Los peligros de la obediencia. El experimento Milgram

Jose Manuel Garrido
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Si una persona en una posición de autoridad te ordena que des una descarga eléctrica de 400 voltios a otra persona, ¿podrías seguir esa órden?.

La mayoría de la gente responde a esta pregunta con un no categórico, pero en la Universidad de Yale, el psicólogo Stanley Milgram llevó a cabo una serie de experimentos durante la década de 1960 que demostró resultados sorprendentes.

Estos experimentos ofrecen una visión poderosa y perturbadora sobre el poder de la autoridad y de la obediencia.

Método utilizado en el Experimento Milgram

Los participantes en el experimento de Milgram fueron 40 hombres reclutados mediante anuncios en los periódicos. A cambio de su participación, cada uno recibió una pequeña cantidad de dinero.

Milgram desarrolló un generador de descargas con niveles de impacto a partir de 30 voltios y aumentando en incrementos de 15 voltios hasta llegar a 450 voltios.

Los diversos interruptores fueron etiquetados con términos como “shock ligero,” “shock moderado” y “peligro: shock severo”. Los últimos dos interruptores fueron etiquetados simplemente con un ominoso “XXX”.

Cada participante tomó el papel de un “maestro” que administraba una descarga a un “estudiante” cada vez que se producía una respuesta incorrecta. Mientras que el participante cree que las descargas son reales para el estudiante, el estudiante era en realidad un cómplice que simplemente fingía dolor.

A medida que el experimento avanzaba, el participante escuchaba como el alumno pedía ser liberado o incluso se quejaba de una enfermedad del corazón. Una vez alcanzado el nivel de 300 voltios, el alumno golpeba la pared y exigia ser puesto en libertad.

Más allá de este punto, el alumno se quedaba en completo silencio y se negaba a responder más preguntas. El experimentador entonces instruyó a los participantes para tratar este silencio como una respuesta incorrecta y administrar una descarga adicional.

La mayoría de los participantes preguntaron al investigador si debían continuar. El experimentador daba entonces una serie de instrucciones para empujar al participante a seguir con las descargas:

“Por favor continúe.”
“El experimento requiere que usted continúe.”
“Es absolutamente esencial que usted continúe.”
“No tienes otra opción, hay que seguir adelante.”

Los resultados del Experimento Milgram

El nivel de descarga que el participante estaba dispuesto a dar se utilizó como medida de la obediencia. ¿Hasta qué punto crees que la mayoría de los participantes estaban dispuestos a llegar?.

Cuando Milgram planteó esta pregunta a un grupo de estudiantes de la Universidad de Yale, éstos predijeron que no más del 3% de los participantes administrarían la descarga máxima. La realidad fue que el 65% de los participantes en el estudio de Milgram administró la máxima descarga.

De los 40 participantes en el estudio, 26 dieron los choques máximos mientras que 14 se detuvieron antes de llegar a los niveles más altos.

Es importante tener en cuenta que muchos de ellos se sintieron muy agitados, angustiados y enojados con el experimentador. Sin embargo continuaron con las órdenes hasta el final.

Debido a la preocupación acerca de la cantidad de ansiedad experimentada por muchos de los participantes, todos los sujetos fueron informados al final del experimento sobre los procedimientos utilizados.

Sin embargo, muchos críticos del estudio sostienen que algunos de los participantes aún estaban confundidos acerca de la naturaleza exacta del experimento.

Discusión del Experimento Milgram

Mientras que la investigación de Milgram planteaba serias cuestiones éticas sobre el uso de sujetos humanos en experimentos de psicología, sus resultados también se han replicado consistentemente en otros experimentos. Thomas Blass (1999) revisó la investigación sobre la obediencia y encontró que los hallazgos de Milgram son válidos en otros experimentos.

¿Por qué tantos participantes de este experimento realizan un acto aparentemente sádico ante la orden de una figura de autoridad? Según Milgram, hay una serie de factores situacionales que pueden explicar estos altos niveles de obediencia:

– La presencia física de una figura de autoridad aumentó dramáticamente el cumplimiento de las órdenes.

– El hecho de que el estudio fue patrocinado por Yale (una institución académica de confianza) llevó a muchos participantes a creer que el experimento debía ser seguro.

– La selección de las categorías de profesor y alumno parecían aleatorias.

– Los participantes asumieron que el experimentador era competente y experto.

– Los choques se describieron como dolorosos, pero no como  peligrosos.

Más tarde otros experimentos llevados a cabo por Milgram indicaron que la presencia de compañeros rebeldes reduce drásticamente los niveles de obediencia. Cuando otras personas se negaron a cumplir las órdenes de los experimentadores, 36 de los 40 participantes se negaron a suministrar las descargas máximas.

“La gente común sólo tiene que hacer su trabajo, y sin ninguna hostilidad particular por su parte, pueden convertirse en agentes de un proceso destructivo terrible. Además, aun cuando los efectos destructivos de su trabajo son absolutamente claros, y se les pide llevar a cabo acciones incompatibles con las normas fundamentales de la moral, relativamente pocas personas tienen los recursos necesarios para resistir a la autoridad “(Milgram, 1974).

El experimento Milgram se ha convertido en un clásico de la psicología demostrando los peligros de la obediencia.

Aunque este experimento sugiere que variables situacionales tienen una influencia más fuerte que los factores de personalidad en la determinación de la obediencia, otros psicólogos argumentan que la obediencia está fuertemente influenciada por factores externos e internos, como las creencias personales y el temperamento en general.

Los peligros de la obediencia. El experimento Milgram Jose Manuel Garrido
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Resumen: El experimento Milgram es ya un clásico de la Psicología Social en el que se pone en evidencia el poder de la autoridad y los peligros de la obediencia ciega como motivación del comportamiento.

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