“Un monstruo viene a verme” o el árbol psicoterapeuta

Clara Dini Llobet
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(Debemos advertir que este artículo contiene algunos spoilers. Resulta imposible el análisis de esta historia sin desvelar parte de su trama)

Aunque algunos la tachan de lenta y excesivamente efectista, “Un monstruo viene a verme” demuestra una gran profundidad psicológica al tratar algunos temas con los que todos nos enfrentamos en la vida: la culpa, las relaciones humanas, la aceptación, el proceso de duelo y la gestión de las emociones.

El último trabajo de Bayona y su monstruo terapeuta buscador de la verdad nos ha parecido una magnífica oportunidad para, a través de algunas de sus frases y escenas, comentar algunos aspectos relacionados con la psicología de la película bajo nuestro punto de vista como profesionales de la terapia Gestalt.

A pesar de tener sólo 13 años, Conor O’ Malley se enfrenta a unas duras pruebas en su vida. El cáncer de su madre, agravado por un padre ausente y por el acoso escolar que sufre, generan en el niño unas emociones muy intensas, contradictorias y complicadas de gestionar.

Un día Conor recibe la visita de un gran árbol que le contará tres historias a cambio de que el niño le cuente una cuarta, que es, su mayor pesadilla, y a la vez, lo que el monstruo llama “la verdad”. A través de estas historias y de la relación que ambos construyen, el árbol le ayudará a gestionar las emociones de manera sana y a aceptar las circunstancias que le toca vivir.

Un monstruo terapeuta viene a verme

El personaje del árbol es una clara figura terapéutica que acompaña y ayuda a Conor en su proceso de duelo. Igual que un profesional de la psicoterapia, el árbol le ayuda a aceptar, expresar, tomar conciencia y despenalizar las intensas emociones que le generan las situaciones que está viviendo.

“No vine a curar a tu madre, vine a curarte a ti”

Otra lectura que se le puede dar al personaje del árbol es que representa una parte de Conor, que sería la verdad de sus pensamientos, emociones y acciones, la parte sana y consciente que es capaz de sostener, transitar y gestionar lo que le sucede. Tenemos que decir, no obstante, que es casi imposible que un niño de esa edad pueda realizar solo esa tarea, ya de por sí muy compleja para la mayoría de personas adultas.

Muchas veces la vida nos pilla con pocos recursos para gestionar lo que nos sucede. A veces por juventud como le pasa a Conor, otras porque simplemente no disponemos de herramientas para hacerlo, tengamos la edad que tengamos. En estos casos un soporte profesional será clave para ayudarnos a actuar de la manera más sana posible. En este caso en vez de ir a visitar a un terapeuta, un monstruo-terapeuta viene a visitarle a él.

Todos tenemos un instinto de supervivencia que en momentos de crisis nos empuja a dar, dentro de nuestras posibilidades, la mejor respuesta posible. Aunque esa primera reacción defensiva nos ayude a sobrevivir, a salir adelante y a (supuestamente) aliviar el dolor, puede no ser la más saludable para nosotros y acarrearnos consecuencias muy negativas.

Esconder, reprimir o minimizar lo que sentimos, hacernos los fuertes o no buscar ayuda cuando la necesitamos son algunos de los mecanismos menos sanos a los que, como Conor, solemos recurrir frecuentemente. Otro error habitual radica en creer que el tiempo lo cura todo y que, sin que tengamos que implicarnos en ello, lo que nos duele quedará superado al cabo de ciertos meses o años.

Expresar las emociones

En la película Conor reprime sus emociones, y a pesar de ser la mejor respuesta que puede dar en ese momento, es una actitud que le perjudica a muchos niveles. El monstruo le enseña a expresar sus emociones, le da el permiso que el niño no se da a sí mismo para que por fin pueda aceptarlas, transitarlas y, finalmente, vaciarlas.

En algunos momentos, el monstruo se convierte en esa parte oculta de Conor que tanto necesita mostrar y aceptar, esa parte que él niega y oculta y que está llena de rabia, frustración y miedo.

Con el acompañamiento del árbol por fin puede descargar la rabia que tanto tiempo lleva reprimiendo (dónde y cómo la descarga quizá no sea la mejor de las elecciones, pero dadas las circunstancias se hace comprensible que encontrándose al límite, Conor hace lo que puede…)

“Lo que callamos nos puede llegar a matar”

Como dice esta frase del árbol, la represión o negación de las emociones tiene consecuencias negativas a muchos niveles. El darnos permiso a expresar en un espacio terapéutico o de confianza incluso aquellas que nos parecen más censurables, nos permitirá liberarnos de la carga neurótica que conlleva su negación.

Es evidente que lo que vivimos influye en nuestras vidas, pero si está bien gestionado evitaremos cargar con emociones, creencias y mecanismos que pueden resultarnos muy perjudiciales.

De no haber contado con la ayuda del monstruo, Conor habría acarreado una gran mochila llena de culpa, miedo, tristeza y rabia que sin duda le habría impedido realizar una buena gestión del duelo de su madre y habría tenido consecuencias negativas durante toda su vida.

Aceptación y verdad

Esta película en realidad es una historia de aceptación. Como dice una de sus frases, muchas veces nos mentimos a nosotros mismos por no querer o no ser capaces de aceptar algo que nos duele:

“A veces la gente necesita mentirse a sí misma más que ninguna otra cosa”

Como Conor, a veces nos empeñamos en ignorar o esconder nuestras emociones por no estar bien vistas o porque nos hacen sentir “malos”. Como Conor, nos esforzamos en luchar contra situaciones que no podemos cambiar y nos perdemos en esa inútil y agotadora batalla. También como Conor, ocultamos y rechazamos aquellas partes de nosotros menos “bonitas”… y todo eso, inevitablemente, nos lleva al sufrimiento.

Hasta que no se de una aceptación de lo que no estamos queriendo ver, no podremos ocuparnos de nosotros mismos e incrementaremos el dolor que, por otro lado, intentamos evitar. 

Aceptar implica responsabilizarnos de lo que nos sucede. Cuando aceptamos nuestras emociones, podemos atenderlas, transitarlas, expresarlas y finalmente, vaciarnos de ellas.

Cuando aceptamos una situación que no podemos cambiar, podemos empezar a ocuparnos de vivirla de la manera más sana y consciente posible. Cuando reconocemos nuestra parte menos bonita, podemos aceptarnos tal y como realmente somos.

En la película se hace patente que sólo después de reconocer y vaciar sus emociones, Conor puede finalmente aceptar la enfermedad de su madre. La aceptación de una circunstancia dolorosa sólo puede llegar después de hacernos conscientes, expresar y descargar las emociones que nos provoca.

Cualquier otra vía que pretenda evitar lo real, la verdad de lo que sentimos, sólo será un atajo mental que nos llevará hacia el malestar y la acumulación de temas pendientes en nuestra mochila.

La complejidad de las cosas

Las personas somos complejas, las emociones son complejas y la realidad es compleja y, a veces, injusta. Las cosas no son blancas o negras, buenas o malas.

“No siempre hay un bueno. Ni siempre hay un malo.

Casi todo el mundo está en algún punto intermedio”

Ése es el mensaje que el monstruo quiere que Conor entienda antes de que el niño revele “su gran verdad” en la cuarta historia. Los cuentos del árbol, en los que no hay personajes claramente buenos o malos, poco a poco van preparando a Conor para enfrentarse a esa dualidad, a sus emociones contradictorias y a los pensamientos que le provocan una gran culpa.

Cuando por fin llega el momento de enfrentarse a “la verdad”, Conor revela que “quería que todo acabara”, que una parte de él deseaba la muerte de su madre. El árbol despenaliza ese pensamiento para que el niño pueda aceptar que es una reacción natural fruto del profundo dolor que siente:

“Tu vida no la escribes con palabras, la escribes con acciones.
Lo que piensas no es importante.”

Es natural que una parte de nosotros  desee “que todo acabe” y quiera descansar del dolor de una situación semejante. Ser sinceros con nosotros mismos, expresar esa parte que censuramos y aceptar que es un pensamiento surgido de nuestro instinto de supervivencia, nos permitirá liberarnos de él y no dejar que se enquiste.

Culpa y castigo

Para soportar la culpa, para expiar su terrible secreto, Conor quiere ser castigado. Tan terrible es la culpa que siente, que busca su castigo en todas partes: cada vez que se porta mal, pregunta si le van a castigar, a lo que le suelen responder “¿para qué serviría?”. Creemos que la respuesta interna de Conor es “¡para aliviar mi culpa!”.

Por eso, en realidad es él quien acosa a su agresor mirándolo fijamente, buscando sus agresiones. El matón del colegio es el ejecutor del castigo que Conor cree merecer, y por eso, cuando el niño se niega a seguir pegándole, Conor entra en cólera.

Cuando nos sentimos culpables, a veces tendemos a proyectar nuestra culpa fuera buscando el responsabilizar a otros de ella. Otras, buscamos inconscientemente como Conor el castigo que creemos merecer, castigándonos nosotros mismos o a través de otros (como quien, después de ser infiel, lo confiesa a su pareja para aliviar su culpa en un intento de ser “castigado”).

La importancia de dejar ir

Reconocer que en la pesadilla que lo martiriza noche tras noche, en realidad Conor “suelta” a su madre para dejar que caiga al abismo, es una metáfora de que por fin acepta lo que está sucediendo.

Cuando la suelta, finalmente puede descansar en la realidad de que su madre tiene que marcharse y él no puede hacer nada al respecto más que estar a su lado.

En una de las escenas finales, el monstruo invita al niño a decirle a su madre la “verdad más sencilla”, que no es otra que “no quiero que te vayas”. Detrás de todos los pensamientos contradictorios y aparentemente incompatibles, lo que queda es lo más sencillo, la emoción real.

Como Conor, muchas veces nos vemos incapaces de dejar marchar aquello que se ha ido: una persona que ha fallecido, una pareja con la que ya no estamos, una situación dulce… Aunque sea doloroso, se hace necesario soltarlo: la persona o circunstancia se marchará igualmente, pero nosotros nos quedaremos sin darnos cuenta en un duelo permanente, con algo pendiente de resolver que será una carga y no nos permitirá vivir de manera plena.

Paralelismos en Psicoterapia*

Algunos puntos de conexión de “Un monstruo viene a verme” con actuaciones, enfoques y objetivos que perseguimos en un proceso de terapia Gestalt:

– Relación terapéutica: Apoyamos al/la cliente/a en sus actitudes sanas y le confrontamos cuando es necesario. Nos implicamos en su proceso y realizamos un acompañamiento cercano, cálido y humano.

– Trabajo de emociones: Trabajamos sobre todo en el plano emocional y de forma vivencial, para que la persona tome conciencia, sienta, reconozca, acepte y exprese las emociones generadas por las situaciones que está viviendo, sin realizar ningún juicio al respecto.

Invitamos a descargar la rabia cuando es oportuno de la forma más directa, orgánica y efectiva que existe: gritando, golpeando, rompiendo algo, siempre en un entorno seguro y adecuado.

Acompañamos en el proceso de duelo, ayudando a elaborar y transitar las diferentes etapas de éste, evitando que queden temas pendientes de gestionar.

– Autoconocimiento, aceptación y verdad: Ayudamos a hacer visibles los mecanismos, reacciones, emociones y partes que la persona desconoce de sí misma.

Fomentamos la aceptación e integración de las partes propias menos agradables, así como de las emociones, pensamientos y personajes internos rechazados o aparentemente incompatibles.

Buscamos la verdad y la sinceridad hacia uno mismo. Trabajamos en la responsabilidad de lo que sentimos, pensamos y hacemos.

– Obtención de recursos: Trabajamos para obtener recursos y herramientas que sirvan para gestionar circunstancias presentes y futuras.

Siempre vale la pena adentrarnos en nosotros mismos para poder transitar lo que nos toca vivir de la manera más sana y consciente posible. Un proceso de duelo no es sencillo por lo que mueve a muchos niveles, y por eso es recomendable la búsqueda de una ayuda profesional que nos ayude a gestionarlo de forma saludable.

Esta historia da para analizar y profundizar en muchos más temas, pero para terminar el artículo nos quedamos con esta otra frase de “Un monstruo viene a verme” que de alguna manera, creemos que lo resume casi todo:

“Si dices la verdad, podrás enfrentarte a todo lo que venga” (si te dices la verdad a ti mismo, sobre todo)

* Aunque usemos esta historia como un ejemplo de acompañamiento terapéutico, no debemos olvidar que se trata de una película y por lo tanto, no todas las actitudes y devoluciones se darían tal cual en un espacio real de terapia.

“Un monstruo viene a verme” o el árbol psicoterapeuta Clara Dini Llobet
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Resumen: "Un monstruo viene a verme" demuestra una gran profundidad psicológica tratando algunos temas con los que todos nos enfrentamos en algún momento de nuestras vidas.

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