Anorexia nerviosa: Aprendiendo a detectarla

Mireia Navarro
Compartido por

Los trastornos de alimentación están cada vez más presentes en nuestra sociedad. Aunque estos trastornos han existido desde hace décadas, no es hasta hace unos años cuando la medicina y la psicología están concentrando esfuerzos para poder tratar a la población que lo padece.

Y es que los datos hablan por sí solos; un 0,3% de mujeres adolescentes sufren anorexia, mientras un 0,1% de las víctimas son hombres.

La anorexia nerviosa es el trastorno de alimentación más conocido y padecido. Se trata de un trastorno en el que la persona afectada posee una imagen distorsionada de su propio cuerpo, y eso le lleva a no seguir unas pautas de alimentación adecuadas e incluso a restringir en gran medida la ingesta.

Generalmente, la persona que padece anorexia suele ocultarlo en sus primeras fases. Muchas, incluso, no llegan a reconocerlo aunque la enfermedad sea evidente.

La delgadez que se consigue con la enfermedad suele preocupar a las personas que pertenecen a su entorno, quienes pueden intentar tomar medidas para paliar la enfermedad.

Muchas veces, la persona que lo padece se niega a seguir las recomendaciones de familiares y amigos, y estas situaciones suelen generar discusiones en el seno familiar.

Por ello, tratar este tema suele traer problemas, por lo que es muy difícil que los familiares lleguen a saber a ciencia cierta si la persona padece el trastorno.

¿Cómo podemos saberlo? Existen diferentes síntomas y consecuencias que nos indican que la persona está en peligro porque, efectivamente, podría ser susceptible de ser diagnosticada de AN (Anorexia Nerviosa).

Síntomas a los que debemos atender

1- Pérdida de peso por restricción alimentaria: Este suele ser el primer síntoma apreciable, en un tiempo bastante rápido. La persona realiza una dieta hipocalórica, en la que los alimentos que ingiere son, a simple vista, insuficientes (como una pieza de fruta al día como único alimento, basar la alimentación en zumos o líquidos…).

Estas dietas generalmente se complementan con ejercicio físico excesivo, para quemar las pocas calorías que ingieren. En poco tiempo, el deporte se vuelve compulsivo, así como el deseo de pérdida de peso.

2- La persona puede provocarse vómitos después de ingerir comida, con la intención de liberarse del alimento ingerido y que no “le engorde”. Generalmente, estos vómitos se producen nada más ingerir alimentos y suelen mantenerse en secreto.

Los laxantes también son habituales. Estos síntomas no siempre se presentan, pero pueden ser habituales en determinadas personas.

3- Existen tensiones habituales en el entorno familiar, ya sean provocadas por la enfermedad o por otros motivos. Esto produce que la persona tenga un estado de ánimo cada vez más depresivo, así como una mayor irritabilidad, cambios de humor y labilidad emocional.

4- La hora de la comida genera mucha ansiedad, por el miedo a aumentar de peso. Pueden empezar a producirse discusiones por la comida, que agravan las ya existentes y el estado emocional de la persona que lo sufre, lo que, a su vez, dificulta la expresión de la enfermedad y su recuperación.

5- La persona empieza a manifestar rasgos obsesivo-compulsivos, que pueden dar paso a un Trastorno Obsesivo-Compulsivo.

6- La víctima posee una imagen distorsionada de su propio cuerpo; por muy delgada que esté, la malnutrición a la que se ha sometido agrandará su cuerpo frente al espejo, lo que le reafirmará su deseo de perder cada vez más peso.

Consecuencias que podemos apreciar

¿Qué consecuencias podemos apreciar en una persona que sufre anorexia? En general todas aquellas que se relacionen con un infrapeso muy pronunciado, como:

  • Problemas físicos: Hipotermia, bradicardia, caída del cabello, deshidratación, estreñimiento.
  • Problemas emocionales: Se potencia la tristeza, las malas relaciones personales, la irritabilidad y la ansiedad.
  • Problemas hormonales: Amenorrea (falta de menstruación).

Ante esta información, sospechas que alguien de tu entorno puede estar sufriendo anorexia. ¿Qué puedes hacer por él/ella?

  • Conseguir su confianza. Solo así conseguirás que pueda admitir su problema. Si eres un familiar con el que la persona mantiene malas relaciones, quizás no deberías hablarlo tú. Sería más recomendable confiar en otra persona con la que la víctima mantenga una buena relación.
  • No generar discusiones sobre este tema. Las discusiones solo agrandan el problema, producen más ansiedad y ello agrava el retraimiento y la falta de confianza para expresar su problema.
  • Informarse bien. Visitar a médicos, psicólogos y otros profesionales debidamente capacitados para informar y orientar a familiares ante estos casos.

¿En qué consiste el tratamiento?

El tratamiento de los trastornos de alimentación suele tener tres fases, cada una marcada por unos objetivos:

  • Primera fase: En ella se busca conseguir objetivos a corto plazo. La prioridad de esta fase es garantizar la vida de la persona afectada normalizando los valores biológicos (haciendo especial hincapié en el peso e IMC). Para ello, se usan programas conductuales basados en refuerzos para conseguir una buena ingesta y el consecuente aumento de peso. Aunque es una fase centrada especialmente en mejoras físicas, suele implicar también una mejoría a nivel psicológico.
  • Segunda fase: En ella se busca conseguir objetivos a medio plazo. En esta fase da comienzo la terapia psicológica, trabajando la autoestima, la autoimagen, habilidades sociales, creencias erróneas sobre la nutrición y salud, problemas familiares… que pueden estar generando y manteniendo el trastorno. En esta fase, no solo la persona recibe tratamiento; también se trabaja con la familia.
  • Tercera fase: En ella se busca conseguir objetivos a largo plazo; consolidación de los resultados obtenidos hasta el momento, y su mantenimiento en el tiempo. La persona debe tomar las riendas para llevar a cabo por si sola aquello que ha aprendido en el tratamiento. Si es capaz de hacerlo, no solo habrá superado el trastorno; además, tendrá una muy buena garantía de éxito para no recaer en un futuro.

El tratamiento suele darse de manera ambulatoria y/o en centros de día. En casos graves, puede haber ingreso hospitalario durante una temporada. En este caso, cuando se recibe el alta hospitalaria, la persona sigue en tratamiento de manera ambulatoria.

Aunque esta información nos puede ser útil para detectar un caso de anorexia en nuestro entorno, es necesario contar con la ayuda de médicos y/o psicólogos para poder tener mayores garantías de éxito.

La complejidad de estos trastornos es tal que resulta contraproducente intentar tratarlos sin ayuda profesional, sobre todo cuando la vida de la persona afectada puede estar seriamente en peligro.

Nota del Editor

Se propone para su descarga en PDF el interesante trabajo “Trastornos de la conducta alimentaria y la imagen corporal: Un estudio de series de casos”, firmado por Paula López Castillo y extraído del repositorio de la Universidad Jaume I.

En palabras de su autora el objetivo del texto es “evaluar el tipo de distorsiones cognitivas relacionadas con la imagen corporal que presenta la muestra objeto de estudio. Además, se analiza el cambio de la Imagen Corporal antes y después de determinados módulos del tratamiento cognitivo-comportamental en un estudio de series de casos”.

Anorexia nerviosa: Aprendiendo a detectarla Mireia Navarro
Valora este artículo

Resumen: La creciente preocupación por la delgadez está dando lugar a un incremento desorbitado de los problemas relacionados con la insatisfacción por la imagen corporal.

3.5

De utilidad


Opinión del lector: 3.4 (6 votes)

Tags:



Back to Top ↑

Inline
Inline