Cuando la depresión ataca a los adolescentes

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La depresión y la falta de autoestima son las dos aflicciones más grandes que tienen los individuos hoy, eso, según el autor y conferencista Yehuda Berg. El autor cree que, para poder combatir la depresión, es necesario entender a donde hay que llegar, y, aunque es una batalla que jamás termina, hay ciertas estrategias que nos pueden ayudar a controlarla y disminuir sus síntomas.

Es cierto que la depresión afecta a los adolescentes muchas más veces de lo que se cree en el común. Descubrir los síntomas a tiempo no es tan fácil como parece, pero hay algunos elementos que nos dirán si alguien sufre de depresión.

Las estrategias y tratamientos son similares para adultos y adolescentes, pero estos segundos, son mucho más susceptibles a la depresión y es más difícil para ellos reaccionar de una forma asertiva y superarla. Cabe recordar que la depresión está directamente asociada con conductas suicidas, por lo que es de vital importancia detectarla de manera temprana.

Señales del trastorno depresivo mayor se ven reflejadas en la disminución en el rendimiento académico, en déficit de atención, problemas para concentrarse, decremento de la energía, abandono de motivaciones, baja autoestima, alejamiento de familiares y seres queridos. Cualquier señal de estas debe ser asociada con un trastorno depresivo y deben ser tratadas inmediatamente.

Lo primero que los expertos recomiendan es entender que la persona con trastorno depresivo merece ser reconocida y respetada como persona; aunque él o ella sientan que el mundo no los respeta, deben sentir que en cada sí los respetan y aman; tras identificar que padece uno o varios síntomas de depresión, hay que estar alerta a otros que no son tan evidentes para atacarlos e intentar controlar la situación.

Más allá de hablar sobre el valor de la vida o la emoción de avanzar en este camino, las personas con cuadros de depresión requieren ser escuchadas, intentando ponerse en su posición sin reproches ni reclamos. Hay que demostrar que existe una clara y absoluta convicción de creer en lo que la persona está padeciendo; dialogar es importante, pero hay que saber identificar los momentos en los que ellos desean abrirse y hablar, no siempre quieren hacerlo y presionarlos suele alejarlos y distanciarlos, sumiendo a la persona con depresión en un silencio difícil de superar.

Una alternativa que recomiendan los terapeutas es utilizar las herramientas tecnológicas a la mano para hacerles ver que quieren conversar y que los seres que lo aman están allí para cuando lo desee. Emails, mensajes de texto o WhatsApp, son herramientas ideales para intentar romper el hielo y establecer una comunicación más clara y directa; la respuesta a esas inquietudes podría no ser dirigida a uno mismo, pero debe sugerirse que lo hable con alguien de su entera confianza; hablar es la primera solución para poder controlar la depresión.

Enfocarse en los intereses de la persona es muy importante para poder establecer un lazo de cercanía, acercarse a él o ella mediante temas agradables que están alejados de la problemática pueden ser la puerta de entrada e invitar a la persona con trastorno depresivo a conversar sobre sus relaciones sociales o sus estudios, temas recurrentes en los cuadros de depresión.

La realidad Latinoamericana, más aún en los estratos populares, es que no existe el derecho a ser diagnosticado con un cuadro de trastorno depresivo; las oportunidades de acceso a terapeutas expertos o psicólogos profesionales es escasa, y el silencio se vuelve la única herramienta.

Además, el dolor que siente la persona deprimida no es fácil de identificar, así que, ciertas actitudes pueden ser confundidas con pereza o simple desgano por hacer las cosas. Hay que evaluar el papel de los padres, pues muchas veces, no son lo suficientemente perspicaces para diferenciar una actitud rebelde (propia de la adolescencia) de un cuadro severo de depresión.

En América Latina, lo más normal es la confrontación, la agresión y el bullying como herramientas de presión para intentar cambiar ciertas actitudes; pero cuando se trata de depresión, nunca funcionan.

Para los adolescentes resulta mucho más difícil expresar sus opiniones, pues en esa época se sienten juzgados por como hablan, como caminan, como visten y como piensan. Y esos pensamientos son los que pueden desencadenar un problema aún mayor. El logro está en la comunicación, entenderlos, escucharlos y conocerlos en cada etapa de su camino. Apelar al amor propio y al amor por el congénere, por el amor a vivir y por la emoción de transitar en este planeta tan rico y bello en tantas formas.

Motivarlo a soñar y a luchar por sus sueños es la mejor estrategia, siempre al ritmo de la persona deprimida; pues ellos en un estado alterado por depresión, son como animales heridos, y cada palabra o gesto, revelará las intenciones de quien intenta acercarse, es mejor callar, analizar y escuchar sin juzgar, entendiendo que la solución parte del mismo cerebro que creo la idea; partiendo de que el trastorno depresivo puede ser crónico, pero hay tratamientos efectivos para controlarlo y poder tener una calidad de vida que pueda ser digna de ser vivida.

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Resumen: Uno de cada cinco adolescentes sufre de depresión en algún momento. El adolescente puede estar deprimido si se siente triste, melancólico, infeliz o abatido, y es imprescindible buscar ayuda profesional.

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