una depresión mayor, pero menos grave y más crónica.

No es raro sin embargo que las personas con distimia también puedan experimentar episodios de depresión mayor.

Mayormente, la distimia se diferencia de la depresión en que la persona con distimia suele adaptarse a una vida rutinaria y “normal”. Por contra, la persona con depresión no es capaz de mantener esa rutina. Por tanto, la diferencia fundamental es el grado de incapacitación que la persona presenta ante el trastorno.

La distimia se presenta en el 5-6% de la población general. Estando presente con el doble de frecuencia en las mujeres que en los hombres.

La palabra distimia proviene del griego, “humor alterado”. 

¿Qué causa la distimia?

No se sabe la causa exacta del trastorno distímico, pero parece generarse a partir de una combinación de factores genéticos, bioquímicos, ambientales y psicológicos.

Es relevante la causa que se atribuye a una alteración de un neurotransmisor denominado serotonina, responsable de mantener en equilibrio nuestro estado de ánimo, pensamiento, sueño, apetito y comportamiento.

La investigación indica que los cerebros de las personas que tienen depresión se ven diferentes a los de las personas sin depresión, pudiendo por lo tanto establecerse diferencias funcionales de manera objetiva.

Por otra parte, el estrés crónico y el trauma pueden desencadenar la distimia fácilmente. Se considera que el estrés altera la capacidad de regular el estado de ánimo. 

A su vez, las circunstancias sociales, en particular el aislamiento y la falta de apoyo social, también contribuyen a su desarrollo. Además, el trauma, la pérdida de un ser querido, una relación difícil o cualquier situación estresante pueden desencadenar un episodio depresivo precursor de la distimia, sin que los episodios depresivos posteriores requieran de un desencadenante obvio.

¿Cuáles son los síntomas de la distimia?

La distimia se caracteriza por un estado de ánimo bajo o triste que se experimenta la mayor parte del tiempo durante al menos dos años. En niños y adolescentes, el estado de ánimo puede ser más irritable que deprimido. 

Además de la tristeza o el estado de ánimo irritable, al menos dos de los siguientes síntomas deben estar presentes:

  • Insomnio o sueño excesivo
  • Poca energía o fatiga
  • Baja autoestima
  • Pesimismo
  • Falta de apetito o exceso de comida
  • Poca concentración o indecisión
  • Propensión a sufrir cefaleas
  • Evitación de actividades y relaciones sociales.
  • Sentimientos de desesperanza

Estos síntomas pueden provocar en mayor o menor medida un funcionamiento deficiente en la vida laboral, social o personal del sujeto con distimia.

Es importante destacar que los síntomas más severos que marcan la depresión mayor, como anhedonia, incapacidad para sentir placer, síntomas psicomotores, especialmente letargo o agitación, y pensamientos de suicidio, suelen estar ausentes en el trastorno distímico, aunque a veces puedan desarrollarse.

¿Cómo se trata la distimia?

Como en el resto de trastornos emocionales una combinación de psicoterapia y medicación suele ser la opción más eficaz, más allá de la particularidad de cada caso.

Psicoterapia

La psicoterpia es necesaria para confrontar acerca de sentimientos y pensamientos disruptivos, y aprender formas sanas de manejarlos. Además, ayuda a comprender cómo este trastorno afecta a cada área de la vida y a enfrentarlo con mayor eficacia.

Las estrategias más utilizadas son:

  • Terapia cognitiva cognitivo-conductual. Ayuda a identificar y cambiar los estilos de pensamiento negativos que promueven actitudes y comportamientos contraproducentes. Además, se pueden aprender técnicas para mejorar las habilidades sociales, así como aprender maneras de manejar el estrés y desaprender sentimientos de impotencia tan comunes en este trastorno.
  • Terapia psicodinámica. Ayuda a resolver conflictos emocionales más profundos y por tanto menos evidentes, especialmente aquellos que provienen de sucesos de la infancia.
  • Terapia interpersonal. Ayuda a lidiar con disputas interpersonales, pérdida y separación, así como transiciones que se hayan producido en la vida y que no hayan sido debidamente integradas en el proceso vital.
  • Terapia de apoyo grupal. Unirse a un grupo de apoyo de personas que estén experimentando los mismos problemas puede ser muy útil a la hora de compartir experiencias, puntos de vista y estilos de afrontamiento eficaces.

Medicación

Los llamados antidepresivos, siempre y cuando sean prescritos por un profesional de la salud, especialmente cuando se disponen en combinación con la psicoterapia, suelen resultar muy eficaces para el tratamiento de la distimia. Los más comunes son:

  • Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS)
  • Antidepresivos tricíclicos (ATC).
  • Inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (IRSN).

Como ya se dijo, se ha demostrado que el tratamiento más efectivo para combatir la distimia es una combinación a largo plazo de antidepresivos y psicoterapia que incluya una relación sólida con un profesional de la salud mental junto con una actitud realista y de esfuerzo ante el problema.

La recuperación de la distimia puede llevar tiempo y los síntomas a menudo regresan. Por esta razón, la continuación en el tiempo de las estrategias terapéuticas que hayan resultado útiles en el pasado se hace imprescindible.

¿Cómo se relaciona la distimia con otros trastornos?

La distimia puede ocurrir de forma aislada o junto con otros trastornos del estado de ánimo o psiquiátricos.

Por ejemplo, más de la mitad de las personas que sufren distimia experimentarán al menos un episodio de depresión mayor. Esta condición se conoce como depresión doble.

Además, la distimia suele presentarse con trastornos como la fibromialgia y el síndrome de colon irritable. Otras complicaciones que habitualmente acompañan a la distimia son:

  • Mala calidad de vida.
  • Ansiedad.
  • Abuso de sustancias.
  • Conflictos en relaciones sociales o familiares.
  • Problemas estudiantiles o laborales.
  • Bajo rendimiento.
  • Dolor crónico.
  • Pensamientos suicidas.
  • Trastornos de personalidad u otros.

¿Cómo prevenir la distimia?

No hay una estrategia probada que asegure evitar la distimia, ya que suele ser un trastorno de inicio temprano, en la infancia o en la adolescencia, pero algunas recomendaciones pueden ayudar a controlar los síntomas:

  1. Hacer algún tipo de actividad física cada día, y si es al aire libre mejor.
  2. Comer adecuadamente, evitando excesos o dietas estrictas.
  3. Tener una rutina diaria con un nivel de actividad adecuado, evitando situaciones de estrés continuadas.
  4. Mantener relaciones sociales duraderas y de calidad, el apoyo social puede ayudar a superar situaciones difíciles.
  5. Dormir unas ocho horas diarias, ayudará a reponerse para poder rendir al día siguiente.
  6. Evitar las drogas y el alcohol, a largo plazo empeorarán los síntomas.
  7. Tener pensamientos positivos y expresar las emociones, será útil para sentirse bien con uno mismo.
  8. Aceptarse a uno mismo, no compararse con los demás.
  9. Buscar ayuda profesional para evitar que los síntomas empeoren. En ocasiones, será necesario un tratamiento de mantenimiento a largo plazo para evitar recaídas.

Referencias:
American Psychiatric Association. (2016). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª Ed.
Depresión: Cuando la Tristeza se Vuelve Patológica (2017). Dr. Juan Moises de la Serna

Distimia: Cuando la tristeza es para siempre Alida Garrido
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Resumen: Hay una tristeza normal que suele ser pasajera, durando horas, días o hasta semanas, pero cuando esta tristeza se alarga en el tiempo afectando a nuestra calidad de vida durante años, puede que estemos ante un problema más grave, la distimia.

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