Comunicación no verbal: claves para dominarla

Sara Fernández Carmona
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Es imposible no comunicarse: todo comportamiento es una forma de comunicación. Como no existe forma contraria al comportamiento («no comportamiento» o «anticomportamiento»), tampoco existe la «no comunicación». Esta frase corresponde al primero de los cinco axiomas que convirtieron al psicólogo austriaco Paul Watzlawick en uno de los principales autores de la Teoría de la comunicación humana, presentada a finales del siglo XX.

¿Cuántas veces hemos oído que el 93% de la comunicación es no verbal? A pesar de que estudios como el del Doctor Albert Mehrabian en 1967 han desmentido tal afirmación, no cabe duda de que todos los movimientos del cuerpo y del rostro –nuestros gestos, posturas e incluso la entonación vocal– manifiestan nuestro estado de ánimo, nos definen y en numerosas ocasiones incluso nos delatan.

La comunicación no verbal toma vital importancia no solo a la hora de forjar relaciones interpersonales, sino también en los negocios. A pesar de que suele realizarse a nivel inconsciente, hay numerosas formas de entrenarla. Un buen ejemplo de ello son los jugadores de deportes mentales como el póker: los profesionales que se reúnen en las mesas de juego son capaces de ocultar sus emociones manteniendo una mueca fija en el rostro y mostrándose relajados incluso en la adversidad.

Se trata de un juego en el que la disciplina mental marca la diferencia, en el que no solo hay que cuidar el tono de voz y la postura sino que también se estudia al oponente: incluso un tic nervioso en la ceja puede revelar la mano del rival.

Tanto si estamos a punto de llegar a un acuerdo que supondrá un ascenso en nuestra trayectoria profesional como si nos encontramos en plena búsqueda de empleo, debemos cuidar lo que nuestro cuerpo proyecta en todo momento.

A fin de combatir el fracaso ante una nueva oportunidad laboral, el escritor canadiense Eliot Hoppe, experto en lenguaje corporal, elaboró una lista de consejos a tener en cuenta a la hora de optimizar nuestros resultados, entre los cuales destaca la importancia de la postura y de caminar rectos y con energía. Es importante que muestres “tu deseo de estar ahí y tu confianza en ti mismo”, asegura Hoppe en su obra.

También es fundamental el contacto físico y el visual: un buen apretón de manos –así como mirar a los ojos a nuestro interlocutor desde el primer momento– puede ser el primer paso hacia una conversación exitosa y transparente. Por el contrario, llevarse las manos a la cara es sinónimo de falta de confianza y seguridad.

Por ejemplo, tocarse el pelo es un signo de nerviosismo, rascarse el cuello es una señal de incertidumbre y tocarse la oreja mientras los demás hablan muestra que no queremos seguir escuchando. ¿Cómo detectaríamos una mentira? Todos recordamos al bueno de Pinocho, al que le crecía la nariz cada vez que no decía la verdad.

Sorprendentemente, la ciencia ha demostrado que hay una relación entre las mentiras y la nariz: al mentir, el ser humano segrega unas sustancias llamadas catecolaminas, las cuales inflaman el tejido interno de la nariz y provocan picor; en este caso, tocarse la nariz puede revelar una mentira, aunque también puede significar que el interlocutor está enfadado.

Otro gesto que denota falta de honestidad es frotarse un ojo. Asimismo, tenemos que prestar atención al tono de voz, sobre todo a la hora de convencer a alguien de algo: según Hoppe, si estás dando una orden o haciendo una afirmación “tu voz debe reducir su tono al final de cada oración”. Por el contrario, las personas que alzan la voz al final de cada oración tratan de decepcionar a alguien.

Como decíamos, las manos y las extremidades son otro punto clave. Evita cruzar los brazos, pues simboliza rechazo e inseguridad. Ajustarse el reloj o situar un objeto delante del cuerpo son variaciones que muestran la necesidad de proteger el cuerpo del individuo y deben evitarse. Si buscas dar una buena impresión y quieres reflejar honestidad muestra las palmas de las manos, no las escondas en los bolsillos o de forma que el interlocutor no pueda verlas.

Asimismo, mover las manos mejora la capacidad verbal, ya que al hacerlo se activa el área de Broca, una sección del cerebro humano relacionada con la producción del lenguaje. Reforzar una frase con gestos consigue que las palabras lleguen antes a la mente, lo cual se traduce en un mensaje más comprensible y persuasivo.

Otro aspecto que también forma parte de este lenguaje tan complejo y fascinante a la vez es la vestimenta: cuando sabes que estás bien vestido, ganas seguridad en ti mismo. Eso sí, es importante poner atención a los colores: el rojo y el amarillo son colores de poder pero deben utilizarse con moderación, ya que pueden mostrar un exceso de confianza. ¡Ha llegado la hora de rescatar ese traje elegante que guardamos en el armario!

¿Qué ejercicios podemos poner en práctica antes de un acontecimiento trascendental? Algunos son muy sencillos:

  • Mírate al espejo o incluso grábate en vídeo y observa cómo comunicas. ¿Tus gestos acompañan a tus palabras? ¿Son agresivos o pacíficos? ¿Muestran lo que realmente piensas? ¿Cómo es tu tono de voz? Ser conscientes de lo que decimos y sobre todo de cómo lo decimos es el primer paso para lograr una comunicación satisfactoria.
  • Observa a grandes oradores. Busca recursos en línea, analiza los discursos de Neil Gaiman, Eckhart Tolle, Steve Jobs, las charlas TED; ¿qué tienen en común? Piensa también en los profesores que tuviste años atrás: ¿cuáles son los que más te impactaron positivamente, aquellos que se limitaban a ofrecer clases magistrales de forma monótona o por el contrario los que mostraban confianza en sí mismos, mantenían una actitud entusiasta y trataban de dar una lección amena?
    Esto no significa que tengamos que entretener al entrevistador que nos evalúa como potencial candidato para su empresa, pero la conversación debería ser animada y participativa. Si te muestras taciturno y sin ningún tipo de entusiasmo por la nueva oportunidad que se presenta, tu mensaje no tendrá ninguna repercusión positiva y no destacarás en comparación con otros candidatos.
  • Practica con tu mascota. Muchos animales son expertos en comunicación no verbal. Los caballos, por ejemplo, pueden leer las emociones humanas sin necesidad de mediar palabra: nuestros cambios en las expresiones faciales y en la postura pueden hacer que estos retrocedan por miedo.
    Si tienes un perro o un gato, utiliza gestos, expresiones faciales y movimientos de los ojos para indicar si vas a darle de comer o a llevarle de paseo. Observa si consigues obtener la respuesta que buscas: si tu mascota se confunde, puede que tu mensaje sea contradictorio.

Es importante destacar que cada país tiene sus códigos de comunicación no verbal. Un ejemplo muy curioso es el de Italia: en 2013, el New York Times publicó un artículo titulado “When Italians Chat, Hands and Fingers Do the Talking”, desarrollado a través de una entrevista a la profesora de psicología de la Universidad Roma Tre Isabella Poggi, que identificó hasta 250 símbolos diferentes que los italianos utilizan en las conversaciones del día a día.

No solo usan esta forma de comunicación con más frecuencia que en otros países, lo más sorprendente es que estos gestos consiguen sustituir frases enteras de lo más diversas, como “¡qué aburrimiento!”, “¡me da igual!”, “tengo hambre” o “¿qué pasa?”.

A pesar de que existen varias teorías sobre su origen, una de las explicaciones más secundadas son las conquistas que durante siglos tuvieron lugar en el país transalpino: la presencia de pueblos con idiomas tan diferentes –árabes, austríacos, franceses y españoles– hicieron que existiera la necesidad de desarrollar una forma de comunicación universal que permitiera entenderse con los pueblos invasores. Y desde entonces, ese código ha perdurado y se ha transmitido de generación en generación.

En definitiva, la cultura determina el lenguaje corporal que utilizamos y en cada país los gestos adoptan significados distintos: antes de emprender un largo viaje, es importante estudiar los símbolos de la cultura de destino a fin de integrarnos y evitar malentendidos.

Tampoco hay que olvidar la comunicación electrónica: incluso en las formas de comunicación más modernas tenemos que estar atentos a nuestra puesta en escena. Hoy en día, los emoticonos equivalen a las expresiones faciales y nos ayudan a identificar los sentimientos de nuestro interlocutor.

Estos símbolos o “caritas” aparecieron por primera vez en 1982, cuando el científico informático de la Universidad Carnegie Mellon (Estados Unidos), Scott Fahlman, inventó el emoticono de sonrisa. Según reconoce Fahlman en su página web, la idea surgió “como respuesta a los problemas de interpretación de los mensajes que se intercambiaban en los tableros que usaban los profesores y alumnos para discutir ciertos temas online”.

¿Quién le iba a decir que 30 años después más de seis mil millones de emoticonos se enviarían cada día en todo el mundo?

Imagen: pexels.com

Comunicación no verbal: claves para dominarla Sara Fernández Carmona
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Resumen: El lenguaje corporal puede revelar tanta o más información que las palabras. Sin darnos cuenta, nuestro cuerpo transmite constantemente información relevante sobre nuestras intenciones, deseos, necesidades y sentimientos.

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