Ley de las consecuencias imprevistas

La ley de las consecuencias imprevistas, ¿vale la pena arriesgarse?

El cambio puede llegar a ser atemorizante, especialmente si has oído hablar de la ley de las consecuencias imprevistas. Esta, propone que el accionar de las personas siempre traerá aparejados resultados que no se habían tenido en cuenta. Sin embargo, las consecuencias, no tienen por qué ser algo malo, sino que podrían de igual modo ser beneficiosas.

En este artículo, hablaremos acerca de la ley de las consecuencias imprevistas y sus implicaciones, para que puedas pararte de otra forma frente al cambio. Si quieres saber acerca de ella, sigue leyendo.

¿De qué trata la ley de las consecuencias imprevistas?

Fue Robert K. Merton, el famoso sociólogo estadounidense fallecido en 2003, quien propuso la denominada “Ley de las consecuencias imprevistas”. Esta línea de pensamiento se centra en las acciones humanas y la magnitud de su impacto.

Su idea principal consiste en que los comportamientos de las personas, incluso en mayor medida si se producen de forma colectiva, tienen resultados más allá de sus intenciones originales. Es decir, ante un accionar humano, se producirán no solo las consecuencias intencionadas por su autor, sino también otras que, en un primer momento de planificación, no se habían contemplado.

Una mirada controversial

Las ideas de Merton despertaron grandes controversias. Esta corriente, propone una posición conservadora, etiquetando indirectamente al cambio como arriesgado, dejando entrever sesgos de quietud y conformismo. Desde esta postura, convendría “no modificar las cosas” o “no hacer nada” ya que, de accionar, podríamos acabar por toparnos con consecuencias que no teníamos en cuenta.

Es, por otro lado, obvio pensar que, así como plantea la ley, a más personas involucradas en un accionar, más difícil será prever a dónde esa acción deparará y el impacto que generará.

Esta propuesta va de la mano con la famosísima ley de Murphy, que propone algo similar: todo lo que puede llegar a salir mal, en efecto, lo hará. Sin embargo, Merton, no lleva necesariamente hacia el lado negativo a las consecuencias imprevistas. Estas, de otro modo, podrían ser tanto beneficiosas como perjudiciales.   

Diferentes clases de consecuencias

Como ya fue adelantado, la ley de las consecuencias imprevistas no especifica una dirección en la que necesariamente se producirán los resultados que no pueden preverse en el accionar de los seres humanos.

En una acción en conjunto, las consecuencias podrían llegar a ser tanto malas como buenas. Por ello, ahora, te hablaremos acerca de la dirección en que pueden darse las consecuencias según la ley propuesta por Merton.

Resultados rotundamente negativos

En ciertas ocasiones, se ha visto que la conducta humana ha llevado accidentalmente a resultados no deseados, incluso, que se intentaban evitar. Con esta clase de acontecimientos, nos referimos a aquellos cuyas intenciones iniciales eran realmente buenas, pero acaban lamentablemente por ser perjudiciales.

En muchas ocasiones, se han introducido especies en países para fomentar actividades tales como la caza, como sucedió con conejos en Australia. Sin embargo, este accionar acabó por derivar en una plaga de conejos en el país.

Un ejemplo cotidiano de consecuencias imprevistas negativas podría ser pedirle a un ser querido prestado su auto y, antes de entregárselo, llevarlo a un sitio para que puedan lavarlo. Imagina que allí, usan un líquido para quitarle la suciedad que termina por manchar de forma permanente el tapizado del auto de la persona que te lo ha prestado. Tu intención había sido buena, pero, el resultado terminó por ser perjudicial.

Resultados positivos o serendipia

Por el nombre de serendipia, también se conoce a los resultados que no habían sido contemplados, pero acaban por ser positivos. Se llama serendipia, a un descubrimiento importante que se produce por azar, sin siquiera haber sospechado que podría llegar a producirse.

En muchas de las situaciones en las que se produce, una persona se plantea una intención determinada, pero termina por obtener resultados muy diversos que incluso podrían tener un mayor impacto o beneficio.

Las serendipias son usuales en medicina, y han llevado al descubrimiento de fármacos tales como la penicilina o el viagra de manera accidental. Sin embargo, la serendipia que probablemente sea la más famosa, fue el descubrimiento de la gravedad por parte de Isaac Newton quien, descansando bajo un árbol y tras la caída de una manzana sobre su cabeza, se preguntó por qué los objetos siempre se dirigían hacia abajo naturalmente.

Resultados perversos

En esta clase de consecuencias, los resultados obtenidos son totalmente contrarios a los esperados, y perjudican severamente a otra u otras personas, lo que las vuelve de suma gravedad.

Ejemplos de este tipo de resultado pueden observarse cuando se toma alguna medida legal para beneficiar algún sector social, y la decisión acaba por perjudicar a otro. O, por ejemplo, cuando se prohíbe legalmente un cierto fármaco por sus efectos y, al final, termina por popularizarse y comercializarse de manera ilegal aún más que antes de su prohibición.

¿Un modo de pensar precavido, o demasiado conservador?

La ley de las consecuencias imprevistas plantea que el cambio traerá siempre aparejados resultados que en la planificación no habían sido contemplados. Esta posición puede llevar a pensar de forma negativa acerca de cambiar o accionar.

Sus ideas, podrían llevar a una persona a quedarse siempre en su zona de confort, en lo ya conocido, por miedo a lo que podría llegar a suceder. Sin embargo, también ya sabrás, que las consecuencias que no puedes prever no necesariamente deberán ser perjudiciales. Es más, grandes descubrimientos para la humanidad se han dado de manera accidental.

Tomar riesgos es necesario para poder lograr resultados diferentes a los que ya conoces, que podrían dejarte en una posición mucho mejor de la que tienes ahora. La ley de las consecuencias imprevistas ha dejado grandes enseñanzas. Y tú, ¿te arriesgarías a hacer las cosas de otro modo a pesar de la incertidumbre?

Referencias bibliográficas

  • Fink, D. (2003). The law of unintended consequences: The ‘real’cost of top-down reform. Journal of Educational Change, 4(2), 105-128.
  • Howard, M. (2006). The Law of Unintended Consequences. S. Ill. ULJ, 31, 451.
  • Mascharka, C. (2000). Mandatory minimum sentences: Exemplifying the law of unintended consequences. Fla. St. UL Rev., 28, 935.

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