Relación Terapéutica

La relación terapéutica. Doce técnicas de comunicación eficaz en psicoterapia

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Muchos factores, entre ellos la gravedad de los problemas que se están abordando, la confianza del paciente en el proceso terapéutico y el nivel de competencia y habilidad del terapeuta, influyen en la eficacia de cualquier intervención psicológica.

Sin embargo, los estudios realizados durante el último medio siglo dejan claro que la calidad de la relación entre el terapeuta y el paciente tiene el mayor impacto en el resultado de la terapia.

Ya en 1913, Sigmund Freud concluyó que una conexión terapéutica saludable era esencial para una terapia exitosa. Según los últimos hallazgos, la «alianza terapéutica», o el vínculo entre el terapeuta y el paciente, es el factor más importante para determinar si el tratamiento tendrá éxito o no, independientemente del tipo de terapia que se utilice.

Diferentes formas de relación terapéutica

Diferentes paradigmas y enfoques teóricos tienen diferentes formas de entender la interacción terapéutica en el ámbito psicológico. Teniendo esto en cuenta, hablaremos de varios tipos de relaciones utilizando varios modelos, aunque hay aspectos similares detrás de todos ellos, como veremos más adelante.

Dicho de otra manera, la conexión terapéutica es un componente crítico de la psicoterapia sea cual sea el tipo de abordaje utilizado, y diferentes modelos psicoterapéuticos enfatizan diferentes aspectos de esta relación:

Modelo Psicoanalítico. Requiere que el psicoanalista mantenga un punto de vista neutral. El terapeuta actúa como un conducto o medio para el intercambio de información de una persona a otra.

Modelo Humanista-existencial. Se apoya en un marco filosófico donde el terapeuta debe ser empático, genuino y tolerante con el paciente.

Modelo Sistémico. Debe haber una distancia igual entre cada componente del sistema para que el proceso funcione.

Modelo Conductual. El terapeuta sirve como modelo a seguir y fomenta los hábitos positivos del paciente a través de la interacción terapéutica.

Modelo Cognitivo-conductual. El terapeuta en este caso adopta un empirismo colaborativo y asume el papel de guía en la interacción paciente-terapeuta.

Bases de la relación terapéutica

Sea cual sea el modelo teórico desde el que abordemos la relación profesional, deben tenerse en cuenta ciertos rasgos que son comunes a todas ellas. Estos son la asimetría, el encuadre y la alianza terapéutica.

Asimetría

Se fundamenta en una distribución desigual del poder. Es la propia dinámica terapeuta-paciente la que crea un desequilibrio. En el ámbito público, el sistema contributivo paga al profesional por los servicios prestados.

En el privado existe una demanda que debe ser remunerada. Para desarrollar un estilo de comunicación especializado y profesional se necesita este tipo de conexión asimétrica.

Encuadre

El terapeuta establece las pautas para el proceso, organizándolo. Cualquier aspecto que pueda influir en el tratamiento debe incluirse en este reglamento o acuerdo, que puede incluso ser redactado a modo de contrato.

Esto incluye costos, frecuencia y duración de las sesiones de terapia, pudiendo detallar otras cuestiones, como el marco teórico de referencia que guiará la intervención, objetivos o métodos a utilizar.

Alianza Terapéutica

Una alianza terapéutica es necesaria para el adecuado desarrollo de la conexión terapeuta-paciente. Esta conexión afecta al tono emocional de la relación terapéutica y a la medida en que el paciente colabora con el terapeuta. Las acciones mutuas interpersonales establecerán la intensidad y calidad de la conexión.

Esto incluye la confianza y el respeto mutuos, el compromiso de ambos con el tratamiento, la capacidad de hablar sobre los aspectos de la relación entre ellos, la libertad de compartir cualquier respuesta emocional negativa que pueda aparecer en la interacción, y la capacidad de corregir cualquier problema o dificultad que pueda surgir en la relación.

Estos tres elementos se consideran interconectados entre sí, y con otras variables que ayudan a establecer y mantener una relación terapéutica eficiente, teniendo una especial relevancia las estrategias de comunicación utilizadas por el terapeuta durante el proceso, que veremos a continuación.

Técnicas eficaces de comunicación terapéutica

Existe una gran variedad de estrategias de comunicación que los psicoterapeutas pueden utilizar en su trabajo, fomentando con ello una alianza terapéutica productiva. Veamos a continuación las más relevantes.

El silencio como herramienta

Puede ser beneficioso no hablar durante periodos concretos. El silencio deliberado puede permitir que tanto terapeutas como pacientes consideren y digieran lo que sucederá a continuación en el diálogo. Puede proporcionar a los pacientes el tiempo y el espacio que necesitan para abordar un tema nuevo, fomentando así que los pacientes hablen.

La aceptación sin condiciones

Está bien reconocer y confirmar a los pacientes que hemos escuchado lo que tienen que decir. Este reconocimiento no tiene por qué ser sinónimo de acuerdo. Un simple intercambio de «Sí, lo entiendo» puede ser suficiente. Es más probable afianzar la relación terapéutica si los pacientes perciben que se está prestando atención y tomando en serio sus preocupaciones.

El reconocimiento como refuerzo

Cuando se reconoce la conducta del paciente sin necesidad de felicitarlo explícitamente, estamos reconociendo y reforzando al mismo tiempo su comportamiento. Al felicitar a alguien por algo mundano, como tender la cama, es fácil que el elogio se interprete como condescendiente. Decir algo como «Veo que has reflexionado sobre lo que comentamos», llama la atención sobre la actividad y la promueve sin necesidad de refuerzo explícito.

Ofrecer un espacio abierto

La comunicación centrada en el paciente es más eficaz cuando ellos establecen por sí mismos de qué hablar en cada momento. Aunque esto no siempre es posible, debemos guiar la conversación ofreciendo un espacio abierto con preguntas como «¿Qué tienes en mente hoy?» o «¿De qué te gustaría hablar?». Estamos dando así al paciente la oportunidad de hablar sobre lo que realmente le importa o le preocupa.

Escuchar de forma activa

Las señales no verbales como asentir con la cabeza y decir «ya veo» ayudará a los pacientes a seguir hablando. Es fácil entender que la persona que tienes enfrente se sienta bien cuando nota que muestras interés en lo que dice, trasmites que estás prestando atención y te esfuerzas por comprender lo que le preocupa. Una frase abierta como «¿Qué ocurrió después?» puede utilizarse para ayudar a dirigir o hacer avanzar la conversación.

Aclarar lo que no se entiende

De manera similar a la escucha activa, es fundamental aclarar cualquier información poco clara o engañosa que los pacientes te brinden. «No estoy seguro de entender» o una expresión similar será suficiente, aunque pueden utilizarse preguntas más directas como «¿Puedes explicármelo mejor?» para ayudar a los pacientes a procesar sus pensamientos de manera más completa.

Secuenciar los eventos

Tanto pacientes como terapeutas comprenderán mejor el contexto completo de una narración si se hacen preguntas sobre cuándo sucedieron ciertos hechos en relación con otros. Establecer una secuencia hace además que los pacientes vuelvan sobre sus pasos, y puedan refrescar su memoria sobre un incidente previamente olvidado.

Comentar lo que vemos

El examen de las características físicas de las personas, así como su comportamiento, puede ayudar a identificar problemas potenciales. Y hacer observaciones sobre estas circunstancias puede ayudar al paciente a verbalizar su problema. Hacerles ver que parecen cansados, por ejemplo, puede motivarlos a explicar por qué últimamente no han dormido lo suficiente.

Fomentar las comparaciones

Los pacientes suelen tener una gran cantidad de conocimientos y experiencias a los que recurrir cuando se enfrentan a nuevos problemas. Los terapeutas pueden ayudar a los pacientes a encontrar respuestas a sus problemas actuales animándolos a hacer comparaciones con eventos similares vividos en el pasado.

Resumir la conversación

A medida que la conversación avanza, los terapeutas pueden encontrar útil resumir lo que sus pacientes han verbalizado. Esto ayuda a repasar el discurso, al mismo tiempo que traslada a los pacientes que el terapeuta estaba prestando atención. Los pacientes se sentirán animados para hacer ajustes al finalizar un resumen con una pregunta como «¿Te ha parecido correcto?».

Cambiar el foco

Muy a menudo, a lo largo de una conversación, los pacientes mencionan algo especialmente importante. Cuando esto sucede, el terapeuta puede llevar el foco hacia ese asunto, lo que incitará a los pacientes a discutirlo más a fondo. Los pacientes no siempre tienen una idea clara de lo que es importante en su situación, y es labor del terapeuta ayudarles a identificar los problemas que deben abordarse.

Confrontar con el paciente

Para utilizar este enfoque de manera eficaz, el terapeuta debe generar primero confianza con el paciente. Es importante para la interacción eficaz que el terapeuta exprese sus desacuerdos con el paciente o le cuestione sus ideas preconcebidas. Cuando se utiliza adecuadamente, la confrontación puede ayudar a los pacientes a romper hábitos dañinos o comprender mejor su circunstancia actual.

Referencias:
Bordin, E. S. (1979). The Generalizability of the Psychoanalytic Concept of the Working Alliance. Psychotherapy: Theory, research and practice, 16(3), pp. 252-260.
Carkhuff, R. R. y Truax, C. B. (1967). Toward Effective Counseling and Psychotherapy: Training and Practice. Chicago: Aldine.

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