¿Sabes de dónde viene la felicidad?

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En la vida existen grandes paradojas. Una de ellas es encontrar la felicidad pero pocos conocen de dónde viene.

La felicidad puede ser definida de muchas maneras, puede tener componentes distintos, puede suponer un esfuerzo diario o simplemente no necesitar ningún esfuerzo para sentirla. Pero encontrar la felicidad, para la mayoría, resulta un objetivo que se nos escapa.

Como en casi todo, existen buenas y malas noticias acerca de esta búsqueda. Se suele establecer una división entre la influencia que tienen los diferentes factores genéticos y ambientales.

En cuanto a la felicidad se suele decir que no podemos controlar un 50 % de ella, porque es lo que está prefijado por nuestros genes. El 50% restante lo podemos explicar a través de nuestras circunstancias ambientales y de las actividades que elegimos hacer día a día.

Las circunstancias felices

Entendemos como circunstancias medioambientales la cantidad de dinero de la que disponemos, nuestro nivel educativo, si vivimos en un país rico o pobre, nuestra edad, si estamos casados o si somos religiosos o no, etc.

Todos estos factores se relacionan con la felicidad. ¿De qué forma? Por ejemplo, los niveles educativos altos se asocian con más felicidad. Asi como también una mayor edad y estar casados.

A pesar de que las circunstancias ambientales importan, estas circunstancias nos influyen, según Sheldon y Lyubomirsky (2007), en tan sólo un 10%.

La actividad intencionada

Lo que realmente podemos hacer para variar nuestros niveles de felicidad es lo que hacemos diariamente. Lo que Sheldon y Lyubomirsky denominaron como “Actividad Intencional”. Ven estas actividades como aquellas que realmente influyen en nuestro nivel de felicidad determinado por nuestra genética y nuestros circunstancias ambientales.

La primera vez que probamos algo que nos estimula y entretiene, es muy probable que nuestros níveles de felicidad se incrementen considerablemnte. Da igual que sea saltar en paracaídas, sea el primer beso con nuestra pareja o leer un nuevo libro. Las experiencias nuevas nos estimulan los centros de placer y esto hace que nos sintamos bien.

Desafortunadamente, cuando realizamos la misma actividad placentera una y otra vez, pronto, nos acostumbramos a ella y no nos produce el mismo placer que al principio. A esto los psicólogos lo han llamado ‘Adaptación hedónica’. La cantidad de placer que obtenemos de la misma actividad desciende con la exposición repetida.

Esto llevó a Lyubomirsky, Sheldon y Schkade (2005) a sugerir que las actividades que elijamos tengan estas tres características:

1. Deben ajustarse a nuestras necesidades y a nuestras personalidades. Por ejemplo, si no te atraen los saltos en paracaídas, probablemente esta actividad no llene tus necesidades.

2. Su contenido debe variar ¿Siempre corres haciendo el mismo recorrido? Variar la rutina ayuda a minimizar el efecto de la Adaptación Hedonística.

3. El horario en que lo hacemos debe variar. Ayuda también a minimizar el efecto de la Adaptación Hedonística.

¿Cambiar las prioridades?

Jeremy Dean, psicólogo, destaca que las actividades que hacemos diariamente son cuatro veces más importantes que nuestras circunstancias vitales. Lo que vamos a priorizar en nuestro día a día será lo que marque la diferencia en nuestros niveles de felicidad. Por ejemplo, piensa si te compensa pasar tiempo en la oficina para conseguir un ascenso o estar en casa disfrutando con tu familia.

No sólo centrarnos en el aquí y ahora nos va a proporcionar felicidad. Los planes a largo plazo como estudiar para conseguir un mejor puesto de trabajo también puede suponer tener más tiempo y dinero para realizar aquellas actividades de las que disfrutas.

Generalmente, nos centramos en nuestras circunstancias vitales/ambientales para explicar nuestro estado anímico en detrimento de las actividades que realizamos diariamente. Lo que las investigaciones en psicología sugieren es que los placeres cotidianos tienen el poder de hacernos y mantenernos felices.

¿Sabes de dónde viene la felicidad? Alejandra Sierra
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Resumen: La conclusión a la que llegan los últimos estudios es que alcanzar la felicidad y mantenerla depende de los pequeños placeres cotidianos.

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