Metáforas en Psicoterapia

Metáforas en psicoterapia: ¿Para qué sirven?

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En el presente artículo vamos a hacer referencia a un tipo de herramientas lingüisticas muy utilizadas en algunos tipos de psicoterapia. Herramientas que han demostrado su utilidad por diversos motivos. Hablamos de las metáforas.

¿En qué consisten las metáforas?

Para entender de qué estamos hablando, comenzaremos por explicar brevemente qué es una metáfora. A grandes rasgos, diremos que consiste en una fórmula verbal en la cual se hace un uso figurado del lenguaje, es decir, con ella nos referimos a algo sin nombrarlo de forma directa.

Si, por ejemplo, decimos “quiero probar la miel de tus labios” no queremos decir que tus labios tengan miel específicamente. Más bien hablamos del dulzor, de lo apetecibles que resultan para nosotros.

Otro ejemplo bien podría ser “la Luna es la lámpara de la noche”. Igualmente, utilizamos un elemento que no ha de ser tomado de forma literal, y que nos lleva a tomar el lenguaje con una mayor amplitud y ligereza.

¿Para qué sirven las metáforas en terapia?

Quizá, al leer este artículo, te estés preguntando qué sentido tiene todo esto para una terapia psicológica.

Comencemos diciendo que no todas las orientaciones teóricas las utilizan. De hecho, muchas de ellas tratan al lenguaje de una forma bastante literal, de manera que los pensamientos del paciente son tomados de esa manera y se analizan tal y como se manifiestan.

En el caso de las metáforas, cabe mencionar que son utilizadas principalmente en las Terapias de Aceptación y Compromiso para abordar el trastorno de evitación experiencial, del cual ya hablamos con anterioridad. Luciano Soriano y Valdivia Salas (2006) hacen una magnífica descripción de ellas.

Bien utilizadas, nos permiten socavar la lógica de “tener razón” y de las razones como mecanismo de control de la evitación. Dicho de otra forma, establecen un contexto verbal donde se da valor a la experiencia del cliente a través de su conducta por encima de su lógica razonada.

Una de sus principales virtudes es que resultan muy fáciles de recordar y adoptan formas diversas, desde historias o ejemplos hasta la denominada fisicalización de los eventos privados. Con esto último nos referimos a que ayudan al paciente a entender el contacto con sus propios pensamientos y emociones de una forma más tangible.

Por ejemplo, el terapeuta puede colocar al paciente una carpeta justo pegada a su nariz, y gracias a este ejemplo hacerle entender cómo de “pegado” se encuentra a sus propios miedos y pensamientos, los cuales no le estarían dejando ver más allá.

En resumidas cuentas, las metáforas tratan de establecer un contexto verbal donde se cuestiona la literalidad y la racionalidad, aprovechándose del valor que aporta la sabiduría popular y la propia experiencia.

La metáfora del conductor de autobús

Ya que como mejor se aprende es con un ejemplo, vamos a describir de forma resumida una metáfora muy utilizada para analizar la función que están cumpliendo los propios pensamientos:

Imagina que eres el conductor de un gran autobús. En él, van subiendo y bajando pasajeros, algunos de los cuales son muy maleducados y desagradables y se pasan todo el viaje molestándote.

Tratan de decirte todo el tiempo hacia dónde tienes que llevar tu autobús, si tienes que girar a izquierda o derecha, y amenazan con gritar aún más fuerte si no les haces caso.

Muchas veces te giras para tratar de dialogar con ellos, pero en ese momento estás obligado a detener el autobús y dejar de avanzar.

¿Qué ocurriría si te centrases más en llevar tu autobús hacia el lugar que deseas en lugar de frenar y discutir con estos pasajeros?

Gracias a esta metáfora, el terapeuta puede explorar con el paciente sus pensamientos molestos y perturbadores, especialmente aquellos que le frenan y le impiden acercarse a metas valiosas en su vida.

Como podemos ver, la metáfora nos da un enfoque abstracto y simbólico, que ayuda a entender mucho mejor una realidad compleja y etérea como es la mente humana.

Los ejercicios experienciales: un complemento en terapia

Además de las mencionadas metáforas, existen una serie de ejercicios que siguen el mismo funcionamiento pero con algunas particularidades. Hablamos de los denominados ejercicios experienciales.

Gracias a ellos, el paciente tomará contacto con el contenido o material psicológico evitado en un contexto seguro como es la consulta. Nuevamente, le permiten conocerse mejor, y su principal diferencia con las metáforas estriba en la representación de forma física de la experiencia.

Un ejemplo bien podría ser pedirle al paciente que escribiese en varios trozos de papel los distintos pensamientos o recuerdos que suelen condicionarle en su día a día. Posteriormente, se le pide que haga una bolita con cada uno de ellos.

Una vez hecho esto, el psicólogo “lanza” las bolitas de papel al paciente mientras se le pide que avance en una dirección. Esto se repite dos veces, con la diferencia de que en una de ellas se le pide que trate de esquivarlas como sea, y en la segunda se le pide que ignore los “impactos” y siga avanzando.

Como vemos, es un ejemplo muy visual e interesante para analizar qué ocurre.

En resumidas cuentas, tanto las metáforas como los ejercicios experienciales resultan de gran interés para cuestionar esos razonamientos e ideas que el paciente toma como verdades absolutas, y que le estarían alejando de tener una vida valiosa.

Referencias:
La Terapia Aceptación y Compromiso. Luciano Soriano y Valdivia Salas (2006)

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