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Validación Clínica: Revisión clínica supervisada por Jose Manuel Garrido, Psicólogo colegiado AN06267.
El yo dividido (The Divided Self, 1960) es la obra más influyente del psiquiatra escocés Ronald D. Laing y uno de los textos fundacionales de la psiquiatría existencial.
En este libro, Laing intenta comprender la experiencia subjetiva de las personas diagnosticadas como esquizofrénicas o esquizoides, en lugar de considerarlas simplemente como portadoras de un conjunto de síntomas.
Para Laing, el término “esquizoide” se refiere a personas cuya experiencia está dividida en dos sentidos: se sienten aisladas y separadas del mundo, y además experimentan una división interna de su propio ser, como si la mente estuviera débilmente ligada al cuerpo o como si tuvieran diferentes yos.
Cabe mencionar que, por la definición que da Laing de estos procesos patológicos, él no describe solamente a personas psicóticas o con trastorno de la personalidad esquizoide sino también casos de personas que hoy probablemente serían diagnosticadas con un trastorno de la personalidad esquizotípica o un trastorno disociativo.
Influencias filosóficas: comprender la experiencia del paciente
El libro está profundamente influenciado por la fenomenología y el existencialismo, incluyendo a Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre, Karl Jaspers y Ludwig Binswanger. Influido también por la hermenéutica de Wilhelm Dilthey (1900), Laing propone una psiquiatría entendida como una “ciencia de las personas” y no como una “ciencia de las cosas”, es decir, una disciplina que comprenda la subjetividad del paciente y no lo reduzca a un objeto.
Su propuesta consiste en interpretar la experiencia del psicótico de manera semejante a como un historiador o interpretador de textos (hermeneuta) intenta comprender la experiencia de una persona perteneciente a una cultura lejana.
Laing busca comprender el ser-en-el-mundo de quienes padecen psicosis y otras formas graves de sufrimiento psicológico, evitando a toda costa el tipo de psiquiatría que emplea lo que denomina un “vocabulario de denigración” (Laing, 1975, p. 23).
La tesis central del libro es que muchos fenómenos psicóticos pueden entenderse como intentos comprensibles —aunque extremos— de preservar el propio ser frente a una profunda inseguridad ontológica.
Inseguridad ontológica
Uno de los conceptos más importantes del libro es el de inseguridad ontológica.
Una persona ontológicamente segura experimenta que su existencia es real y estable, se siente a sí mismo como vivo, entero, el mismo a lo largo del tiempo y distinto de los otros. En cambio, alguien ontológicamente inseguro (esquizoide o esquizofrénico) siente que la vida cotidiana amenaza con disolverlo.
El paciente psicótico puede sentir, en una discusión, que si pierde la discusión deja de existir. En otros casos puede sentirse a sí mismo como hecho de piedra, sentir que se funde con el paisaje, que está muerto o que es mecánico.
También puede lidiar de manera constante con el temor a “ser tragado”: el solo hecho de ser comprendido, amado o incluso visto son experiencias amenazantes. La vida es una lucha fatigosa para no desaparecer.
El caso de la señora D.: no poder ser uno mismo
La señora D., una mujer de 40 años, se sentía asustada de todo, incluso del cielo, y padecía arranques de ira contra su esposo. Ella describía que su temor era:
“… como si alguien tratara de levantarse dentro de mí y se esforzara por salir de mí”. Temía mucho ser como su madre, a la que aborrecía.” (Laing, 1975, p. 55)
Durante su infancia, la paciente nunca había comprendido qué esperaban sus padres de ella. Si hacía una cosa, estaba mal, si hacía lo contrario, también estaba mal. Además, las expresiones de amor y rechazo de sus padres eran impredecibles.
Con Laing, la señora D. se sentía deprimida, hacía preguntas y se las respondía ella misma, y decía que sus propios sentimientos eran infantiles. Laing relata que el discurso de la paciente le impresionaba como el de una madre que se queja de una niña difícil. Cuando se quejaba de su propio infantilismo parecía que su madre “estaba saliendo” en ella.
Además, algunas acciones de la paciente coincidían con cómo ella misma describía a su madre. Al igual que ella, constantemente les gritaba a su esposo y a su hijo, y se pasaba el día llorando.
Laing afirma que la paciente “padecía” el hecho de que no podía ser ella misma, sino que tenía que ser su madre.
Cuando se sentía sola y asustada, podía sentir que era ella misma. Pero solía mostrarse con características de su madre (enojada, gritona y llorona), lo que era un mecanismo defensivo que le permitía no sentirse asustada, pero la hacía sentir que no era ella misma.
A partir de este tipo de experiencias, Laing distingue entre un yo verdadero (true self), oculto y protegido, y un yo falso (false self), que permite relacionarse con el mundo. El falso yo protege al individuo de sentirse invadido o destruido, pero genera progresivamente aislamiento, irrealidad y vacío.
El caso de David: el yo verdadero y los papeles falsos
Otro caso central es el de David, un joven de 18 años cuya madre había muerto cuando él tenía 10 años. Era hijo único y estudiaba filosofía en la universidad. Su forma de vestir era extraña: llevaba una capa, bastón, pantalones muy cortos y zapatos grandes. Su lenguaje era artificial y consistía frecuentemente en citar a otros.
David relataba que antes de la muerte de su madre él había sido “lo que ella quería”. Había desarrollado un falso yo que hacía aquello que su madre esperaba, como si no tuviera voluntad propia.
Después de su muerte intentó separar completamente su yo verdadero de aquello que los demás podían ver. Se sentía tímido y vulnerable, pero podía enfrentar esa vulnerabilidad en el colegio desempeñando un papel. Llegó a pensar que todas las personas eran actores porque él mismo lo era.
Durante su infancia tenía como pasatiempo representar papeles frente al espejo, especialmente papeles femeninos de obras de teatro, utilizando la ropa de su madre. Pero ahora esos papeles amenazaban con dominarlo completamente. Para evitar comportarse como una mujer debía asumir otro personaje: una apariencia extraña que funcionaba como defensa.
Laing escribe:
“… este papel ‘esquizofrénico’ era el único refugio que lo ponía a salvo de ser totalmente tragado por la mujer que había en él, y que parecía estar surgiendo constantemente de él” (Laing, 1975, p. 68).
Desde una perspectiva contemporánea, tanto la descripción que hace Laing de la señora D. como la de David parecen encajar con el trastorno de identidad disociativo parcial de la CIE-11, donde una persona puede experimentar intrusiones de otros yos interiores pero que no llegan a tomar el control ejecutivo, y no hay amnesia de tales intrusiones (Organización Mundial de la Salud, 2022).
Laing describe que en este tipo de experiencia el individuo puede desarrollar diversos falsos yos o papeles frente a los demás, mientras un yo interior observa desde cierta distancia las acciones del cuerpo. El yo interior es puramente mental y observa los actos de su cuerpo que es visto como otro(s), y que desempeña(n) los papeles públicos (Laing, 1975).
Esta descripción me recuerda la filosofía dualista de René Descartes (1641/1977), quien describió su mente y su cuerpo como sustancias distintas.
La psicosis como estrategia de supervivencia
Laing propone que los síntomas psicóticos pueden comprenderse como intentos de preservar un yo extremadamente vulnerable. El retraimiento social, los delirios o ciertas conductas extrañas no serían solamente síntomas de una alteración biológica, sino respuestas defensivas frente a una enorme angustia.
Laing no niega el sufrimiento de la psicosis, propone comprenderlo desde la experiencia subjetiva de quien lo vive.
Relación con la antipsiquiatría e importancia actual
Aunque posteriormente Laing fue asociado con el movimiento de la antipsiquiatría, El yo dividido es un libro principalmente clínico y fenomenológico. No rechaza la existencia del sufrimiento mental ni niega la necesidad de ayuda terapéutica. Su propósito es mostrar que incluso las experiencias psicóticas y la división del yo poseen significado cuando se examinan desde la perspectiva del paciente.
Su principal aporte fue desplazar la pregunta desde “¿qué enfermedad tiene esta persona?” hacia “¿cómo experimenta esta persona su existencia y qué sentido tienen sus síntomas dentro de esa experiencia?”.
La influencia de Laing continúa presente en enfoques que buscan comprender la subjetividad en la psicopatología, integrar el contexto interpersonal y tratar a quienes sufren como interlocutores y no como objetos.
Estas ideas han influido en movimientos contemporáneos como Hearing Voices Network, algunas formas de psicoterapia para la psicosis y programas de intervención temprana que combinan tratamiento farmacológico, apoyo psicológico y comprensión fenomenológica de la experiencia.
Referencias
- Descartes, R. (1641/1977). Meditaciones metafísicas (V. Peña, Trad.). Alfaguara.
- Dilthey, W. (1900). Hermenéutica. En Obras completas (Vol. VII). Fondo de Cultura Económica.
- Laing, R. D. (1960/1975). El yo dividido. Fondo de Cultura Económica.
- Organización Mundial de la Salud. (2022). Clasificación Internacional de Enfermedades, 11.ª revisión (CIE-11).
Importante: Este contenido es supervisado por psicólogos titulados, no obstante tiene un carácter exclusivamente divulgativo y no sustituye un diagnóstico o tratamiento profesional.







