Infertilidad y salud mental

El impacto psicológico de la infertilidad

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La infertilidad constituye un problema de suma importancia si nos atenemos al número de personas afectadas y a su repercusión en ellas.

Tal es así, que se estima que en torno al 10-15% de las parejas en edad reproductiva acuden al médico para abordar un problema cuyas consecuencias pueden llegar a tener un serio impacto en sus vidas.

En este contexto se hace imprescindible acudir a una clínica de fertilidad confiable a la hora de obtener información sobre tratamientos de reproducción asistida.

Aunque existen varias causas que podrían explicar el creciente aumento de las tasas de infertilidad, se apunta a uno de ellos como el principal agente responsable: el aumento en la edad de concepción del primer hijo y de los sucesivos en las mujeres.

Con la incorporación cada vez mayor de la mujer al mundo laboral, parece lógico pensar que las parejas tienen cada vez mayores dificultades para encontrar el momento adecuado para tener un hijo.

No siempre resulta sencillo encontrar el equilibrio a este respecto, y muchas optan por organizar su vida lo mejor posible antes de dar el gran paso.

Por otro lado, la falta de estabilidad económica a la que muchas personas se enfrentan, también hace que el número de hijos de media que cada pareja tienen haya descendido considerablemente.

Para que nos hagamos una idea, se estima que la tasa de reemplazo generacional es de 2,1 hijos por pareja, mientras que en España, este índice se sitúa en torno al 1,3. La misma dinámica se observa en Europa, la cual cuenta con valores cada vez más por debajo de 2.

¿Son los motivos sociales y económicos los únicos responsables?

Parece claro que, a pesar de que los aspectos comentados anteriormente tienen su incidencia en este asunto (al retrasarse la edad de concepción de un hijo suelen existir mayores dificultades para lograrlo), no son los únicos en determinar las elevadas tasas de infertilidad de las que estamos hablando.

Pueden existir toda una serie de problemas de índole médico o fisiológico, tanto en el hombre como en la mujer, relacionados con la infertilidad. Tal es así, que no es extraño encontrar cada vez más parejas que acuden a realizarse estudios especializados para detectar qué está fallando después de meses o años intentando quedarse embarazados.

Las condiciones biológicas de cada persona pueden generar estas dificultades, y muchas de ellas se ven influidas por factores como las condiciones de vida, la edad o incluso los problemas psicológicos.

Infertilidad y psicología

Cuando una pareja comienza la larga y dura travesía en el desierto que supone buscar un hijo sin éxito, no es de extrañar que los problemas psicológicos comiencen a aparecer.

Así, se han observado una serie de síntomas que suelen darse en estos casos, tanto por la incertidumbre de los tratamientos como por el propio hecho de saber que se es infértil.

Así, síntomas como la depresión, la culpa, la ira, la ansiedad, la disfunción sexual o los problemas de pareja se encuentran entre los más comunes en estos casos. Muchos estudios así lo confirman.

Por un instante animo a lector a ponerse mentalmente en la situación de desear mucho tener un hijo y no poder tenerlo. Desear mucho algo, y no algo cualquiera sino la capacidad de dar vida, y no ser apto o no estar en condiciones, puede acabar mermando la moral de la persona.

Si le damos la vuelta a la tortilla, es decir, si nos atenemos a los posibles efectos de muchos de los síntomas anteriormente mencionados en la aparición de la infertilidad, los resultados no parecen estar tan claros.

Se sospecha que mujeres con síntomas de ansiedad, estrés y depresión importantes podrían estar interfiriendo en el hecho de quedar embarazadas, aunque el resultado aún no parece estar claro del todo.

La explicación más plausible a este respecto tiene que ver con una posible alteración del eje hipotalámico-pituitario-adrenal, un aumento de la prolactina y una disfunción tiroidea como consecuencias de síntomas de estrés y depresión continuados.

Dichas alteraciones, junto con las de la hormona luteinizante (imprescindible en la ovulación), parecen explicar la influencia de lo psicológico en la aparición de problemas de fertilidad.

¿Cómo abordar la infertilidad?

Se ha demostrado que el tratamiento cognitivo-conductual constituye uno de los principales abordajes para esta problemática. Una reestructuración de las ideas erróneas sobre la paternidad, las sensaciones de imperfección o la valía personal pueden ser de gran ayuda.

Asimismo, los grupos de apoyo y la expresión emocional sostenida en el tiempo, parecen estar implicadas en un aumento de las tasas de fertilidad y disminución de los síntomas.

En cuanto al tratamiento farmacológico, cabe mencionar que tiene la contrapartida del miedo que suele generar en las parejas. Muchas consideran que puede tener una influencia negativa sobre el propio proceso de fertilidad, y tiende a ser evitada.

Por otro lado, no está garantizada su eficacia en cuanto a facilitar el proceso de la concepción de un hijo.

Un apunte interesante lo constituye la alta tasa de abandono de los programas de infertilidad, por ejemplo la fecundación in vitro (FIV). El coste económico de los mismos, la incertidumbre y el agotamiento emocional ante la falta de resultados inmediatos parecen ser los principales factores responsables.

A modo de conclusión

Muchas parejas lo lograrán, algunas se quedarán por el camino, y otras tantas acabarán por resignarse a su suerte.

En cualquier caso, se hace fundamental la reestructuración de sus vidas, ya sea siendo padres, aceptando construir una vida sin hijos o enfocándose en la adopción.

Parece claro que la terapia psicológica se hace fundamental a lo largo de todo este complejo proceso.

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