Técnica de la Tortuga

La técnica de la tortuga para trabajar la impulsividad y el autocontrol

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Al leer el título el artículo quizá pensemos que la técnica de la que vamos a hablar consiste en realizar las tareas despacio como una forma de relajarnos. Al fin y al cabo, esa es la cualidad principal de las tortugas, ¿no es así?, que son muy lentas.

Sin embargo, en esta ocasión vamos a centrarnos en otra de sus características principales, y es el gran y duro caparazón con el que cuentan, y en el que aprovechan para refugiarse cuando se sienten amenazadas o cuando, sencillamente, quieren tomarse un tiempo.

¿En qué consiste la técnica de la tortuga?

La técnica de la tortuga es una herramienta utilizada con niños pequeños para la mejora del autocontrol y el manejo de las emociones. Se trata de una forma de proceder ante situaciones de gran impulsividad, la cual puede aprenderse fácilmente y aplicarse con excelentes resultados.

En palabras sencillas, se trataría de enseñar al niño a “meterse en su caparazón” cuando se sienta irritado o frustrado por alguna circunstancia, de manera que ahí pueda aprender a relajarse y a meditar tranquilamente acerca de lo sucedido antes de reaccionar de manera exagerada.

Cabe destacar que no se trata simplemente de una técnica que busque evitar episodios dramáticos y de gran nerviosismo, sino que también ayuda a que el niño sepa utilizar ciertas técnicas de relajación durante su aplicación, así como a que sea capaz de poner en marcha una solución apropiada al problema que se le haya presentado.

¡A sus puestos, tortuga!

El primer paso en la aplicación de esta técnica es pedir al niño que literalmente meta la cabeza entre sus brazos y se encoja, adoptando la postura típica de las tortugas. Existen varios vídeos explicativos que pueden ayudar al pequeño a automatizar este proceso, los cuales pueden ser de gran ayuda..

Lo verdaderamente importante aquí será enseñar al niño a ser capaz de identificar por sí solo las situaciones en las que esté a punto de explotar, para que logre colocarse en posición de tortuga sin que nadie tenga que decírselo.

A pesar de esto, no olvidemos que se trata de un proceso que llevará tiempo, por lo que al principio el adulto tendrá que estar atento y darle instrucciones.

Ahora, nos relajamos poco a poco…

El siguiente paso consiste en enseñar al niño a respirar mientras continúa en su caparazón. Para ello podrán utilizarse técnicas de respiración abdominal o incluso algunas propias de la meditación, en la cual el pequeño pueda poner la atención en su barriga y notar cómo se infla.

Otro de los procedimientos muy utilizados en este caso es el uso de la denominada relajación muscular progresiva. En ella, a través de una revisión conjunta de varios grupos musculares del cuerpo (brazos, piernas, cuello, cara, etc) enseñaremos al niño a tensar y destensar dichos músculos. De esta forma, buscaremos que sea capaz de notar la relajación asociada a este ejercicio.

Y para terminar, ¡solucionamos el problema!

El último y fundamental paso consiste en salir del caparazón y encontrar una solución al problema que le llevó a entrar en él. Si, por ejemplo, el motivo de hacerse tortuga ha tenido que ver con que el pequeño quería chucherías y estaba a punto de estallar de rabia, será importante que logre entender que no siempre pueden comerse golosinas, y que cada cosa tiene su tiempo.

Insistimos en que este paso es de vital importancia, ya que si nos limitamos a que el pequeño simplemente se relaje en su caparazón, corremos el riesgo de quedarnos en transformar la agresividad en simple pasividad. Ese no es precisamente el mensaje que deseamos enviarle con este ejercicio.

¿Cuándo aplicar la técnica de la tortuga?

La técnica de la tortuga es una técnica de control interno que está especialmente indicada para niños y niñas en edad preescolar o algo mayores, los cuales ya comienzan a tener la capacidad para interiorizar este tipo de analogías.

A pesar de esto, no podemos olvidar que el mensaje que esta técnica nos transmite es muy poderoso, y que en realidad podría utilizarse igualmente incluso por los adultos. En este caso quizá no fuese necesario hacer la tortuga literalmente, pero sí que sería bueno que aprendiéramos a detenernos y a reflexionar antes de estallar en cólera o en discusiones con los demás.

Para terminar, es importante recalcar que el autocontrol en la infancia es uno de los más importantes aprendizajes que podemos brindar a nuestros hijos. De él dependerá su capacidad para resolver y gestionar infinidad de situaciones en el futuro de una manera saludable.

Desgraciadamente, a día de hoy, estas técnicas no se enseñan demasiado en las escuelas o centros de educación infantil, lo cual hace aún más importante que los padres se tomen el tiempo y el interés necesario para aplicarlas.

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