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La incapacidad de gestionar los comportamientos violentos en las aulas

Las aulas son lugares en los que la propuesta consiste en abrir la mente y relajar el cuerpo, incorporando poco a poco el mundo simbólico, el discernimiento y el pensamiento.

En este pequeño mundo organizado para la simbología, aparecen, no obstante, situaciones que se inscriben dentro de una cosmovisión violenta derivada de una población muy cargada de hostilidad e incomunicación, manifestándose en forma de bullying, violencia física, agresividad; un mundo en el que el diálogo pierde valor en favor de otro tipo de interacción, obviamente menos deseable.

En este contexto, al docente se le plantean difíciles situaciones y encrucijadas, que en la mayoría de los casos no sabe gestionar y se le vuelven en su contra, provocándoles daños psicológicos graves y difíciles de superar.

¿Por qué los docentes no saben cómo manejar situaciones violentas en los centros educativos? El maestro de hoy se encuentra sumergido en un universo desconcertante y que no sabe manejar.

1.‐ El docente está entrenado para la simbología, la palabra y dista de estar preparado para responder convenientemente a la acción.

Si en la escuela, templo de lo simbólico y del pensamiento, aparece la reacción agresiva, esta se vive como algo inesperado de difícil interpretación y de complicada administración. La reacción en una escuela es como la zorra en el gallinero, se puede gestionar, pero el destrozo producido es inevitable.

2.‐ La escuela de hoy no es tan punitiva como la de antes, apenas se amonesta si el alumno contesta con cajas destempladas o arroja una tiza a la pizarra. Las transgresiones más graves que se pudieran imaginar antaño, quedarían hoy impunes.

3.‐El docente se enfrenta a unos alumnos muchas veces pasivos que pueden omitir las instrucciones del profesor, que, mientras el docente explica, ellos conversan plácidamente están mirando el móvil. Los docentes actuales afrontan actos tales como que un alumno patee a un profesor, peleas con armas blancas, etc…

4.‐ Al educador se le prepara para el utópico escenario en el que la escuela resulta un espacio ideal para el desarrollo pedagógico y donde los alumnos asisten deseosos de aprender.

Este tipo de formación, a pesar de todo lo expuesto, no ha sido modificada; el profesor no ha sido preparado para la gestión emocional de un grupo conflictivo, no está entrenado para este tipo de, cada vez más cotidianas, escenas violentas.

5.‐ Al profesor tampoco se le provee de las herramientas adecuadas para combatir dichas escenas de violencia y, así las cosas, sucede que hay que ser poco menos que un héroe de leyenda para ejercer la vocación de maestro en los momentos que corren.

Modificar el modus operandi, para evitar el daño psicológico

Si la comunidad escolar no modifica su modus operandi, no va a poder contener a una población de chicos que llega con unos altos niveles de violencia y de permisividad porque la sociedad se ha convertido a la vez en laxa y agresiva.

Dentro de las peores cosas que han llevado al país a la crisis, que aún campea y predomina, se encuentra el hecho cierto de que se han arrumbado ciertos ideales y principios que parecían eternos y universales.

Un docente puede reaccionar de muchas maneras frente a un acto violento: quedar paralizado, responder también violentamente, controlarse y reprimirse porque conoce las sanciones que comporta el actuar de otro modo.

Pero el mal, en todo caso, queda hecho porque le invade la sensación de impotencia, de tristeza, de total desamparo, de infravaloración, de frustración en suma.

Nota del Editor

Se ofrece para su descarga en PDF el documento “La gestión de conflictos en el aula”, firmado por Antonio Pantoja Vallejo (Universidad de Jaén), en el que se analizan los factores que determinan la aparición de situaciones conflictivas, y en el que se abordan diferentes propuestas de intervención en el aula con la finalidad de aportar aspectos prácticos y cercanos a la realidad que viven los centros escolares.


Recursos:
La gestión de conflictos en el aula
Fuentes:
Imagen cortesía de Pixabay.com

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