5 cosas que aprendí de una ruptura inesperada

Sergio García
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Cuanto más inesperada, más dolorosa es una ruptura de pareja. La neurociencia indica que durante la vivencia del rechazo se activan las mismas zonas que al experimentar dolor físico, por lo que el sufrimiento es muy “real”.

Además, con el desamor se vive la sensación de que te “arrancan” parte de ti mismo, de tu vida. Si a esto le unimos los efectos similares a la adicción que presentan el amor y el enamoramiento, pues tenemos un cóctel psicológicamente muy explosivo.

Con este panorama, no es de extrañar que en la actualidad los problemas de pareja ocupen la mayor parte de los motivos por los que se acude a la consulta psicológica.

Una vez contextualizados muy brevemente los efectos psicológicos del amor, este es un post tanto para los que dejan (o piensan hacerlo), como para quienes son dejados.

No hace mucho sufrí una ruptura de esas repentinas, sin anestesia. De un día para otro y sin previo aviso. “Se acabó, no te quiero”. Fue muy doloroso, sin duda. Sin embargo, de esta vivencia (sumada a la experiencia en consulta) aprendí cosas, ¡vaya que si aprendí! Se pueden resumir en los 5 puntos siguientes:

1. Nadie merece que lo dejen tirado

En condiciones normales, (es decir, si no ha habido traición, infidelidad, falta reiterada de respeto, maltrato, etc.) nadie merece ser despreciado de un día para otro, sin previo aviso.

En una relación normal, en la que ambos se han demostrado afecto y cariño mutuo, no cabe dejar al otro “tirado en la cuneta”. La persona que te ha querido y a la que has querido, con la que te unen lazos de intimidad, no merece en ningún caso un trato cruel.

Así como has disfrutado de la relación, en el final tienes la responsabilidad de mostrar respeto, consideración y sensibilidad por la persona, su situación y sus sentimientos, aunque eso te haga demorar algo tu decisión o afrontarla de forma paulatina.

No somos máquinas, no somos seres de usar y tirar. Enamorarte y emparejarte tiene sus derechos, pero también sus “deberes”.

2. Lo que hayas hecho durante la relación es “a fondo perdido”

¿Qué quiero decir? Pues que todo lo que hayas entregado, ayudado o apoyado a tu pareja es un regalo que otorgaste en su momento, bajo tu responsabilidad, y en ningún caso se trata de una moneda de cambio.

¿Si yo me he entregado, la otra persona tiene derecho a dejar de quererme? Sí. ¿Tiene derecho a dejarme tirado? No, pero por las razones del punto 1, no porque esté en deuda contigo.

3. Nada como tener buenos amigos

Suena a tópico, pero es una de las pocas verdades absolutas de la vida: rodéate de gente buena. Tras una ruptura, el apoyo de tu entorno es fundamental. Sientes su aprecio y cómo reducen tu desolación, de muy diversas maneras, cada uno como bien puede: escuchándote, distrayéndote… En definitiva, haciéndote sentir que importas. ¡Nada mejor para salvaguardar tu integridad emocional! Una ruptura sin el apoyo de los amigos, es doblemente dura.

4. La disonancia es cruel

Te mueves entre el amor y el odio. Entre la incredulidad y la decepción. Entre la persona que creías conocer y la que se comporta así contigo ahora… La contradicción y el desconcierto aumentan el sufrimiento. Por ello, es tan importante el punto 1, mencionado anteriormente.

Si sientes que la relación debe terminar, la otra persona merece, primero, tener información de lo que está ocurriendo con algo de antelación (es decir, quien se desenamora ha de ser asertivo). Y, en segundo lugar, merece tener algo de tiempo, que junto con dicha información, le permitan desencantarse poco a poco y prepararse para afrontar la pérdida.

5. Todos necesitamos un cierre

Todos precisamos mentalmente dar un cierre válido a las relaciones. Como en todo, nuestro cerebro necesita saber el porqué y dar sentido (principio, desarrollo y final) a la experiencia.

Este cierre debe ser válido para ambos, aunque se discrepe, y con respeto a los sentimientos de cada uno. Si se corta bruscamente y se niega el cierre, el sufrimiento de la otra parte es mucho mayor (debido al punto 4). Esto, además, acrecienta el comportamiento obsesivo o el “síndrome de abstinencia” de la persona dejada.

En definitiva, los humanos somos “seres pensantes” pero sobre todo “seres sintientes”. A pesar de contar con más o menos inteligencia emocional, no tenemos un interruptor para encender y apagar las emociones a nuestro antojo.

Tenlo en cuenta antes de dejar a alguien. Por respeto y madurez. Vivir el amor genera unos derechos, pero también responsabilidades, entre ellas la de tratar de finalizar de la manera menos lastimosa posible, dándole la oportunidad al otro de prepararse para la ruptura. Al fin y al cabo, ha sido una persona significativa en tu vida.

Nota del Editor

Se comparte como complemento al artículo para su descarga en PDF el documento “El duelo por ruptura de pareja”, firmado por Begoña Ramos, psicóloga experta en conflictos de pareja y miembro del equipo de Aide Psicología.

Imagen libre de derechos cortesía de Pixabay.com

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Resumen: Hay una clase de sufrimiento, un tipo de dolor que no es del todo negativo porque tiene una función, la de aprender a enfrentarnos a ciertos acontecimientos, asimilarlos y pasar página.

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