Apego seguro: Más fuerte, sabio, tranquilo y cariñoso

Mª Victoria Sánchez
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Cuando llega a nuestra consulta de psicología un niño o adolescente, necesariamente, además de la posibilidad de trabajar con el menor, vamos a tener que trabajar con sus cuidadores principales, con sus figuras de apego de referencia.

Esto es así, porque hacerlo de otra forma supone alcanzar resultados mucho más limitados, y de alguna forma, una falta de responsabilidad.

Cuando un niño/adolescente está desarrollando síntomas, debemos plantearnos qué le está ocurriendo a nivel individual, escolar y familiar, ya que son los tres niveles que más impacto van a tener en él.

El mayor factor de riesgo/protección para la salud mental en la infancia es el desarrollo de un vínculo seguro de apego, sabiendo esto, uno de los primeros objetivos es la valoración de esta cuestión en cada familia que atendemos.

El apego seguro como herramienta terapéutica

Debemos estar preparados para ayudar a los padres a generar en sus hijos un sentimiento de seguridad constante, deseo de proximidad y regulación emocional. Para que los padres puedan ofrecer estos tres pilares fundamentales a sus hijos, ellos mismos deben tenerlos. Es decir, difícilmente un adulto puede generar un sentimiento de seguridad en su hijo, si él mismo no lo tiene.

Igualmente, si en el adulto hay un apego inseguro, no podrá transmitir un adecuado deseo de contacto, cercanía y comunicación a sus hijos. De la misma forma, un adulto con dificultades en la regulación emocional, no podrá regular adecuadamente a su hijo, y por tanto no podrá enseñarle adecuadamente a autorregularse.

Para que el niño pueda interiorizar todo lo que aporta un vínculo de apego seguro, primero debe vivirlo en la relación con sus cuidadores. Así, para facilitar esta relación de apego seguro entre hijos-padres, y por tanto cuidar la salud mental de los más pequeños, primero debemos cuidar la salud mental de los adultos.

Poder generar en los padres un apego seguro repercutirá en su capacidad parental, relaciones sociales y de pareja, autoestima, mentalización, regulación emocional, curiosidad, autonomía, perspectiva, capacidad de atención, empatía, etc.

El establecer una relación de apego seguro adulto-terapeuta en el contexto psicoterapéutico, ayudará al adulto a detectar y comprender sus estados internos, a regular sus emociones y poder elaborar sus vivencias. Para esto, los terapeutas podemos ayudarnos de la psicoterapia basada en la mentalización y la terapia narrativa.

En algunas ocasiones, los padres que acuden a nuestra consulta en busca de ayuda para sus hijos (por problemas emocionales, conductuales…), traen en su propia historia biográfica un gran componente traumático. A veces son conscientes de la “mochila” que llevan, pero muchas veces no, porque no ha habido lugar para ocuparse de ellos mismos.

Cuando esto es así, lo más probable es que se haya bloqueado la posibilidad de generar un apego seguro y se presenten algunos síntomas (desregulación emocional, ansiedad, cambios de estado de ánimo, apatía, tristeza, falta de energía, falta de conexión emocional con los hijos o sobreprotección, problemas de atención y memoria, problemas de alimentación y de sueño, pesadillas, impulsividad…).

Si en la biografía de los adultos encontramos componente traumático, debemos atender esto. Puede referirse a maltrato en la infancia, negligencia, separaciones, abuso, muertes, problemas de salud propios y en la familia, accidentes, problemas de alcohol y drogas, traumas del embarazo, cambios en la vivienda, pérdidas de empleo, inmigración, ser testigo de hechos donde ha habido riesgo para la vida (ej: atentados, incendios, inundaciones, etc.).

El tratamiento con EMDR es especialmente eficaz para ayudar a procesar toda la historia traumática, junto a otras técnicas como la “Caja de arena”.

Las herramientas terapéuticas que utilicemos para trabajar con los adultos ayudarán a establecer el contexto y la relación terapéutica como una base y un refugio seguro, que permitirá un proceso de reparación del apego.

Esto, unido a sesiones de intervención familiar sistémica, y dando espacio individual al niño, genera unas condiciones óptimas para conseguir un estado de bienestar en todos los miembros de la familia de forma individual, y en su conjunto, un sistema familiar más empoderado, que puede hacerse cargo.

De esta forma, los adultos podrán convertirse en figuras de apego seguro para sus hijos, más fuertes, sabios, tranquilos y cariñosos.

La Teoría del Apego

La primera teoría del Apego se debe al psiquiatra y psicoanalista John Bowlby, que fue desarrollándola, no sin controversia, durante la década de los sesenta y setenta.

Pese a haber nacido en el seno del psicoanálisis, nunca fue integrada totalmente en su marco teórico de referencia, siendo cuestionada desde el inicio por los principales teóricos de la época (Anna Freud y René Spitz principalmente).

La teoría propuesta por Bowlby es, en síntesis, la siguiente:

  • El ser humano desarrolla desde su nacimiento un vínculo intenso hacia una única persona (el cuidador principal). Una vez establecido, este vínculo se mantiene constante.
  • La separación de la figura de apego desencadena una reacción afectiva, que se manifiesta a través de conductas observables, y que siguen un patrón también constante.
  • Este patrón presenta tres fases: En un primer momento, el niño separado de su figura de apego, protestará. Si la separación continúa, manifestará desesperación, y por último, si la separación se mantiene en el tiempo, desapego.
  • El apego se establece como una necesidad primaria e independiente, que no se “apoya” en otras necesidades básicas como la alimentación.
  • Las conductas de apego se mantienen a lo largo de toda la vida, activándose ante determinadas circunstancias vinculadas con la pérdida, ya sean éstas anticipadas o reales.
  • Estas conductas tienen la finalidad principal de mantener la proximidad a la figura de apego, y su función básica es la supervivencia. Esta circunstancia hace que se desarrollen y mantengan de acuerdo al concepto darwiniano de “selección natural”.

El apego y la pérdida by John Bowlby (1998).

Imagen cortesía de Pixabay.com

Apego seguro: Más fuerte, sabio, tranquilo y cariñoso Mª Victoria Sánchez
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Resumen: El apego seguro, además de una herramienta terapéutica necesaria, es un factor clave para criar hijos resilientes, más fuertes, sabios, tranquilos y cariñosos.

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