Terapia Gestalt. La experiencia como objeto terapéutico

Luis Fernando López
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La psicología de la gestalt o teoría de la forma, atendiendo al recorrido que nos ofrece Ángeles Martín en su obra “Manual práctico de psicoterapia Gestalt (2006)”, tiene su origen en el trabajo de psicólogos de principios del siglo XX tales como Koffka (1973), Kohler (1963), Wertheimer (1925) y Brown y Voth (1937).

La gestalt surge del resultado de las diferentes teorías visuales y auditivas en un tiempo en el que los sentimientos, las emociones y el contenido interior de la persona no era tenido en consideración, ya que sus principios de modo general, partían de presupuestos y principios psicológicos estimulares externos. No obstante y en tiempo posterior, será F. Perls quien recuperará la atención por los procesos físicos y figuras producidas dentro del organismo.

El enfrentamiento con las teorías psicológicas imperantes en le época, estaba servido; su concepción del fenómeno como una totalidad, alejado de una explicación en función de los elementos que la componen, le sirvieron a Wertheimer y sus discípulos para señalar que la percepción mantiene un carácter de totalidad. Y es precisamente de esta totalidad, como configuración (una gestalt) donde atribuían su mayor descubrimiento: el estudio de un fenómeno a través de sus partes, lo destruye, lo fragmenta.

La necesidad de retornar a una percepción sencilla, a la experiencia inmediata, es una necesidad de la psicología de la gestalt. No es extraño pensar pues, que los individuos en base a sus premisas, no percibimos sensaciones aisladas que vamos integrando en totalidades, sino muy al contrario, tenemos una sensación de totalidad.

Las investigaciones realizadas por los primeros gestaltistas alemanes sobre estos fenómenos de la percepción permitieron a Wertheimer formular la teoría de la gestalt. De hecho, si atendemos al vocablo “gestalt“, éste ha sido traducido de diversas maneras: configuración, forma, figura… donde la más aceptada sea quizás la de “forma” y de ahí el nombre de “teoría de la forma“.

No podemos avanzar pues en los orígenes de la Gestalt, sin la importante labor de Wertheimer (1925) a quién se le atribuye el primer intento de sistematizar y realizar la síntesis de la percepción a través de una psicología organísmica.

Las bases de la Terapia Gestalt

La Psicoterapia Gestalt, surge en los años 40, de mano de Fritz Perls , Laura Perls y Paul Goodman. Su base la encontramos en la filosofía existencialista, en la teoría del campo y en algunos puntos del Psicoanálisis, entre otras teorías y enfoques psicológicos (Ortega, 2012).

Estos autores siguiendo los conceptos de que la percepción tiene un carácter de totalidad y que su gestalt (configuración) se fragmenta-destruye en el momento de ser analizada en partes, aportan dos conceptos fundamentales (Martín, 2013): que la percepción está organizada y que tiende a ser tan buena como la permiten las situaciones estímulo.

En base a ello, podemos afirmar, que la terapia gestalt (TG) nace como reacción a valores ya establecidos, siendo entre las corrientes psicológicas analizadas, el determinismo del psicoanálisis y el intervencionismo conductista a las que más duramente se enfrenta. Entre las influencias recibidas, podemos destacar (Vásquez Olcese, 2012)

  • El psicoanálisis de Freud, retomando y reformulando su teoría de los mecanismos de defensa y sueños.
  • La filosofía existencial, rescatando la confianza en las potencialidades inherentes, el respeto y la responsabilidad del individuo.
  • La fenomenología, de la que toma su apego por lo obvio, la experiencia inmediata y la conciencia.
  • El psicodrama, de J.L. Moreno del que adopta la dramatización de experiencias y los sueños.
  • La teoría de la coraza muscular de W. Reich.
  • La teoría de la indiferencia creativa de Sigmund Friedlander, de la que extrae su teoría de polaridades.

La principal revolución de la TG es aquella que marca el paso de un modelo de pensamiento individualista a un modelo de campo, donde el holismo cuerpo-mente deja cabida e incluye al entorno.

El objeto de la Terapia Gestalt

Es pues, desde este momento, donde el objeto de la psicoterapia ya no es una “psique”, no es un sujeto, es la “experiencia”. Experiencia de la persona dada en un campo constituido por un organismo y su entorno, ya que el primero no puede existir sin el segundo (“el ambiente no crea al individuo, como tampoco el individuo crea al ambiente“; Perls, 1974).

En esencia la forma o configuración de cualquier cosa, está formada de una “figura” y un “fondo“; poniendo un ejemplo práctico, si atendemos a la lectura de esta memoria, las letras constituirían la figura y el espacio en blanco sería el fondo; no obstante esta situación puede ser invertida y lo que es ahora figura podría ser fondo. Este fenómeno descrito, ubicado en el plano de la percepción, involucra a todos los aspectos de la experiencia (Vásquez Olcese, 2012).

Con este planteamiento teórico, la psicoterapia gestalt, que introduce el concepto de motivación en la percepción (Martín, 2013), adopta una posición que rompe las líneas seguidas en la época, fragmentando una causalidad lineal, con la noción de interno versus externo o real y observa a la persona como animal social.

Con ello, sitúa los conflictos neuróticos o psicóticos del individuo no en su psique, sino en un contexto o situación, pasando de ser problemas de naturaleza interna a ser “problemas de contacto” con el entorno-ambiente, no pudiendo ocurrir más que en el “aquí y ahora” (Tárrega, 2009).

En base a ello, la Terapia Gestalt es más que una teoría de la psique, es un abordaje terapéutico y una filosofía de vida donde prima la conciencia (awareness), la adquisición y compromiso con la propia responsabilidad de los procesos en curso y la fe en la sabiduría intrínseca del organismo como mecanismo de autorregulación con un medio cambiante y en constante evolución (Peñarrubia, 2010).

La psicoterapia de la gestalt en palabras de la propia A.E.T.G. (2013) ” antepone la espontaneidad al control, la vivencia a la evitación de lo molesto y doloroso, el sentir a la racionalización y requiere del terapeuta un uso de sí como instrumento que transmita una determinada actitud vital en vez de practicar únicamente una técnica útil contra la neurosis“.

El objetivo pues de la Terapia Gestalt sería (Maurí, 2013):

  • Obtener las herramientas y recursos terapéuticos adecuados para ayudar al cliente en su problemática, haciéndole más consciente de cómo ha llegado a la situación en la que se encuentra.
  • Ampliar el campo de posibilidades y recursos personales disponibles, devolviendo al cliente su capacidad de elección consciente de qué quiere hacer para afrontar sus desafíos y su propia vida desde la responsabilidad y la recuperación de la creatividad pérdidas.
  • Para ello, se hace necesario un trabajo de autoconocimiento personal y la atención consciente de nuestras propias percepciones, impactos emocionales y sentimentales, así como una guía de actuación del por qué hacemos lo que hacemos y de cómo el entorno nos influye en nuestras acciones.
  • El objetivo esencial, será discernir qué tiene que ver con el pasado, aprendiendo a adaptarnos y a ajustarnos a cada situación, descubriendo nuevos modos más útiles de hacer las cosas desde la experiencia, la autodeterminación y el autoconocimiento personal.

Una sesión de terapia con Fritz Perls

Imagen cortesía de Pixabay.com
Terapia Gestalt. La experiencia como objeto terapéutico Luis Fernando López
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Resumen: La Gestalt mantiene un enfoque basado en el equilibrio del organismo en sus diferentes vertientes (emocional, intelectual, de acción y espiritual) abarcando todos los ámbitos del ser humano.

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