Incertidumbre

Incertidumbre frente a la situación mundial

Incertidumbre… Esta palabra está en cada vez más bocas en los últimos tiempos. Las razones que la inspiran son diversas y van cambiando. Cierto grado de incertidumbre es natural e inevitable en la condición humana y sus asuntos, pero parece claro que, en los últimos años, su azote se siente con especial virulencia.

La primera gran oleada de incertidumbre de los últimos años llegó, precisamente, con la pandemia de Covid 19; una situación que puso patas arriba a la sociedad y que afectó a prácticamente todos los ámbitos de la vida. Pocas veces en la historia reciente un acontecimiento ha tenido un alcance y unas consecuencias generalizadas como las que tuvo el Coronavirus.

Aún a día de hoy, se siguen viviendo algunos de sus coletazos, y sigue siendo una situación que, aunque suavizada en el momento presente, sigue estando latente y generando cierto grado de inquietud.

Lo curioso de esta época es cómo las repercusiones en términos de alarma social e incertidumbre que una situación provoca puede solaparse, en tan solo cuestión de semanas, por las de otra situación paralela (incluso siendo de una naturaleza completamente distinta).

Esto es precisamente lo que ha ocurrido con la guerra de Ucrania, que ha venido a sustituir de forma prácticamente solapada a la incertidumbre general que, unos meses atrás, generaba el Covid.

Bien es cierto que, con la pandemia, muchas de las preocupaciones eran otras: estaban relacionadas, sobre todo, con temas de movilidad, de salud pública, y de higiene. Pero, sin embargo, muchas otras inquietudes coinciden en una medida u otra con las que genera la guerra de Ucrania —que, por supuesto, tiene sus particularidades específicas también en cuestión de consecuencias—.

En ambos casos, por ejemplo, los suministros y la economía fueron y están siendo un foco de preocupación. Mientras que en el caso del Covid, los problemas de suministros venían derivados de las restricciones de movilidad y de falta de personal, con la guerra de Ucrania el problema principal deriva del encarecimiento de los precios energéticos, y la eventual suspensión de determinadas infraestructuras energéticas, clave para el suministro de energía, ha hecho crecer el número de personas que se preparan para este tipo de eventos, como nos indica ExpressVPN.

El petróleo y el gas son los productos energéticos más afectados por la crisis bélica, lo que, a día de hoy, tiene la capacidad de afectar al conjunto del sistema económico de nuestro país y de los países de nuestro entorno. El escenario de guerra viene acompañado, además, del alza en los precios de otros productos como los minerales (como el aluminio), ciertos productos agrícolas (como el trigo o la cebada) en cuya producción y exportación los países involucrados en el conflicto tienen un gran protagonismo.

A esto hay que sumarle los eventuales cierres comerciales (y la correspondiente apertura de nuevas rutas de comercio), que pueden afectar a distintas zonas geográficas. Esto tiene el potencial de cambiar los equilibrios geopolíticos actuales, con las convulsiones que esto puede generar.

Toda esta situación viene generando un aumento generalizado en el precio de los productos de consumo. El aumento de la inflación puede traer consigo, a su vez, medidas por parte de las autoridades que podrían trastocar aún más la economía en el medio plazo.

Ante todo, este cúmulo de cuestiones, muchas bolsas —empezando por la rusa y llegando hasta las del bloque occidental—, han sufrido ajustes importantes, en muchos casos en formas de caídas pronunciadas (sobre todo en el sector energético).

Todo ello genera una situación de inquietud e incertidumbre mundial ante la cual pocos saben reaccionar. Lo que es interesante contemplar, en cualquier caso, es como la incidencia de este tipo de conflictos amplifica la preocupación de los ciudadanos a medida que los medios de comunicación y los medios de difusión de información amplían su cobertura de este tipo de situaciones y su capacidad de difusión.

La conclusión que cabe sacar es: ¿hay razón para tanta alerta? Sea cual sea la respuesta, merece la pena estar prevenido y preparado para una situación de crisis profunda, pero la desesperación y la exageración nunca son buenas consejeras.

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