Cinco cosas que la repugnancia nos dice de nosotros mismos

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La repugnancia nos tiene en sus garrasEl asco es una de nuestras más poderosas emociones, llegando a influir en nuestros hábitos más íntimos, nuestras interacciones sociales y nuestro juicio moral. Sin embargo, todavía no ha sido bien entendida en cuanto a su importante misión evolutiva.

Y es realmente una lástima, porque la repugnancia nos puede enseñar mucho acerca de nosotros mismos y de nuestra conducta. Aquí van algunas consideraciones que nos harán reflexionar sobre la utilidad de esta emoción tan denostada:

1 . El cerebro no es sólo para pensar.

Generalmente consideramos que el cerebro es para pensar, para meditar o para solucionar problemas. Pero el pensamiento es sólo la guinda del pastel. Los cerebros evolucionaron ayudando primero a los animales a comportarse de manera que obtuvieran lo que necesitaban en cada momento.

Una necesidad fundamental de cualquier  animal es la de no ser comido. De ahí que todos los animales tienen estrategias de comportamiento para mantenerse a salvo de los depredadores. El sistema que conduce a tal comportamiento se llama miedo. Pero no son sólo los depredadores los que quieren comerte. Miles de millones de microbios y parásitos están acechando a cada momento. El sistema cerebral que nos mantiene lejos de estos micro-depredadores se llama asco.

Nuestros cerebros identifican instintivamente todo aquello que nos produce asco como material contaminado o potencialmente peligroso, dictando en consecuencia el comportamiento apropiado: “¡ No mires, no toques, no comas”. Nuestros cerebros evolucionaron para obligarnos a hacer estas tareas sin necesidad de una actividad consciente o racional. Nuestros cerebros son por tanto para el comportamiento.

2 . Somos repugnantes.

Por desagradable que nos resulte somos una masa de material infeccioso. Servimos de hogar a miles de millones de microbios, millones de gusanos y un montón de otras criaturas parásitas. Somos por lo tanto, una amenaza de enfermedad para otras personas y en consecuencia somos repugnantes.

Pero ser repugnante es sólo una parte del problema para una especie social como nosotros. ¿Cómo conseguir todos los beneficios de la cooperación con amigos y conocidos? La respuesta es simple: los buenos modales.

Debido a que somos repugnantes necesitamos tener buenos modales para conseguir un equilibrio razonable entre el asco potencial que provocamos y el ser aceptados como miembros de la sociedad.

3 . Tus antepasados ​​tienen el control.

A pesar de que la repugnancia pueda parecer racional, no está realmente bajo nuestro control consciente. Intenta este experimento: Toma un vaso, escupe en él, déjalo durante un rato y vuelve a recogerlo de nuevo. Ahora bebe. ¿Difícil verdad? En realidad es casi imposible. Racionalmente sabes que lo que está en el vaso es lo mismo que lo que está en tu boca, saliva viscosa con todos sus millones de virus y bacterias.

Pero las voces de tus antepasados ​​te dicen que todo lo que se escupe es malo para beber. Lo mismo se aplica a todos nuestros fluidos corporales. Mientras que están dentro de nosotros podemos tolerarlos, pero una vez evacuados o derramados, se vuelven repugnantes. La voz ancestral de precaución nos dice que mantengamos esos fluidos alejados de nosotros.

4 . La repugnancia es un sentimiento.

Si preguntamos ¿qué es el asco? la mayoría de la gente diría que es un sentimiento. Todos los animales necesitan evitar los organismos patógenos, por lo tanto, todos los animales tienen sistemas cerebrales vinculados con el asco, ya que sin ellos los parásitos habrían provocado su extinción. Sin embargo, no todos los animales sienten asco. Los sentimientos son probablemente únicos en los primates superiores que pueden alcanzar un control ejecutivo de la conducta.

Sólo los humanos pueden decidir que van a guardar la comida en la nevera ahora, debido a que pueden imaginar y sentir que la comida se convertirá después de tres días en algo repugnante. Los sentimientos son la forma en que los seres humanos aprovechamos la sabiduría de nuestros antepasados y nuestras emociones, y cómo empleamos esa sabiduría para planificar el futuro.

5 . El asco es también una emoción.

El asco es una emoción. Es un sistema cerebral que hace que nos comportemos de una manera que nos ayuda a evitar peligros potencialmente graves. Algo parecido a lo que ocurre con el  miedo. No todos los sentimientos pueden ser definidos además como emociones. (Por ejemplo la felicidad es un sentimiento pero es muy genérico y no nos ayuda a satisfacer una necesidad específica, por lo tanto, no debería ser clasificada como emoción).

Comprender que las emociones como la repugnancia han evolucionado para hacer que nuestros antepasados ​​se comporten de manera que puedan preservar sus genes debe ayudarnos a todos a entender mejor lo que somos.

Ofrecemos para su descarga un interesante artículo firmado por Bonifacio Sandín, Paloma Chorot, Miguel A. Santed, Rosa M. Valiente y Margarita Olmedo (Universidad Nacional de Educación a Distancia – Madrid) que bajo el título “Asco y Psicopatología: Nueva frontera en Psicología Clínica” nos ofrecen una revisión del concepto y su relación con la ansiedad y algunos de sus trastornos.

Adaptado de Disgust Has Us in Its Grip by Valerie A. Curtis, Ph.D. in Don’t Look, Don’t Touch!

Imagen cortesía de Rachael Towne vía Flickr

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Resumen: La repugnancia (el asco) es una de nuestras emociones más poderosas, con una misión evolutiva similar a la del miedo: protegernos.

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