¿El tiempo lo cura todo?

Clara Dini Llobet
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“El tiempo lo cura todo”. ¿Cuántas veces te han dicho esta frase? ¿Cuántas veces la has dicho tú? Seguro que muchas, aunque por desgracia la creencia de que el tiempo lo cura todo es falsa y hasta cierto punto, peligrosa.

Cuando usamos esta expresión lo hacemos con el propósito de aliviar el dolor de alguien, darle ánimos y recordarle que estará mejor. Aunque sea con la mejor de las intenciones, de alguna manera lo que estamos diciendo es que sin que sea necesario hacer nada más, su malestar desaparecerá o mejorará por sí solo… y nada más lejos de la verdad.

Las emociones que ignoramos o gestionamos incorrectamente, lejos de desaparecer quedan almacenadas en algún rincón a la espera de que paguemos nuestra “deuda” con ellas (y con intereses).

Una versión similar a “el tiempo lo cura todo” es la expresión “el tiempo lo pone todo en su sitio”, que de nuevo invita a la pasividad y a la espera. Esta vez parece ser que si esperamos el tiempo suficiente, las cosas se colocarán como es debido sin que tengamos que atrevernos a situarlas nosotros.

Con estas actitudes nos convertimos en víctimas pasivas, en ranas hervidas que en lugar de responsabilizarse de sus vidas esperan a que las cosas (o los demás) cambien para ahorrarse el trabajo de decidir, actuar, expresar, arriesgar… parece que lo que quieren ahorrarse, al fin y al cabo, es vivir.

Estrés, ansiedad, insatisfacción, depresión… pueden ser algunas de las consecuencias de pretender que el tiempo haga un trabajo que tenemos que hacer nosotros.

El tiempo no cura

A nuestra consulta a menudo llegan personas que han vivido experiencias dolorosas. Muchas de ellas nos dicen que ya las han superado porque las sienten lejanas y creen que pasado un cierto tiempo, ya no afectan a su presente.

– A. perdió a su madre cuando tenía 17 años. Cuando inició terapia con 38, expresó que “ya lo tenía superado”. Durante su proceso terapéutico se dio cuenta de que no era así y pudo tomar conciencia de cómo este hecho había influido enormemente en su vida y relaciones personales.

Veintiún años después, pudo por fin realizar el duelo que en su momento no había podido gestionar correctamente y empezar a relacionarse con los demás desde un lugar más sano y consciente.

– M. se separó después de 12 años de relación. A pesar de que creía que era un episodio superado, durante la terapia se dio cuenta de que aún quedaban temas pendientes de cerrar con su ex pareja y que éstos habían afectado a todas sus relaciones posteriores.

Al trabajarlo, finalmente pudo soltar esa relación de una vez por todas e iniciar una nueva etapa.

Los ejemplos anteriores ponen de manifiesto que el paso del tiempo, por si solo, no basta. La realidad es que los asuntos que quedan abiertos influyen en nuestro presente sin que seamos conscientes de ello.

El tiempo no cura. El tiempo anestesia, aleja, diluye, minimiza, ayuda a olvidar… y todo ello crea la falsa sensación de que lo que nos dolía se ha resuelto o ha desaparecido.

La nostalgia nos debilita

Un punto aparte merece otra actitud que nos ata al pasado: la nostalgia. En este artículo que le dedicamos hace un tiempo, comentamos cómo el escape al pasado es un camino lleno de trampas que nos arrastra a una comparación e insatisfacción permanentes.

La actitud nostálgica, igual que el tema que nos ocupa hoy, tiene que ver con un apego al pasado (voluntario en este caso) y con la imposibilidad de soltar las experiencias vividas y entregarnos del todo a nuestro presente.

En terapia Gestalt trabajamos sobre lo que le sucede a la persona en el presente. Muchas veces, no obstante, las dificultades que se ponen de manifiesto en el ahora tienen su origen en el pasado, por lo que se hace necesario revisar qué es lo que quedó pendiente de cerrar y hemos incorporado sin saberlo a nuestra “mochila personal”. Este apego involuntario al pasado nos debilita y condiciona en nuestro presente.

Lo que cura no es el paso del tiempo, sino el trabajo consciente de estas emociones y experiencias dolorosas. No nos cura el tiempo, nos curamos nosotros mismos cuando nos implicamos en nuestro crecimiento dándonos la oportunidad de revisar y sanar aquello que quedó abierto.

En un proceso terapéutico, podremos por fin decir lo que en aquel momento no pudimos decir, tomar conciencia de aquello que en su momento no pudimos darnos cuenta, podremos expresar y atravesar las emociones que en su momento no pudimos gestionar y que continúan a la espera de ser atendidas.

En esta tarea, los terapeutas acogemos y acompañamos a los clientes ofreciendo recursos y estrategias que garantizan un trabajo efectivo y profundo.

El tiempo como aliado terapéutico

“El tiempo se convierte en un aliado curativo sólo si tenemos la valentía de comprometernos en nuestro bienestar e ir al encuentro de aquello que necesitamos revisar”

 Algunos signos de que tenemos temas pendientes de cerrar pueden ser:

  1. Rememorar voluntaria o involuntariamente de forma frecuente personas, circunstancias o emociones relacionadas con el pasado.
  2. Mantener conversaciones imaginarias en las que expresamos algo que creemos que “tendríamos que haber dicho” a alguien.
  3. Cuando una situación actual nos recuerda a una del pasado impidiéndonos estar presentes en ella o vivirla de manera natural.
  4. Actuar por miedo a que se repitan sucesos vividos (por ejemplo, miedo a entregarse a una relación amorosa por haber sufrido desengaños).
  5. Cuando lo que le sucede a una persona de nuestro entorno nos recuerda algo que vivimos, haciendo que nos impliquemos en exceso y nos cueste separar su vivencia de la nuestra(por ejemplo, asistir al funeral de la madre de un amigo y llorar la muerte de nuestra propia madre).
  6. Cuando sentimos que algún suceso “nos ha marcado” o “pesa mucho” en nuestras vidas.

Si te indentificas en alguno de estos puntos, te recomendamos buscar ayuda terapéutica para poder reelaborar y cerrar los temas que hayan podido quedar pendientes, aligerar tu “mochila” e iniciar una etapa nueva sin arrastrar peso de tu pasado.

El tiempo se convierte en un aliado curativo sólo si tenemos la valentía de comprometernos en nuestro bienestar e ir al encuentro de aquello que necesitamos revisar para, por fin, poder dejarlo atrás y convertirlo en un valioso aprendizaje.

Para ello es necesario recuperar nuestra responsabilidad en lo que sentimos e implicarnos en un proceso que nos lleve a vivir con mayor consciencia y plenitud nuestro presente.

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¿El tiempo lo cura todo? Clara Dini Llobet
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Resumen: El tiempo ayuda a minimizar y alejar las emociones menos agradables, pero sólo si tenemos la valentía de ir al encuentro de aquello que necesitamos revisar, podremos “curarnos” a nosotros mismos y no dejar esta responsabilidad en manos del paso del tiempo.

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