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Psicología positiva ¿verdad o mentira?

psicologia positiva
Jose Manuel Garrido

En algo más de dos décadas, desde que en los 90 el psicólogo estadounidense Martin Seligman comenzara a hablar de optimismo y de mejora personal, la psicología positiva ha llamado la atención no sólo de la comunidad científica y académica, sino también del público en general, sustentando además un floreciente mercado basado en la cultura del bienestar.

Esta popularidad no siempre bien entendida ha empañado en ocasiones la evidencia sobre la que pretende sustentarse, y ha llevado a una buena parte de esa atenta comunidad científica a posicionarse contra todo lo que huele a “positivismo”.

Pero, ¿qué hay de verdad y de mentira tras la Psicología Positiva? ¿es algo más que una moda polémica? ¿es sólo un negocio revestido de evidencias? ¿se trata de la psicología de una clase media acomodada? ¿es tan necesaria para el bienestar humano como algunos pregonan? ¿viene a llenar un vacío existente en los modelos tradicionales?.

Veamos a continuación los argumentos que defensores y detractores de este pretendido nuevo enfoque esgrimen en favor de cada una de sus posiciones:

“La Psicología Positiva es un enfoque novedoso y necesario, que aleja a la intervención psicológica del modelo médico tradicional”

Los que defienden la Psicología Positiva hacen alarde de lo novedoso de su enfoque y de la necesidad de enfrentar a la psicología tradicional un modelo más salugénico. Estas son algunas de sus razones:

Un punto de vista alternativo

La Psicología Positiva sale al paso de una psicología tradicional que, tras la Segunda Guerra Mundial, ha estado centrada de manera casi exclusiva en el sufrimiento, en los aspectos patológicos del ser humano, “en reparar el daño dentro de un modelo médico de funcionamiento, aportando un punto de vista alternativo centrado en el potencial y no en las deficiencias, en la salud y no en la enfermedad.

Preocupación por la evidencia científica

Se esfuerza por llevar la investigación empírica sólida y la evidencia científica a áreas como el bienestar, las fortalezas personales, la sabiduría, la creatividad, la salud psicológica y las características positivas de los grupos y las instituciones, adoptando desde el inicio el método de la psicología científica.

Una nueva imagen

Está cambiando la imagen negativa del psicólogo y de la psicología como disciplina orientada de manera casi exclusiva al ámbito de lo patológico, ofreciendo en cambio la alternativa del crecimiento personal y el bienestar humanos como objetos de estudio e intervención.

Gran variedad de aplicaciones

La Psicología Positiva tiene una gran variedad de aplicaciones ya consolidadas por la evidencia en áreas como la educación, la psicoterapia, la autoayuda, el manejo del estrés o el ámbito laboral. El uso de este tipo de estrategias por maestros, entrenadores, terapeutas, y organizaciones fomenta la motivación y ayuda a las personas a entender y desarrollar sus fortalezas personales.

Un interés inusitado

El ingente número de congresos, estudios,  manuales, revistas, asociaciones, universidades y profesionales que han abrazado este enfoque en tan sólo unos años es una muestra evidente de la necesidad de la Psicología Positiva.

La importancia de las emociones

Ha llevado el foco de atención de la comunidad científica sobre el estudio profundo de las emociones (especialmente las positivas, aunque no exclusivamente), situándolas en el lugar prominente que merecen y aportando con ello una nueva dimensión al estudio de los problemas e intervenciones psicológicas.

“La Psicología Positiva es básicamente una moda lucrativa que no aporta nada nuevo a la Psicología científica”

Esta frase resume en cierto modo la postura más crítica contra la Psicología Positiva, cuyos argumentos más destacados se exponen a continuación:

Dicotomía positivo-negativo

La Psicología Positiva maneja con demasiada soltura una dicotomía simplista entre lo positivo y lo negativo que nada tiene que ver con la realidad. Parece mucho más razonable y asumible desde un punto de vista adaptativo hablar de un continuo positvo-negativo, en el que tanto unas emociones como otras tienen su importancia.

Apropiación indebida del objeto de estudio

Es exagerado presuponer que hasta la aparición de la Psicología Positiva la Psicología científica ha estado centrada exclusivamente en lo negativo y no ha tenido en cuenta los aspectos positivos del ser humano. Es mas, muchos de los contenidos asumidos como propios por el movimiento de la Psicología Positiva, como la investigación sobre el bienestar subjetivo, han sido previamente desarrollados durante décadas (Held, 2002).

Movimiento filosófico espiritual

En demasiadas ocasiones es difícil distinguir a la Psicología Positiva de un movimiento de tipo filosófico espiritual, a pesar de su empeño por distinguirse y alejarse del enfoque más espiritual y acientífico de la Psicología Humanista de la que sin duda es heredera.

Investigación no relevante

Aunque la Psicología Positiva asume que las emociones tienen un papel causal sobre la salud y el bienestar o, en su caso, sobre la enfermedad y el malestar, la investigación utilizada consiste básicamente en la aportación de un sinfín de estudios correlacionales, que en ningún caso permiten extraer conclusiones del tipo causa-efecto.

La tiranía de la actitud positiva

Recurrir siempre a las emociones positivas como único modo de enfrentar la realidad puede llevar a trivializar estas emociones, propiciando lo que algunos autores han llamado “la tiranía de la actitud positiva” (Held, 2002). Esta excesiva presión hacia la actitud positiva pude estar contribuyendo a cierta forma de infelicidad relacionada con el sentimiento de culpa por no sentirse bien.

De este modo, la tiranía de la actitud positiva estaría contribuyendo paradójicamente a reducir el bienestar subjetivo que pretende fomentar.

El negocio de la felicidad

Desde la Psicología positiva se cae de manera recurrente en hacer de la felicidad un bien de consumo, creando en las personas la necesidad de utilizar cursos, talleres, libros, conferencias y orientaciones, puestos en el mercado por los nuevos gurús de la auotayuda, convencidos de que son necesarios y suficientes para aprender a ser feliz.

Psicología clasista

El concepto de felicidad que maneja la Psicología positiva es occidental y clasista, orientado a un segmento de población de clase media acomodada, alejada de circunstancias personales conflictivas o estresoras, más allá de las generadas por su propio estilo de vida. Algunos autores llegan al extremo de considerar que, según el modelo de Seligman, solo los occidentales blancos, casados y creyentes serían felices.

Entonces qué ¿verdad o mentira?

En lo que a mi respecta no me resulta fácil llegar a conclusiones definitivas sobre este fenómeno de la Psicología positiva. Debo reconocer que mi punto de vista está algo sesgado por una formación y una experiencia profesionales en las que el enfoque positivista ha llegado un tanto a destiempo.

No dejo de reconocer sin embargo que este nuevo punto de vista ha cambiado de manera radical el modo en que el ciudadano de a píe se acerca a la psicología, y también en muchos casos el modo en que los propios profesionales de la psicología se acercan a los pacientes y a sus problemas.

Como psicólogo de la Salud me siento obligado a mejorar la vida de las personas que me consultan, facilitando soluciones, estrategias y herramientas eficaces y eficientes. Para ello procuro ser siempre lo más cauto posible a la hora de analizar desde la objetividad y el rigor las diferentes opciones que se ponen a mi disposición.

¿Está entre estas opciones la Psicología Positiva? Seguro que sí. Pero hasta qué punto es razonable abrazar de manera incondicional sus métodos y preceptos es algo más complicado.

Parafraseando a los autores del documento que se comparte a continuación para su descarga: Nadie pone hoy en duda que la Psicología Positiva ha planteado cosas ciertas y cosas nuevas, pero ¿y si las cosas ciertas no son tan nuevas o las nuevas no son tan ciertas?.

Una reflexión que te traslado con el convencimiento de que cuanto más profundices más dudas tendrás al respecto. Pero mientras llegas a una conclusión déjame hacerte una pregunta: Con lo que ahora sabes, ¿de qué lado te posicionas?.

Psicología positiva ¿verdad o mentira?

Deja un RT sobre la opción que esté más cerca de tu postura sobre la Psicología Positiva. También puedes dejar un comentario. Nos gustará saber tu opinión.

Nota del Editor

Compartimos para su descarga el interesante documento “Falacias de la Psicología Positiva” firmado por Roberto García y Víctor Martínez, y publicado por la revista El Escéptico (2015), en el que se hace un extenso análisis crítico (tal vez exageradamente crítico) del fenómeno de la Psicología positiva y su posición en el marco de la actual psicología científica.

No está de más advertir sobre la dureza de algunas de las afirmaciones que contiene este informe, no exento sin embargo del necesario rigor académico.


Recursos:
Falacias de la Psicología Positiva
Fuentes:
Psicología Positiva: una moda polémica. María Prieto-Ursúa. Departamento de Psicología. Universidad Pontificia Comillas.

The Unhappy Truth About Positive Psychology

Imagen cortesía de Pixabay.com

7 comentarios en “Psicología positiva ¿verdad o mentira?”

  1. Edgar valdes parra

    En la actualidad es muy difícil defender posturas únicas, puesto que la evolución de la humanidad a avanzado a pasos agigantados, en los últimos 30 años, al igual el ser social a ido a la zaga de los avances, hoy se adquiere información de forma rápida y esto cambia los imaginarios y colectivos del ser social. Los eruditos de otrora ya no pueden elucubrarse ante otros, por la sencilla razón que la información esta por todas partes a un click del que la quiera.

    Desde mi óptica, el psicólogo del siglo XXI debe propender, día a día, por convertirse en un profesional ecléctico, ya que las comunidades tienen sus propias dinámicas y lo que funciona en España puede que no sirva en Argentina, dado que la cosmovisión es diferente y los imaginarios individuales y colectivos distan mucho unos de otros.

    Si crees que el positivismo es nefasto en los procesos de intervención, pues no los utilices, al igual puedo considerar (a manera de ejemplo) lo cognitivo conductual un atropello, pero ello no me da patente de corzo para descalificar escuela alguna.

    En la dialéctica el no estar de acuerdo, significa solo eso, la invitación es a que tendamos puentes y derribemos muros; hablemos de lo que nos une y no de lo que nos separa…

  2. Felicidades por la centricidad del tema y el equilibrio de perspectivas; retomo palabras como “rigor académico” “cientificidad”, “moda” y “enfoque” para no perdernos en la lucha por la razón, recordemos el “para qué” en la búsqueda de una verdad que, lo único seguro, es que de encontrarla, no será absoluta.

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