Los traumas en la impronta y las Terapias Neurocientíficas o de Reprocesamiento

Oriol Lugo Real
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La mayoría de síntomas, dificultades o bloqueos que sufrimos en nuestro presente tienen una causa que se remonta a nuestro pasado.

Tendemos a pensar que nuestra depresión, fobia, ansiedad o insomnio, por poner algunos ejemplos, se deben sólo a causas del presente o a hechos acontecidos en un pasado reciente.

Nada más lejos de la realidad, los síntomas están en el presente pero las causas están mucho más lejanas en el tiempo, pero no a unos pocos años atrás, sino a dos etapas en concreto.

La primera, el período de la vida intrauterina. Cuando estamos en el vientre materno no estamos desconectados del mundo exterior. Todo lo que ocurre en nuestro entorno puede llegar a afectarnos. Es más, los bebés están conectados con su madre a nivel corporal, mental y emocional.

Por ejemplo, si la madre se siente nerviosa o padece de ansiedad, este cambio hormonal va a llegar al niño/a través del corriente sanguíneo. También los pensamientos tienen su afectación en el bebé, por ejemplo, una madre con depresión generará pensamientos de tristeza, pesar, impotencia, que a la vez afectarán a su regulación hormonal.

Y en el caso de las conductas, aquí son ampliamente conocidos los efectos y perjuicios de los malos hábitos cuando se está embarazada.

La segunda, la franja que ocupa desde el nacimiento hasta los seis o siete años, también conocida como impronta. En esta etapa los niños/as son como esponjas y absorben todos los estímulos de su alrededor, principalmente los de su familia nuclear o los de sus cuidadores.

Los comportamientos, hábitos, las emociones, los pensamientos, el lenguaje, todo acaba llegando a los pequeños y afectando a su forma de ser. Lo que los niños y niñas ven, lo copian.

Por ejemplo, un niño que se haya criado en un entorno donde la comunicación era agresiva, puede acabar configurando su forma de comunicarse actual al convertirse este niño en un adulto que tiene el mal hábito de chillar o de insultar a los demás.

O por ejemplo, una niña que haya visto llorar a su madre reiteradamente por el deseo de poder mantenerse aferrada a una relación tóxica, puede instaurar la creencia en la pequeña que el amor verdadero es aquel que te hace llorar y sufrir.

Estas dos etapas son momentos vitales en los que los seres humanos somos de lo más frágiles y a la vez maleables. Nuestra capacidad de recepción de estímulos no tiene límites, al contrario que nuestros filtros o frenos para poder seleccionarlos. Como resultado, estos momentos se convierten en etapas de nuestras vidas en los cuales hemos podido vivir toda clase de situaciones o experiencias que han podido causar una huella.

No todas estas vivencias tienen que ser negativas, pero la gran mayoría de elementos estresantes han podido causar más efectos de los que nos pensamos.

Estas situaciones traumáticas del pasado, también se conocen como heridas emocionales, y son difíciles de resolver si no se trabaja su raíz u origen. Pueden ser sucesos muy dolorosos o sucesos que aparentemente pasaron inadvertidos.

Por ejemplo, que un conyugue fallezca mientras la madre está embarazada puede tener consecuencias graves en el bebé. Como hemos expresado antes, los cambios hormonales en la madre son casi inevitables. Y puede que el hijo o hija nunca haya sufrido la pérdida de forma directa, no la presenció, aún así ésta afectó y sigue afectando al infante.

O por ejemplo, una despreocupación de las necesidades o llamadas de ayuda de un bebé pueden ser vividos como un abandono y dejar una herida emocional de por vida en una persona.

Por eso es tan importante que las personas que ejercen de modelos a niños y niñas tengan presentes el modelaje que están efectuando en ellos.

Si la terapia sólo se enfoca en el presente o en los síntomas, únicamente estaremos poniendo parches al problema. Los síntomas no son realmente el problema, estos sólo son una manifestación de unos bloqueos o heridas emocionales del pasado.

Los traumas de la infancia, suelen eclosionar al final de la adolescencia, cuando se consolida la personalidad. En esta etapa es donde suelen empezar a aparecer muchos de los primeros trastornos psicológicos diagnosticados. Por esta razón es importante empezar cuanto antes a trabajar para poder liberar las emociones encapsuladas y reprocesar las vivencias dolorosas.

La terapia convencional que únicamente se centra en el presente o en los síntomas, puede convertirse en un trabajo superficial, que no permite resolver la verdadera causa.

Pero no todo está perdido. Los últimos avances en Neurociencias, nos han ofrecido y siguen ofreciéndonos un amplio abanico de descubrimientos que pueden ser aplicados a la Psicoterapia. De aquí nacen las Terapias Neurocientíficas o de Reprocesamiento, como por ejemplo el EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento a través de los Movimientos Oculares).

Estas terapias nos permiten aprovechar los mecanismos naturales del organismo, como por ejemplo el dormir, los cuales tienen un gran uso en el trabajo con los traumas y otros.

En el caso del EMDR, se aplican los sets o Movimientos Oculares Rápidos para poder ayudar a reprocesar una emoción del pasado que había permanecido encapsulada. De esta manera, estamos emulando los movimientos de la fase REM, que efectuamos cada noche mientras soñamos.

La sensación es de haber podido descargar toda la tensión tanto emocional, mental como corporal que llevábamos desde hacía tiempo.

Cuando trabajamos con los sucesos de nuestras primeras etapas vitales el efecto es mayor, ya que estamos ayudando a sanar los bloqueos o traumas desde sus orígenes. Esto genera que los demás acontecimientos, que se han convertido en escenas alimentadoras y que han añadido material traumático al problema pierdan intensidad, o incluso desaparezcan.

El EMDR es una de las metodologías que mejor funciona y ha sido reconocida tanto por la OMS (Organización Mundial de la Salud), como por la APA (American Psychiatric Association), además de ser respaldada por más de 70.000 clínicos en todo el mundo.

Rothschild, B. (2015). El cuerpo recuerda. La Psicofisiología del trauma y el tratamiento del trauma. Barcelona: ELEFTHERIA

Rothschild, B. (2014). 8 Claves para superar los traumas de forma segura. Barcelona: ELEFTHERIA

Shapiro, F. (2013). Supera tu pasado. Tomar control de la vida con el EMDR. Barcelona: Kairós.

Shapiro, F. (2004). EMDR: Eye Movement Desensitization and Reprocessing. Desensibilización y reprocesamiento por miedo de movimiento ocular. México, D.F.: Editorial Pax México.

Stamateas, B. (2012). Heridas Emocionales: Sanar el pasado para un mañana mejor. Barcelona: Ediciones B.

Imagen cortesía de Pixabay.com

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Resumen: Las Neurociencias nos han abierto una puerta al futuro con infinitas opciones de mejorar nuestra salud mental y emocional.

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