El Polígrafo perfecto que va siempre contigo

Andrés Halty de León
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¿Os imagináis como seria estar conectado al mejor polígrafo jamás inventado? Una maquina perfecta, la más sensible jamás fabricada. No hay manera de que uno pueda estar nervioso, ansioso o estresado, sin que la máquina lo detecte. Pues bien, esa máquina existe, y no es otra que nuestro sistema nervioso.

Imagínate la siguiente situación: tu sentado/a en un silla, en el medio de una habitación a oscuras, fría y húmeda. Vamos, la típica escena de las películas dónde el héroe esta a punto de ser sometido a un interrogatorio (nótese, muy importante, que en este caso tú eres el héroe. O la heroína.). El malo de la peli te dice que estás conectado a una máquina, un polígrafo, que es infalible. Sea cuál sea tu estado anímico, éste polígrafo lo detectará, pues es la máquina más sensible jamás inventada.

Acto seguido, mientras carga su revólver de gran calibre, te comenta que, en este caso, a diferencia de las películas convencionales, no te va a interrogar, sino que te va a someter a una prueba. Una prueba muy fácil te dice, con esa sonrisa malvada característica que todos los malos de pelis saben hacer, y que te indica que de fácil no tiene nada.

Lo único que tienes que hacer es estar relajado/a. Ahora bien, si por cualquier cosa te pones nervioso/a, como estás conectado/a al polígrafo perfecto, lo sabrá. Y te matará (todo esto lo dice al mismo tiempo que sientes el peso del cañón contra tu cabeza). La duración de la prueba es de 5 minutos.

Crees que serías capaz de superarla? ¿Qué crees que pasaría? El más mínimo atisbo de ansiedad sería aterrador. Seguramente estarías pensando algo así cómo: “¡Oh Dios mío! ¿Me estoy poniendo nervioso?¡Seguro que se da cuenta! ¡Debo controlarme!¡Oh no! ¡Aquí viene! “. GAME OVER.

Y es que…¿cómo podría funcionar de otra manera? Yo, desde luego, no sería capaz de superar una prueba así.

Volviendo a la monotonía y seguridad de la teoría, en esta situación imaginada, tal y como comentábamos en la introducción al artículo, el polígrafo, representa a tu sistema nervioso central. Y es que por definición, siempre que sentimos algo, nuestro sistema nervioso se encarga de que nuestro cuerpo, nuestros síntomas fisiológicos, estén en consonancia con dicho estado anímico.

Y tenemos algo mas poderoso y amenazante que cualquier arma: nuestra autoestima, amor propio, nuestro “self” o “yo”.  En definitiva, el concepto que tenemos de nosotros mismos. Y, el malo de la peli, en esta caso, somos nosotros mismos. Así que, en realidad, estamos en una situación muy parecida a la imaginada.

Intentaré explicarme; nos encontramos conectados a un sistema que nos dice exactamente como nos sentimos, como nos encontramos. Al mismo tiempo, podemos tener pensamientos del tipo “Tengo que estar relajado/a”, “Tengo que estar bien”, “No me tengo que preocupar”, “Tengo que ser feliz”. ¿Y que pasa cuando no somos capaces de controlar nuestras emociones y sentimientos y nos sentimos de otra manera? (cosa que pasa prácticamente el 100 % del tiempo).

Pues eso, que la pistola dispara, y pasamos a tener más preocupación, más ansiedad y mayor estrés. Y evidentemente, nos damos cuenta, pues tenemos a nuestro querido sistema nervioso central para indicarnos cómo de mal estamos (taquicardia, malestar, sudores fríos, dolores de cabeza/estómago y un largo etcétera).

Y es que la clave de toda la historia radica en el concepto de que, por mucho que nos gustaría, las personas no pueden controlar sus propios pensamientos y emociones. Por mucho que tengas al lado a alguien, pidiéndote de mil maneras distintas, por la fuerza o amablemente, que te sientas de una determinada manera, es realmente difícil que lo puedas satisfacer.

Y es imposible si lo hace a través de la amenaza o la presión. Otro ejemplo: ¿serias capaz de enamorarte de una persona que yo te indicara, si yo te pagara, digamos unos 100.000 euros? ¿Alguien seria capaz de hacerlo? ¿Genuinamente? No lo creo.

En otras palabras, no se trata simplemente de deshacerse de las emociones que son difíciles, sino que es igualmente difícil crearlas, incluso las que se quieran, de cualquier manera controlable, altamente predictiva y deliberada.

Así que la moraleja de hoy, chicos y chicas, es que modificar, crear o eliminar emociones o estados de animo, de una manera controlable, predictiva y deliberada, es muy muy muy difícil. Ya sea crear positivas, como eliminar negativas. La única manera de incidir sobre nuestras emociones, es a través de las conductas y acciones que realizamos en nuestra vida diaria. Pero eso ya es harina de otro costal, y tendrá que esperar al próximo artículo.

Bibliografía: Bond, F. W. y  Hayes, S. C. (2004), ACT at work. En F. W. Bond y W. Dryden (Ed.), Handbook of Brief Cognitive Behaviour Therapy (pp. 117 – 139). West Sussex, Inglaterra: John Wiley & Sons Ltd.

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Resumen: Nuestro Sistema Nervioso es una máquina perfecta, que detecta de manera precisa cada emoción, sentimiento o estado de ánimo, haciendo casi imposible un control voluntario.

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