Eneatipo Dos

Eneatipo 2: «Si pienso en mi, soy egoísta»

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Continuando con otra de las categorías del ya mencionado Eneagrama, en este artículo nos gustaría profundizar en quizá una de las más curiosas en cuanto a su significación psicológica. Hablamos del Eneatipo número dos.

Es necesario insistir en que la información que a continuación se aporta ha de considerarse con las debidas precauciones, en el sentido de que el Eneagrama no constituya una entidad validada por la ciencia en sí misma. A pesar de ello, los datos que a continuación se aportan pueden resultar de gran interés.

¿Qué define a un Eneatipo 2?

Las personas cuyo modo de pensar, sentir y actuar en el mundo se engloban dentro de esta tipología son aquellas cuya principal meta consiste en sentirse queridas por los demás.

Al leer esto, quizá nos venga a la cabeza que esto es algo que todos queremos, sin embargo, en este caso existen una serie de peculiaridades.

En primer lugar, un Eneatipo número dos realmente no se quiere ni valora demasiado a sí mismo. Por lo tanto, busca dicha valoración en el mundo exterior, a través de su relación con los demás.

Es decir, trata por todos los medios de lograr que otro le haga cambiar de idea, o al menos, le haga sentirse amado.

Precisamente para lograr esto, un “tipo dos” utiliza un arma muy poderosa: se centra en ser una buena persona, en entregarse a los demás y en tratar de satisfacer sus necesidades al máximo. De esta forma, indirectamente espera encontrar ese tan ansiado reconocimiento y valía de su persona.

Quizá a estas alturas nos preguntemos por qué estas personas utilizan esta estrategia (en gran parte inconsciente) para lograr ser queridas.

Para responder a esta pregunta nos centraremos en un aspecto clave de la personalidad de un tipo dos, y es que tienen verdaderas dificultades para expresar sus necesidades y demandar cariño.

“Si pienso en mí, soy egoísta”

Las personas de las que hablamos llegan a auto-prohibirse el hecho de pedir lo que desean. De algún modo, a lo largo del aprendizaje de su vida han interiorizado que deben centrarse en los demás y que sus necesidades son más importantes que las propias.

Este es el caso de aquellas personas que, por ejemplo, han tenido que cuidar a sus padres o hermanos durante años, olvidándose por completo de ellas mismas.

Una nota curiosa es que este modo de comportarse les hace desarrollar lo que se denomina una “generosidad egocéntrica”, es decir, ayudan a los demás esperando recibir su recompensa en forma de afecto y reconocimiento.

En realidad, estas personas tienen pánico a no ser queridas por lo que son, y es por eso por lo que se entregan en cuerpo y alma a los demás.

Esta actitud entregada y en apariencia solidaria, esconde en muchas ocasiones un profundo orgullo y falta de humildad. Es decir, estas personas llegan a pensar que son verdaderos conocedores de lo que el otro necesita, y se empeñan en dar consejos que, de no ser tenidos en cuenta, les generan una gran frustración.

Rasgos psicológicos del Eneatipo 2

Un tipo dos, por lo general, es una persona con una alta probabilidad de desarrollar un trastorno de personalidad dependiente, en el que a menudo existe una insana necesidad de de ser imprescindible para los demás.

Por otro lado, también es frecuente la coexistencia de rasgos como la dominancia, la manipulación y la seducción. Recordemos que lo más importante para ellos es lograr que el otro sienta que le necesita, y para lograrlo no es extraño que recurran a un tono amable y adulador.

Hemos de resaltar que también es muy frecuente la existencia de sentimientos subjetivos de rabia y frustración ante el rechazo de los demás a seguir sus directrices. Si alguien rechaza su ayuda o la cuestiona, pueden sentirse profundamente irritados.

En cuanto a su mecanismo de defensa, destacar que suele ser la represión. Sus propios impulsos y demandas personales son reprimidos, y no se permiten reconocer cosas que para ellos son inaceptables.

Propuestas para el cambio

Como es de esperar, el principal objetivo del trabajo terapéutico con un tipo dos tiene que ver con el hecho de ayudar a esta persona a valorarse a sí misma.

Será fundamental, por tanto, animarla a que inicie un viaje de auto-descubrimiento en el que logre comprender que es una persona digna de amor y que tiene derecho a ocuparse de sus propias necesidades.

Por otro lado, no debemos olvidar que en este proceso puede resultar muy útil aprender a estar solos. Es ahí donde la relación de estas personas con ellas mismas puede realmente mejorar si se enfocan de la manera adecuada.

Finalmente, aprender a establecer relaciones más sanas con los demás, sin esa necesidad obsesiva de agradar y ser bueno con ellos continuamente, constituirá una de las metas más interesantes del crecimiento.

Para ello, puede ser muy útil trabajar las habilidades sociales y la asertividad como un modo de lograr expresar las propias necesidades de un modo más sano y constructivo.

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