Eneatipo ocho

Eneatipo 8: la obsesión por el control

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Continuamos con nuestro análisis en detalle del Eneagrama de la personalidad. En esta ocasión vamos a centrarnos el en octavo de los eneatipos, el cual tiene muchas claves que ofrecernos. Nos detendremos en profundizar qué le caracteriza, cómo se forja esa forma de ser y cómo se puede optimizar.

Nos ponemos pues manos a la obra con las necesarias precauciones que la evidencia científica nos aconseja.

¿Cómo es un eneatipo ocho?

Tal y como habrás podido deducir del título de este artículo, un eneatipo número ocho buscar tener el máximo control posible de las situaciones y de las personas. No estamos hablando aquí de un control posesivo, sino más bien de su necesidad de evitar a toda costa que sean los demás quienes les dominen.

Una persona que se identifica con este grupo odia que le digan lo que tiene que hacer, así que elige estar al mando para mantener una sensación, no siempre realista, de seguridad.

Como norma general, este tipo de personas se esconden detrás de una coraza para protegerse. Su punto débil es su auténtica sensación de vulnerabilidad, la cual combate con la proyección de una imagen de persona que intimida, con una mirada desafiante e incluso mostrando su lado más agresivo.

Huelga decir que, en realidad, en el fondo cuentan con una parte muy tierna e inocente, la cual tiene verdaderas dificultades para mostrar. Únicamente logra hacerlo ante personas de su total confianza, o mejor dicho, ante aquellas que no considera una amenaza.

Lo más negativo de esta forma de relacionarse es la necesidad de vivir a la defensiva. Cualquier intento de los demás por someterles o dominarles es entendido como un ataque que debe ser repelido de inmediato.

Esto puede generar graves problemas de vinculación con el otro, el cual puede acabar cansándose de la constante mala interpretación de sus gestos por parte de un número “ocho”.

¿Cómo se forja un «número ocho»?

Como siempre decimos, no existe una única causa que explique este tipo de comportamientos. Se ha especulado acerca de una sensación de desprotección vivida en la infancia, en la que el pequeño en algún momento percibió que no podía contar con sus padres para protegerle.

De esta forma, fue desarrollando un carácter basado en la necesidad de ser una persona fuerte, dura y luchadora.

En su justa medida, el desarrollo de este tipo de cualidades puede resultar positivo. Mostrarse independiente y capaz de defenderse es una virtud, aunque no es esto precisamente lo que ocurre en estos casos. Más bien estamos hablando de una hiperreactividad, de una constante tensión y miedo a sufrir daño.

¿Se puede hacer algo para aliviar estos rasgos?

Uno de los elementos predominantes en un número ocho tiene que ver con sus ansias de poder. De alguna forma, la persona acaba aprendiendo que siendo “el más poderoso” puede intimidar a los demás y hacerse respetar.

Así, mostrase como alguien independiente, fuerte y con liderazgo se convierte en su auténtico sentido de vida.

Sin embargo, poco a poco la persona va aprendiendo que resulta imposible ser feliz actuando de esa forma. Por lo tanto, se hace necesario una relajación de estos rasgos para poder disfrutar de los demás y de sí mismo de una manera más saludable.

El primero de los aspectos a tener en cuenta, y quizá el más importante, tiene que ver con el reconocimiento de la propia vulnerabilidad. Un número ocho debe reconocer y aceptar que es un ser humano como todos los demás, y que como tal, es susceptible de sufrir daño.

El hecho de haber sufrido en el pasado no significa que siempre vaya a ocurrir, y refugiarse tras esa coraza de por vida no es la mejor solución. Por tanto, abrirse a los demás y abrirse al mundo, constituye uno de los principales desafíos para este tipo de personas.

Por otro lado, practicar el perdón y la compasión puede convertirse en una herramienta más que interesante para poder avanzar.

Quedarse atascado en el rencor hacia aquellas personas que nos hicieron daño puede resultar tentador, pero dejarlas marchar es mucho más inteligente y saludable. Por tanto, un número ocho debe mirar en su interior y aprender a “soltar” todo aquello que esté contribuyendo a su carácter agrio y rígido.

Finalmente, relajarse y soltar el control pueden ser muy útiles en estos casos. Dejar las cosas fluir, no enredarse en discusiones absurdas con los demás y centrarse en lo que verdaderamente gusta y hace feliz es la mejor receta para vivir mejor.

Como suele decirse, es mejor tener paz que tener razón. Y afinando aún más en este caso: es mejor tener menos poder y ser feliz que vivir esclavo de un rol que hace tanto daño.

Referencias:
Eneagrama para terapeutas. Carmela Ruiz (2017)

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