Vergüenza

Qué es la vergüenza y cómo superarla

Seguramente habrás oído expresiones como “no me gusta hablar en púbico, me da vergüenza” o “Me da vergüenza ir en bañador por la playa”.

La vergüenza aparece cuándo, de algún modo, algunas de nuestras propias acciones o atributos son considerados negativos y dignos de ser ocultados. De esta forma, hacemos todo lo posible por evitar determinadas situaciones que pudieran ser sometidas al juicio de los demás, causándonos malestar.

Siendo más concretos, hablamos de una emoción considerada negativa o molesta, que en determinadas personas suele estar vinculada a un amplio rango de conductas que generalmente tienen un mismo denominador común: exponer algo propio y personal al otro.

Así, una persona tímida o muy vergonzosa, suele luchar contra esta vergüenza tratando de pasar desapercibida, buscando no someterse al escrutinio de los demás.

Qué caracteriza a alguien vergonzoso

Lo primero que quisiéramos remarcar es que una personalidad excesivamente vergonzosa suele pertenecer a alguien con una baja autoestima o una marcada desconfianza en sí misma.

De esta forma, para la persona en cuestión, al considerar que cuenta con determinadas características o atributos negativos (no muy agraciada, que se expresa mal, con ideas poco interesantes, etc.), el mero hecho de exponer dichos atributos le genera un gran malestar. Así, mostrar sus debilidades al otro le causa auténtico pavor, de manera que intenta esconderlas a toda costa.

Una persona vergonzosa, además, es una persona que a menudo busca ser invisible. El qué pensarán de ella, el miedo a no ser aceptada por el grupo y la gran angustia que le supone mostrarse tal y como es hacen que la evitación acabe convirtiéndose en una forma de vida.

No es de extrañar que muchas personas vergonzosas eviten ciertos actos sociales, reuniones de trabajo o posibilidades de crecimiento personal a causa de su miedo a mostrarse.

Finalmente, la persona que se desenvuelve en el mundo condicionada por la vergüenza y el miedo al qué dirán, está confirmando el rechazo a sí misma. En otras palabras, es ella misma quien no acepta su propia esencia, con sus virtudes y defectos, existiendo una poderosa auto censura a causa de esta percepción personal.

¿Qué nos causa vergüenza?

Todos podemos sentir vergüenza en determinadas situaciones. Posiblemente, a gran parte de los lectores no les haría gracia pasearse desnudos por el Corte Inglés, o pedirle el número de teléfono a un/a chico/a por la calle. Sin embargo, esta vergüenza adquiere un carácter patológico cuando esta se da en tantas situaciones que la vida acaba limitándose en exceso.

Generalmente, todas aquellas situaciones en las que se pongan de manifiesto aptitudes propias, son susceptibles de generar vergüenza. Así, quizá las más comunes sean: hablar o bailar en público, hablar con desconocidos, mostrar determinados atributos físicos que no nos gustan, vestir de forma distinta a la norma, expresar nuestras ideas acerca de un tema, etc.

Como podemos observar, todas y cada una de estas acciones tienen que ver con lo que decíamos anteriormente: son formas de permitirnos ser a nosotros mismos.

¿Dónde nace la vergüenza? 

Como la mayoría de las dificultades emocionales o relacionales, la vergüenza viene de atrás. Con esto nos referimos a que, en algún momento de su vida (generalmente en la infancia o la adolescencia) la persona vergonzosa aprendió que ser ella misma no estaba bien. Quizá se rieron de ella en el colegio por vestir de una determinada forma, quizá fue por decir algo en voz alta en clase, o incluso pudo ser en su propia casa.

En cualquier caso, el denominador común de estas situaciones es el mismo: la persona entendió que algo andaba mal consigo misma. Es entonces cuando, poco a poco, esta comienza a temer al juicio de los demás en las distintas acciones que va emprendiendo.

Quizá comience a callarse las ideas que le surgen o sus propios problemas, quizá abandone alguna oportunidad profesional por no sentirse válida o incluso puede acabar dejando de ir a la piscina de su urbanización en verano.

Si con tan solo leer esto, muchos ya sentimos empatía por esta persona en cuestión, solo basta imaginar las dificultades que dicha persona atraviesa a lo largo de su vida.

¿Hay algo que hacer?

Hay buenas noticias. La vergüenza puede superarse, o al menos en gran medida.

Un primer paso tiene que ver con llegar a comprender bien de dónde viene el problema. Es decir, en qué momento la persona comenzó a querer ser invisible y empezó a rechazarse a sí misma.

A continuación, se hace fundamental comenzar a cuestionar la validez de esos argumentos tan arraigados que la persona tiene acerca de su forma de comportarse, tratando de buscar mayor flexibilidad. ¿De verdad necesito seguir ocultando ciertas cosas?

Finalmente, la persona irá exponiéndose a aquellas situaciones que tanto teme, de manera que pueda comprobar por sí misma que sus peores temores no son tan graves como había imaginado.

A pesar de que el camino a veces parezca largo y difícil, el resultado merecerá la pena.

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