Generosidad, el antídoto a la avaricia

Sergi Franch Rebollo
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El Eneagrama, del que realizamos un pequeña introducción en este otro artículo, es una técnica utilizada por profesionales de la psicoterapia en todo el mundo que clasifica la personalidad en nueve carácteres llamados Eneatipos.

Las nueve divisiones se realizan a partir de actitudes, pautas infantiles y heridas emocionales que construyen la parte menos sana de nuestra personalidad y que acaban ocultando algunos de los recursos que todos tenemos.

Detrás de cada una de estas nueve actitudes neuróticas, en contrapartida, se encuentran nueve virtudes concretas que, si las trabajamos, nos ayudarán a restablecer nuestro equilibrio.

Resulta interesante analizar algunas de estas virtudes, estas actitudes positivas que el Eneagrama señala como “antídoto” a los comportamientos que nos alejan del equilibrio y bienestar personal. Puedes leer otra entrada al respecto en este enlace, donde hablamos del coraje y la valentía como actitud para vencer nuestros miedos.

Hoy queremos dedicar el artículo al punto débil del eneatipo cinco, la avaricia, y a su virtud, la generosidad.

La avaricia rompe el saco

La actitud neurótica básica del eneatipo cinco es la avaricia: un cinco puede acumular tiempo, energía, dinero, conocimientos, disponibilidad emocional, espacio… todo para hacer acopio de “provisiones” y sentirse protegidoo.

Aunque es sensible, huye de lo emotivo para refugiarse en su mundo intelectual (teorías, libros, conocimientos, ideas…) Distante, cerebral, diplomático, solitario, con poca energía y a veces frío, tiene dificultades para pasar a la acción y para conectar en profundidad con los demás.

La avaricia del cinco no es tanto egoísmo sino más bien una actitud de retener, de no dar. Para el cinco, dar significa perder. Como siente que tiene poco, cree que si da lo poco que posee se va a quedar sin nada.

Ese “no dar” puede manifestarse de muchas maneras, pero su forma principal es la de no entregarse del todo a los demás, retirándose emocionalmente ante cualquier contacto que considere demasiado expuesto o que le haga sentirse invadido.

La avaricia es “un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable de satisfacer su necesidad sin alcanzar nunca la satisfacción“, según Erich Fromm.

La actitud avariciosa nunca sacia y hace que el codicioso crea que lo que entrega nunca volverá, pero sobre todo el problema radica en la incapacidad de proveerse a sí mismo de aquello que entrega a los demás. 

Queremos aclarar que cuando hablamos de este “no dar” nos referimos a una actitud que puede ser consciente o inconsciente. Aunque también podría aplicarse a lo material, sobre todo se pone de manifiesto en la entrega de uno mismo y a un nivel más emocional y profundo, como ofrecer amistad, amor, comunicación, confianza, tiempo, intimidad, etc… Se podría decir que hablamos más bien de tacañería emocional.

El valor real del desapego es el acto de dar en sí mismo. Confiemos en que aquello que dejamos ir sin expectativas, nos volverá. Si esperamos una recompensa al dar, en ese momento nos cerramos a las miles de opciones que existen de que recibamos de manera distinta a las que imaginamos. Cuanto más abiertos estamos al dar, más lo estamos también al recibir.

En el momento que entregamos algo, normalmente nuestro ego quiere que se le “premie” o se le “felicite” en busca de un reconocimiento externo. El problema es que si damos para que nos reconozcan la entrega, el acto de dar deja de ser generoso y se convierte en mercantilismo: yo te doy o para que vean lo generoso que soy, para que me lo agradezcas o para que me lo devuelvas.

Si tu ego se activa en un acto que crees que es generoso y desinteresado, puede ser señal de que no estas preparado para dejar ir lo que estás tratando de dar, que tengas algún tema pendiente de resolver y de que es momento de empezar ser más generoso contigo mismo.

Te proponemos un pequeño ejercicio: realiza un acto generoso sin que nadie lo sepa, y después… agradécetelo a ti mismo!

Imagen cortesía de Pixabay.com

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Generosidad, el antídoto a la avaricia Sergi Franch Rebollo
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Resumen: La avaricia aplicada al ámbito emocional es una actitud que perjudica a la propia persona y a sus relaciones con los demás. La generosidad es el recurso a trabajar para recuperar el equilibrio y tener relaciones más sanas y duraderas.

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