Padres sobreprotectores-Niños inseguros

Padres sobreprotectores, niños inseguros

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Nadie dijo que ser padre sea tarea fácil. De hecho, existen cientos de libros dedicados a enseñarnos cómo hacerlo mejor en la crianza de nuestros hijos, y aún así, sacarlos adelante y darles una buena educación puede convertirse en una ardua tarea.

Siempre se ha dicho que un buen padre, o madre, es aquel capaz de encontrar el equilibrio entre ser afectuoso y a la vez lo suficientemente autoritario con su hijo. Dicho de otra manera, saber darle el amor que necesita mientras se logra que atienda a una serie de normas de educación y convivencia que conviene aprender.

Pero, ¿qué ocurre cuando este equilibrio se rompe? ¿Qué pasa cuando un padre da demasiado afecto a su hijo, poniéndolo en un pedestal y no es capaz de decirle lo que hace mal? ¿Y cuándo solo se le trata de forma autoritaria, sin mostrarle un ápice de cariño? ¿Qué pasa cuando se le coloca en una burbuja en la que no se le permite explorar por sí mismo?

En este post hablamos de:

La sobreprotección y sus riesgos

En este artículo vamos a centrarnos en el caso de aquellos padres que, con la mejor de las intenciones, se centran en proteger a sus hijos como si lo peor del mundo fuese a sucederles a cada momento.

De esta manera, no les permiten explorar adecuadamente su entorno, ni exponerse al más mínimo riesgo, llegando a hacer las cosas por ellos en la mayoría de los casos para que no se frustren ni se dañen.

Resulta fundamental mencionar lo importante que es que el niño vaya aprendiendo acerca de su entorno por su cuenta. Aunque a veces no nos guste, nuestro hijo debe equivocarse y aprender de sus errores, aprender qué es peligroso y qué no lo es, y debe hacerlo por sí mismo.

Esto no significa que los padres deban abandonarlo a su suerte e ignorarlo, sino más bien de que sean capaces de enviarle este mensaje: “cariño, aprende por ti mismo, nosotros estamos aquí contigo si nos necesitas”

Esta no siempre es la actitud que muchos padres muestran. De hecho, existen infinidad de casos en los que estos tratan de vivir a través de sus hijos. Tal es así, que se apresuran a hacer que evite todo contacto con lo que ellos consideran peligroso, dificultando su propio aprendizaje.

Si los padres no estamos dispuestos a enviar a nuestro hijo un mensaje de confianza, lo que estaremos haciendo es inyectándole cada vez dosis mayores de miedo. De esta forma, el o la pequeña necesitará cada vez más de nuestra confirmación para hacer cosas. Y lo que es peor aún, no confiará en sí mismo para superar las adversidades.

El problema reside en que muchos padres no aceptan experimentar ellos mismos la incertidumbre que les genera el hecho de que su hijo/a explore el medio. Si, por ejemplo, su hijo quiere pasar un fin de semana en la playa con los amigos, un padre sobreprotector podría negarse, al no querer vivir la angustia de cómo estará.

Insistimos que en el fondo lo que se transmite es la idea de “no confío en ti”, “no creo en ti, ni en que serás capaz de cuidarte por ti mismo/a”.

¿Cómo manejar todo esto?

Nos gustaría insistir en que, a veces, puede no ser nada fácil evitar caer en la trampa de la sobreprotección. Casi instintivamente nos va a salir defender y salvaguardar a nuestro hijo, especialmente a edades más tempranas. Sin embargo, debemos saber que lo verdaderamente beneficioso está en permitir a nuestro hijo ser por sí mismo.

Los padres deben ser capaces de crear un balance positivo entre la aplicación de normas y dejar a sus hijos equivocarse, frustrarse y aprender. Si esto significa asumir algunos riesgos o vivir un poco de angustia, quizá no nos quede más remedio…

Los psicólogos no nos cansamos de repetir que las consecuencias de un exceso de protección en un hijo pueden ser mil veces peores que un percance vivido por permitirle experimentar. En otras palabras, y aunque suene duro: más vale una visita al hospital por una brecha al caerse de un tobogán que no permitir al niño subirse a un tobogán en absoluto.

Está demostrado que los niños con miedos inculcados de sus padres son enormemente más infelices a la larga, con una alteración importante de su autoestima y una vida menos plena. Por el contrario, aquellos que sí contaron con el apoyo y la confianza de sus padres para explorar por sí mismos, manifiestan valores más elevados de lo anterior.

En resumidas cuentas, si eres padre o madre y de corazón quieres lo mejor para tu hijo/a, no olvides dejarle que experimente algunas dosis de realidad por sí solo/a. Equivocarse es humano, y a veces es necesario pasarlo un poco mal para entender cómo funcionan las cosas.

Si estamos demasiado encima para evitarles el sufrimiento, estaremos creando a una persona infeliz, con miedos e incluso enfadado con sus padres por ello en el futuro.

Un estudio científico sobre padres sobreprotectores

Se han realizado numerosos estudios sobre el efecto que los llamados «padres helicóptero» pueden llegar a tener sobre el desarrollo emocional de los niños. Uno de los más relevantes es el realizado por la APA (Asociación Americana de Psicología) en 2018.

El estudio, liderado por la psicóloga Nicole Perry, contó con 422 niños y niñas que fueron seguidos en su crecimiento durante 8 años, entre los 2 y los 10 años de edad, y sus conclusiones fueron claras:

  • Existe una clara relación entre el control excesivo por parte de padres y madres cuando los niños tienen dos años de edad y la posterior falta de regulación emocional en niños de cinco años de edad.
  • Los niños con padres y madres helicóptero tienden a ser menos capaces de lidiar con los retos de su propio crecimiento, especialmente en el entorno escolar y en ambientes sociales.

Siguiendo a la autora del estudio, como padres y madres debemos ayudar a los niños a identificar estrategias positivas para gestionar sus emociones, y la mejor herramienta para ello es aprendiendo a gestionar nuestras propias emociones y comportamientos cuando estamos tristes o enfadados.

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