Maximización: un camino hacia la insatisfacción

Clara Dini Llobet
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Vas de compras. Ves varias camisetas que te gustan pero no compras ninguna porque piensas que “la camiseta perfecta” aparecerá en alguna otra tienda que todavía no has visitado.

Cuando estás en pareja, no puedes evitar pensar de vez en cuando si hay alguien más adecuado para ti, alguien “mejor”, que se ajuste más a tus proyectos, intereses o personalidad.

Llegas a la playa y después de mirar dónde ponerte, escoges un sitio. Te pasas toda la mañana mirando si queda libre uno mejor o pensando que el sitio en el que están aquellos chicos está más cerca del agua, hay menos gente…


Cuando nos enfrentamos a un decisión más o menos importante, ya sea ir a la playa o a la montaña, qué pizza escoger, cambiar de trabajo o compartir la vida con alguien, siempre intentamos escoger la mejor opción, la que creemos que nos beneficiará más. Esta actitud deseable y normal se convierte en un reto para una persona maximizadora, cuyo objetivo es escoger siempre “lo mejor”.

Lo que define a una persona maximizadora es su necesidad de escoger siempre “lo mejor”.

Toda elección implica un periodo más o menos largo de duda. Aunque no sea vivida de manera negativa o desagradable, ante la toma de una decisión siempre nos preguntamos cuál será la mejor opción de entre todas.

En el caso de las personas maximizadoras la duda se centra sobre todo en el esfuerzo por elegir lo mejor de lo mejor, en asegurarse de que sea así y por lo tanto, en el miedo a no hacerlo.

Una cosa es tratar de escoger bien, y otra muy distinta la obsesión por que sea “lo mejor”.

Un camino hacia la insatisfacción

El maximizador suele tener un perfil exigente y perfeccionista. Se esfuerza en que cada decisión tomada y cada camino elegido sea el mejor posible, tarea agotadora en una sociedad con gran cantidad de oferta en todos los campos y aspectos posibles.

Tampoco podemos olvidar que en nuestra percepción de lo que es más deseable intervienen factores muy subjetivos: gustos, creencias, deseos, emociones… Por lo que en realidad muchas veces saber que es “lo mejor” resulta sencillamente imposible.

Un maximizador puede llegar a estresarse mucho ante decisiones del día a día. Otros efectos negativos de la actitud maximizadora son:

Expectativas no cumplidas

La maximización conlleva unas altas expectativas respecto a todo, una cierta visión fantasiosa de cómo deberían ser las cosas. Ante tan alta expectativa o esfuerzo por encontrar la “perfección”, el resultado habitual sólo puede ser uno: la frustración.

El maximizador no se siente satisfecho con algo bueno, necesita “lo mejor”.

Juicio y arrepentimiento

La maximización implica una cierta huida de lo considerado malo o mediocre. Al compararlo todo, el maximizador suele tener tendencia a compararse también a sí mismo con los demás: si sale “vencedor” tildará al otro (o a lo que no ha elegido) como “peor” y si sale “perdedor” entrará en la duda, la inseguridad o el arrepentimiento.

Si estoy fijado a elegir siempre lo mejor de lo mejor, hay muchas posibilidades de que a la vuelta de la esquina encuentre otra cosa que me haga arrepentir de mi elección.

Inconformismo

Como cualquier otra conducta, el inconformismo puede resultar sano o no en función de sus objetivos y también de su medida. No conformarse con cualquier cosa es una actitud sana que se relaciona con una buena autoestima y el autocuidado. Ahora bien, no conformarse con casi nada es una vía directa a la insatisfacción y a una lucha agotadora contra la realidad.

La maximización implica un inconformismo constante que no deja demasiado espacio a poder apreciar lo positivo. Si siempre estoy buscando “lo mejor”, será muy complicado apreciar lo bueno que ya tengo sin cuestionarme si otra opción hubiera sido superior.

Qué hacer

Otras alternativas más sanas a la trampa de la maximización pasan por los siguientes puntos:

Aprender a diferenciar lo importante

Si vivimos cada elección como algo crucial, acabamos agotados e insatisfechos. Aprender a distinguir las decisiones que merecen más atención de las que no, nos ayudará a implicarnos en proporción a su importancia y a liberarnos de la carga de elegir siempre lo mejor en situaciones que no son tan importantes.

Apreciar lo positivo

Si la persona maximizadora acepta algo que le parece bueno, se sentirá satisfecha y podrá apreciar lo positivo de su decisión. Una vez realizada, será clave que ponga atención en los aspectos positivos de su elección. Sólo así podrá disfrutar de lo que hay sin la fantasía (a veces imposible de comprobar) de que podría haber una opción mejor.

Bajar la exigencia

Se puede ser exigente y cuidadoso pero sin llegar a la obsesión de elegir siempre lo mejor. Cuando se acepta y se aprende a apreciar algo bueno, se elimina la necesidad de aspirar a algo superior. Si rebajamos nuestras altas expectativas a criterios que se ajusten más a la realidad, nos sentiremos más satisfechos. 

Responsabilizarse

Hacernos responsables de nuestras elecciones pasa por aprender a aceptar sus consecuencias. Si el resultado no es el deseado, lo más sano para un maximizador es asumirlo: al tomar una decisión, es necesario aceptar su resultado, sea cual sea.

Así evitaremos lamentarnos si no sale como queríamos o fantasear con lo que habría sucedido si hubiéramos elegido otra opción.

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Resumen: La maximización implica un inconformismo constante que no deja demasiado espacio a poder apreciar lo positivo. El maximizador no se siente satisfecho con algo bueno, necesita "lo mejor".

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