Psicópata: historia del temor hasta el Siglo XX

Ismael Dorado Urbistondo
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En el presente artículo, intentaremos recorrer los orígenes de un trastorno que nada más nombrar, psicopatía, produce estremecimiento entre las personas, viniendo a su mente un ser salvaje, despiadado, atroz y a la vez seductor, que el cine, la literatura y los diarios se esfuerzan en dotar de un halo mágico que no deja de sorprendernos. Las conquistas a lo largo de la historia han estado manejadas por grandes psicópatas y quizás, nuestro vecino, nuestro compañero de trabajo, pueda también serlo.

Grandes hombres, grandes héroes de nuestra historia presentaron episodios de torturas, canibalismo, violaciones masivas, asesinatos. Es la esencia del ser humano en su vertiente más primaria, el terror del depredador. En nombre del progreso, de la fe, de la historia, la más horrenda locura escribió páginas heroicas y otras veces oscuras.

La locura que Thomas Hobbes en su obra Leviatán plasmaba sobre la naturaleza humana y que expresaba: “todas las pasiones que producen una conducta extraña y fuera de lo normal reciben el nombre general de locura. Sin embargo, el comportamiento agitado o enloquecido no es  necesariamente un rasgo característico de la locura. Si un hombre en un manicomio nos amenizara con su discreta conversación y, al despedirse, nos dijese que es Dios Padre, no necesitaríamos otro comportamiento extravagante para confirmar su locura”.

Con la entrada del Siglo XIX, el médico Philippe Pinel, nos introduce en un término que nacería como fruto de una lesión de la mente y que denominó “la manía”. Pinel relaciona las alteraciones mentales con causas diversas entre las que se encontrarían las causas físicas, la herencia y las causas morales. Sería precisamente en estas causas morales donde las pasiones llevarían al ser humano a un estado de “manie sans delire” y cercano al término actual de Psicopatía, en la que no existiría ningún tipo de déficit cognitivo pero si una importante alteración en las capacidades afectivas, caracterizadas por una ausencia total de empatía y una extrema frialdad emocional.

Benjamín Rush en 1812 publica su obra “Consultas Médicas y Observaciones sobre las Enfermedades de la Mente” atribuiría a las facultades morales un poder dentro de la mente que permitiría a la persona distinguir y elegir entre lo bueno y lo malo. Sería precisamente el menoscabo de las facultades morales lo que conduciría a la enfermedad mental citando como elementos causantes al tamaño del cerebro, la herencia, la enfermedad, la fiebre, el clima, la dieta, la bebida y las medicinas.

El Psiquiatra Francés, Jules Séglas, a mediados del Siglo XIX, en sus estudios sobre psicopatología establece que “la organización de las concepciones delirantes llevará a una transformación radical de la personalidad”.

Contemporáneo a Séglas, el Psiquiatra James Cowles Prichard establece en sus investigaciones y en su obra “Treatise on insanity and other disorders affecting the mind”, en un concepto de “locura moral” dotada de unos ejes fundamentales como son los delirios o las alucinaciones. Basa su idea en una perversión de los principios morales de la mente sin ningún tipo de autocontrol. Prichard afirma la importancia en la alteración de la mente de la “furia abstracta y sanguinaria, con propensión ciega a los actos violentos”, estableciendo que este estado presentaría una normalidad total a nivel cognitivo con una lucidez por encima de la media de la población.

En 1857, Bénédict Morel desarrollaría una idea basada en la degeneración moral de algunos individuos en la que el cuerpo no sería más que un mero instrumento de la inteligencia, invirtiéndose esta relación cuando aparece la enfermedad mental transformando al ser humano en una bestia.

Henry Maudsley con su obra publicada en 1874, “Responsibility in Mental Desease”, introduciría el término de “inimputable” como característica de determinados individuos con ausencia de principios morales y que denominó “psicosis criminal”.

En 1891 Koch establece un cambio en el estudio psicopatológico, cambiando la idea de “locura moral” por otro término denominado “inferioridad psicopática”. Establecería la psicopatía como mal desarrollo del carácter atribuyéndole un origen congénito.

Emil Kraepelin en 1899, atribuye el estado paranoico al “desarrollo insidioso, bajo la dependencia de causas internas y según una evolución continua, de un sistema delirante duradero e imposible de sacudir, y que se instaura con una conservación completa de la claridad y del orden en el pensamiento, el querer y la acción” poniendo el acento de su alteración negativa en la vida afectiva y la capacidad volitiva.

Sería Ernst Kretschmer 1921, el que desarrollaría una clasificación biotipológica humana atribuyendo al biotipo leptosomático con dificultades de adaptación, haciendo sufrir a la comunidad o sufriendo en el seno de ella.

El Psiquiatra Schneider en 1923, define al psicópata como “sujetos de cabeza caliente”, con episodios de malas relaciones sociales y de pareja así como sus actos unidos al delito.

Sería precisamente Benjamín Karpman en 1961, el que diferenciaría ya al psicópata como un depredador dotado de insensibilidad, sin miedo o ansiedad y sin temor al castigo.

A partir de la segunda mitad del Siglo XX, el concepto psicópata entra en liza con el término académico de trastorno anti-social de la personalidad siendo éste incluido como un concepto diagnóstico que englobaría estos comportamientos psicopatológicos, abriendo un debate que se trasladaría hasta el Siglo XXI en el que el término Psicópata, se vería como un concepto diferenciado de dicho trastorno psiquiátrico.

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Resumen: El presente artículo hace un repaso histórico por el término "psicópata" como categoría clínica, y su evolución hasta el día de hoy, en que aparece ligado (no sin polémica) al trastorno anti-social de la personalidad.

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