miedo

Vivir sin miedo ¿Nos hará más felices?

Casi todos los días leemos sobre una nueva investigación que demuestra los efectos destructivos del estrés en nuestro cuerpo y en nuestra mente. Esto nos lleva generalmente a tratar de eliminar cualquier atisbo de miedo en nuestras vidas.

Tratamos de hacerlo de muchas maneras diferentes, algunas útiles y otras no tanto: Yoga, meditación, medicamentos, alcohol, exceso de comida, huyendo, negando nuestra realidad… Está claro que nuestros métodos cubren toda una gama de estrategias, en ocasiones peores que la enfermedad.

El psicoterapeuta Thom Rutledge, autor de «Abrazando el Miedo: Cómo convertir lo que nos asusta en nuestro regalo más grande», sugiere un enfoque diferente, cambiando nuestra relación con el miedo en lugar de intentar esquivarla: «Hemos utilizado nuestra inteligencia superior para crear un monstruo de lo que es esencialmente una respuesta sana y natural a las situaciones adversas o potencialmente peligrosos». Para Rutledge, la cuestión no es cómo librarse de ese monstruo, sino cómo vivir más allá de su control tiránico.

De una manera compasiva, inteligente, y a menudo divertida, el autor describe cómo distinguir entre el miedo saludable (Ally o Aliado) y el temor insano (Bully o Matón), dos de las voces que viven en nuestra cabeza como miembros de nuestro comité interno.

Algunos atributos del miedo saludable son:

– Permanecer alerta de manera consciente. – Advertir al instante sobre un verdadero peligro. – Motivar para tomar las medidas adecuadas, centradas en soluciones. – Informar de los hechos sin dramatismo.

Por el contrario, las características del miedo insano incluyen:

– Permanecer hiperviligante exagerando el peligro imaginado. – Quedar paralizado ante la enormidad del peligro potencial. – Proyectar en el tiempo los problemas que podrían ocurrir en el futuro inmediato o a largo plazo.

Si detectamos que el miedo sano (al que podríamos llamar también intuición) nos está hablando, podemos utilizar la reevaluación cognitiva, para alterar la forma en que pensamos acerca de una circunstancia que induce al miedo. Para ello podemos hacernos alguna de las preguntas siguientes:

1. ¿De qué estás tratando de protegerme? El temor saludable cumple una importante función para preservar nuestra seguridad básica. Estamos agradecidos por la adrenalina que sentimos cuando estamos cruzando la calle y un coche aparece súbitamente. Nos impulsa de inmediato a saltar a un lado y ponernos a salvo. Se trata de un miedo adaptativo.

2. ¿Qué puedo aprender de esta situación? Si tenemos un enfrentamiento con nuestro jefe y nos asalta el miedo al verlo en la puerta de la oficina, podemos reevaluar nuestra parte de la interacción y aprender de ello. ¿Hemos cumplido con nuestro trabajo? ¿Hemos propiciado una tranquila conversación al respecto?.

3. ¿Hay un modo más constructivo de ver esta experiencia? Tal vez hemos pasado por una dolorosa ruptura de una relación o perdimos el contacto con nuestros amigos. Como resultado, nos sentimos solos e incapaces de conocer gente nueva. Podríamos replantear la situación que nos da la oportunidad de practicar e iniciar conversaciones con desconocidos y probar algunas nuevas actividades de grupo, como senderismo, baloncesto, o tardes de cine.

4. ¿Estoy dispuesto a vivir con la incertidumbre? Tenemos que aceptar que no tenemos el programa completo en cuanto a la forma de proceder en cualquier situación, ni tenemos el control de lo que podría suceder en el futuro. Así que muchos factores están fuera de nuestro ámbito de influencia. Sin embargo, con nuestro aliado a nuestro lado (el miedo saludable), en palabras de Rutledge, podemos decir: «¿Puedo fallar? Sí. ¿Fallaré? Puede ser. ¿Voy a ocultarme o a huir de esta situación? No, estoy dispuesto a correr el riesgo».

5. ¿Estoy dispuesto a sentir un cierto malestar con el fin de aumentar mi valor? Muchas investigaciones han demostrado que un sentido de auto-eficacia (el sentido de la capacidad para realizar tareas y lograr objetivos) está estrechamente ligada a nuestro sentido de la felicidad y el bienestar. Es irónico sin embargo que a menudo, cuando hacemos caso al temor saludable sentimos más ansiedad por negarnos a nosotros mismos la experiencia de vivir con el miedo, actuando de una manera constructiva y desarrollando de este modo una mayor confianza. Es importante experimentar dificultades para crecer.

Rutledge describe su lema personal como «Vivir Sin Miedo«, no en el sentido de que el miedo no existe, sino haciendo ver la necesidad de afrontarlo en el día a día. Y en este sentido afirma: «A pesar de que nosotros no controlamos lo que va a suceder, si estamos a cargo de cómo vamos a responder, y la capacidad de responder es lo que determinará nuestro nivel de satisfacción, cumplimiento, e incluso felicidad.»


Recursos:
Aunque tenga miedo, hágalo: Técnicas dinámicas para convertir….
Fuentes:
Extraído de Happiness: What’s Fear Got To Do With It? Imagen cortesía de idahoeditor

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