Sentido del humor

El sentido del humor como recurso emocional

Reír es bueno. Con esta sencilla afirmación podrían englobarse todos y cada uno de los beneficios que la risa brinda a todo aquel que se deje cautivar por ella.

Quién no recuerda alguna vez haber reído a carcajadas, con las lágrimas saltadas y con una sensación más que agradable después del episodio… Y es que reír alivia el estrés, mejora nuestro sistema inmunitario, reduce la presión arterial, oxigena nuestros pulmones, genera endorfinas

Y así, cien más. Una cantidad de ventajas nada despreciable para un acto que no precisa más que una buena disposición y unas dosis de humor. ¡Ay, el humor! ¿Qué sería de nuestra vida sin el sentido del humor?

El humor como aliado en nuestra vida

Imagina que vuelves del supermercado de hacer la compra. El día está lluvioso, y mientras con una mano tratas de sostener el paraguas tratando de evitar no acabar empapado, con la otra sostienes más de cuatro bolsas. De repente, como orquestado por el mísmisimo espíritu del Dios “Guasón”, un coche pasa por encima de un enorme charco, poniéndote hasta arriba de agua. Al mismo tiempo, una racha de viento se lleva tu paraguas, y las bolsas que llevabas en la mano se enredan entre sí.

En ese instante tienes dos opciones: maldecir tu suerte, o partirte de la risa por la cómica situación.

El sentido del humor es un recurso nada despreciable para afrontar los desafíos que a veces nos plantea la vida. Podríamos definirlo como “el arte del optimista”, o dicho de otra forma, la capacidad de sacar la parte divertida, relajada y cómica ante situaciones que nos generan dificultad o desazón.

Sin embargo, tan obvio resulta el hecho de que gracias a él nos irá mejor (o al menos lo malo nos afectará menos) que la dificultad para dejarnos abrazar por él no siempre es apta para todos los públicos.

“Yo no me río, vivo mosqueado”

En un mundo en el que parecemos diseñados para ir corriendo a todos sitios, un coche en doble fila junto al nuestro, un agujero en el zapato o un tropezón parecen ser más auténticos obstáculos que un motivo para reírnos.

Aunque bien es cierto que hay situaciones más cómicas que otras, mucho tiene que ver en este asunto la actitud con la que enfrentemos la vida. No todo el mundo es capaz de dejar aflorar esa parte tan fácilmente.

Cuando afrontamos nuestro día a día con una rigidez mental demasiado sólida, especialmente si somos perfeccionistas, exigentes y demasiado estructurados, casi no nos queda lugar para la espontaneidad y el humor. Estamos tan convencidos de que determinadas cosas sencillamente “no tienen gracia” que nos es muy difícil sacarles punta.

Precisamente esa rigidez, unida al mal humor por que las cosas no salgan como esperamos, hace que no seamos capaces de encontrar esa dosis de humor que casi todo infortunio tiene. El problema aquí es nuestra convicción de estar en lo correcto, y nuestra dificultad para trabajar la paciencia y aceptar la realidad tal como viene.

Abraza el humor en tu vida: Ríete de ti mismo

Uno de los desafíos más interesantes que una persona puede abordar es precisamente el ser capaz de trabajar su optimismo. Hacerlo implica cosas muy importantes, entre ellas el lograr dejarse impregnar por el humor, por lo imperfecto, por lo ridículo.

Cuántas veces acuden pacientes a consulta tremendamente críticos consigo mismos. No se gustan, tienen un pobre concepto personal y algunos son muy duros con sus errores.

Si estas personas lograsen ganar perspectiva, por ejemplo riéndose por haber llevado todo el día una mancha de chocolate en la frente, un calcetín de cada color por equivocación o por inventarse una palabra en una charla en público, otro gallo cantaría.

El humor equivale a inteligencia emocional, a seguridad en uno mismo, a ese reconocimiento implícito que lleva por bandera un “¡Ey, sé que soy humano y también me equivoco!, el cual dota de un poder enorme a quien lo mantiene.

Por todo ello, lo absurdo, lo irónico, lo satírico, se convierten a veces en auténticos aliados para nosotros.

El humor en el cine y el espectáculo

Son innumerables los personajes que han utilizado el humor en la historia para generar carcajadas en el público y mejorar, a veces sin ese propósito concreto, el estado de ánimo de toda una colectividad.

Desde el Charles Chaplin de antaño hasta el Woody Allen de hoy y de siempre, pasando por un sinfín de personas y personajes entrañables. Gracias a ellos, muchos de nosotros hemos tenido la ocasión de conectar con ese lado desenfadado, alegre y cómico que todos tenemos.

Por eso, no quisiera finalizar este artículo sin animar a todas aquellas personas que se consideren “de risa difícil” a que se autoricen a sí mismos a conectar con lo espontáneo a través de algunos de estos personajes. En un ejercicio de flexibilidad y despreocupación, sin grandes expectativas. Tan sólo dejándose llevar…

Referencias

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