Ansiedad

El círculo vicioso de la ansiedad

“Llevo todo el día evitando hablar con él, me pone de los nervios y ahora lo que necesito es estar tranquila. Intento no coincidir en el comedor o en la escalera o el ascensor, porque sé que si lo veo volverá el nudo en el estomago, y el sudor en las manos y…”

¿Te reconoces? ¿Te suena? Cuántas veces hemos hecho o dicho lo imposible para que no llegara esa situación que nos intranquiliza, nos produce miedo, desasosiego o preocupación.

Tenemos una tendencia natural, o más bien aprendida, a evitar todas aquellas situaciones que nos producen malestar y, hasta cierto punto, parece de sentido común hacerlo así. El problema surge cuando todos estos intentos por evitar lo que nos produce ansiedad acaban modificando nuestro estilo de vida hasta el punto de estar más pendientes de lo que no debemos hacer que de lo que sí, llegando a incapacitarnos para la vida cotidiana.

Estos patrones de pensamiento, emoción y conducta que habitualmente vemos en clínica, abarcan un amplio rango que va desde el malestar cotidiano por fuertes desavenencias, por ejemplo conyugales, hasta los Trastornos Obsesivos Compulsivos como forma más elaborada y problemática de evitación de la ansiedad.

Uno de los axiomas de la conducta humana nos dice que al actuar, si la consecuencia nos resulta agradable tenderemos a repetirla, pero que si nos resulta desagradable procuraremos no repetir, buscaremos evitarla. Cuando este procurar no repetir se convierte en un leitmotiv diario, estamos hablando de ansiedad patológica.

Hasta la fecha, parece haber acuerdo entre los modelos de intervención en que “evitar” es precisamente lo que mantiene a la ansiedad como un problema, y las prescripciones en clínica están orientadas a romper ese círculo vicioso que consiste en la ansiedad generada cuando hago todo lo posible por evitar sentir ansiedad.

Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso se trabaja con la aceptación de sensaciones, es decir, que la persona no haga por intentar eliminar el malestar que le produce la sintomatología ansiosa. De igual manera, no se trata de evitar los pensamientos que generan la ansiedad, sino de entender que estos no tienen que necesariamente guiar la conducta que llevamos a cabo. Proponen pues, en los casos donde la ansiedad es patológica, romper la triada que hasta ahora ha sido un patrón para la intervención en psicología, afirmando que pensar y sentir algo no ha de llevarnos necesariamente a actuar en consecuencia.

Si el coste por evitar sentirse mal es muy alto, cuando esta evitación se produce de forma cronificada y generalizada, se pude llegar a vivir una vida muy limitada, hablando en estos casos y desde este modelo del Trastorno de Evitación Experiencial (TEE).

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La Terapia Estratégica Breve apuesta por romper el equilibrio generado entre la ansiedad experimentada y las soluciones intentadas que, en la mayoría de los casos, quieren evitar que el paciente experimente ansiedad y  que acaban, precisamente,  alimentando y potenciando ese estado.

La aplicación de estos modelos depende no solo del terapeuta sino también de las características del paciente, pero en cualquier caso, cada vez disponemos de más herramientas para romper este círculo vicioso de la ansiedad.


Recursos:
Aprender de la ansiedad: La sabiduría de las emociones
Fuentes:
Imagen cortesía de Alaina Abplanalp Photography

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