Psicología: Cliente o paciente ¿Qué opinas?

Susana Pérez
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Lo primero que un psicólogo clínico debe valorar, antes de iniciar cualquier relación terapéutica con una persona, es la capacidad y disponibilidad para el cambio. Existen situaciones donde la persona no quiere o no puede cambiar, donde las cuestiones éticas, no nos permiten pasar a más.

Esta es una de las principales dificultades que se encuentra el psicólogo ente los problemas que las personas plantean en una terapia y, tristemente, creo que una de las razones por lo que muchas personas no creen en nosotros. Existe el mito que asevera que el psicólogo es capaz de leer el pensamiento de las personas, analizarlos en la primera impresión y con capacidad de cambiar a quién sean le guste o no.

Nada más lejos de la realidad objetiva. El psicólogo es capaz de materializar el cambio que la persona siente que necesita hacer. Las mejores terapias se resuelven porque la persona quiere cambiar, pero no sabe cómo. Por ello, en estos casos, el papel del profesional de la salud mental es importante porque propicia la ciencia que permite llegar al punto donde la persona quiere estar.

En ese sentido, los términos que usamos para definir a la persona que acude a terapia son determinantes para saber qué papel esperamos que ejerza dentro del marco de su tratamiento. Entiendo que para muchos las palabras son solamente eso: palabras, pero recordemos que el lenguaje regula las actividades que hacemos y nuestra manera de entender, consciente e inconscientemente, la palabra como reflejo de la realidad.

“Paciente” viene del latín “patior”, que significa “sufrir, soportar y quejarse”. Coincidentemente de la misma raíz latina viene la palabra “pasivo” que nos da la idea de falta de acción. Por si queda alguna duda de la connotación de paciente, en latín, el antónimo de paciente es “agente” o “que actúa”. El llamado paciente es alguien, según la etimología, que espera a que su enfermedad sea curada de forma pasiva y con paciencia.

“Cliente” por su parte, proviene del latín “protegido o que se apoya” y se usaba para designar las relaciones de ayuda entre los clientes y los patricios en la antigua Roma. El cliente era apoyado por el patricio en sus comercios, era tratado como de la familia, pero el patricio tenía un nivel jerárquico mayor, igual que en el caso de la terapia: el cliente es tratado con respeto, pero entra en una relación asimétrica. No estaba, sin embargo, el cliente romano atado a la relación, la cual podía romperse cuando el cliente lo deseara. De igual modo, en una relación terapéutica el cliente, etimológicamente, tiene un papel activo y es apoyado por el terapeuta en su deseo de cambiar.

Yo prefiero usar la palabra “cliente” porque pienso en un papel más activo en las personas que concurren a psicoterapia. De igual modo, eso les da la pauta para expresar si están satisfechos con el servicio que se les está prestando (y que pagan) y para pedir lo que deseen. También es una ayuda a la hora de cerrar casos y dar de alta, puesto que, como son protagonistas de sus cambios, existe poca dependencia.

No puedo negar que han acudido a mí muchos pacientes, algunos no han terminado el tratamiento pero otros, gracias a mucho esfuerzo, se han convertido en clientes.

Nota del Editor

Se completa el artículo con la interesante lectura en PDF “El vínculo terapéutico: Una relación significativa”, un texto firmado por la psicóloga clínica Assumpta Junyent, en el que comparte una serie de reflexiones sobre el la relación terapéutica y el vínculo consecuente, y que se inicia con una acertada cita de R.D Laing: “El tratamiento es el modo en que nos tratamos los unos a los otros”.

Imagen cortesía de Nicdalic vía Flickr.com
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Resumen: Los términos que usamos para definir a la persona que acude a terapia son determinantes para saber qué papel esperamos que ejerza dentro del marco de su tratamiento.

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