Familias enriquecedoras ¿Qué las diferencia de las familias en conflicto?

Ana Ameneiro López
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¿Te sientes cómodo viviendo con la familia que tienes en estos momentos?

¿Tienes la sensación de estar viviendo con personas agradables, que te caen bien y en las que confías y a las que caes bien y confían en ti?

¿Es divertido y emocionante pertenecer a tu familia?

Si la respuesta a estas tres preguntas es sí, entonces tienes la suerte de vivir en lo que Virginia Satir llamó una familia enriquecedora. Si la respuesta es no, o no muy a menudo, probablemente vives en una familia que está pasando por algún que otro conflicto.

Todas las familias podrían situarse en algún punto de un segmento que va desde un extremo que crea un contexto muy enriquecedor a otro con graves conflictos.

En las familias en conflicto, las caras y los cuerpos de las personas muestran la situación de urgencia en la que viven. Sus cuerpos están tensos, sus rostros están tristes o son inexpresivos, como si fuesen rígidas máscaras. Los ojos miran al suelo, no mantienen las miradas. Las voces son ásperas y estridentes, o a penas se oyen y las orejas no escuchan.

Hay pocos indicios de amistad entre los miembros de estas familias y escasa alegría entre ellos. Parecen estar juntos por deber y se limitan a tolerarse. El humor es cáustico, sarcástico e incluso cruel. Los adultos están tan ocupados diciendo a los hijos y a su pareja lo que tienen que hacer que nunca han podido llegar a disfrutar los unos de los otros como personas.

A menudo, estas familias se sorprenden cuando sus miembros descubren que, en realidad, pueden disfrutar unos de otros. En las familias enriquecedoras, las personas se miran unas a las otras, no al suelo o eludiendo las miradas, y hablan con voces claras, cargadas de inflexiones. Sus expresiones faciales son relajadas.

Las personas no se sienten incómodas cuando se tocan y muestran su cariño, cualquiera que sea su edad, hablando abiertamente y escuchando con atención, siendo directas y realistas entre ellas y, sencillamente, estando juntas. Los miembros de una familia enriquecedora se sienten libres para expresar sus sentimientos.

Se puede hablar de cualquier cosa: desengaños, temores, enfados, críticas, alegrías y logros. Si resulta que el padre está de mal humor por algún motivo, su hijo le puede decir con total sinceridad: “¡Qué mala leche tienes hoy, papá!”. El niño no tiene miedo de que su padre le pueda responder con un grito. Al contrario, el padre también puede ser sincero y contestar: “Ya sé que estoy de mal humor. ¡Hoy he tenido un día duro!”.

En las familias enriquecedoras se hacen planes, y si surge algo que interfiere con ellos, rápidamente se harán los ajustes necesarios, con frecuencia usando el sentido del humor. Esto les permite hacer frente a la mayoría de los problemas de la vida, sin ser presas del pánico.

Imaginemos, por ejemplo, que a un niño se le cae un plato mientras come y se le rompe. En una familia en conflicto, este accidente podría acabar en una bronca de media hora, una zurra o puede que despachando al niño a su habitación sumido en un mar de lágrimas.

En una familia enriquecedora, en cambio, sería mucho más probable que los padres dijeran: “Te ha caído el plato y se ha roto, ¿te has cortado? Venga, iré a buscarte una tirita y luego vas a buscar la escoba y lo recoges”. Si los padres se han dado cuenta de que al niño se le ha caído el plato por alguna razón, podrían añadir: “Me parece que el plato se te ha caído porque estabas distraído jugando”De este modo el accidente se convierte en una oportunidad de aprendizaje, en lugar de una causa de castigo.

En este tipo de familias se puede captar fácilmente el mensaje de que la vida y los sentimientos son más importantes que cualquier otra cosa. Estos padres se ven a sí mismos como líderes, no como jefes autoritarios. Están dispuestos a reconocer de inmediato ante sus hijos sus errores y sus virtudes.

Los actos de estos padres coinciden con sus palabras. Cuando un niño se porta mal, el padre o la madre se acerca físicamente a él para ofrecerle su apoyo. Esto ayuda al niño a superar el miedo y los sentimientos de culpabilidad, y a sacar el máximo provecho del aprendizaje que su madre o padre están a punto de enseñarle.

Cuando se tiene que corregir a un niño, los padres que son acogedores basan sus actos en la claridad: piden información, escuchan, tocan, comprenden , siguen unas pautas temporales cuidadosas, y son siempre conscientes de los sentimientos de su hijo y de su deseo natural de aprender y complacer.

Los padres de una familia acogedora son conscientes de que los problemas surgen por la sencilla razón de que son algo inherente a la vida, y estarán siempre preparados para encontrar una solución creativa cada vez que surja una dificultad.

Las familias conflictivas, sin embargo, ponen todo su esfuerzo en intentar evitar que aparezcan los problemas, y cuando ocurren, estas personas se han quedado sin recursos que les ayuden a superar la adversidad.

Los padres enriquecedores son conscientes de que el cambio es inevitable; entienden que sus hijos pasan rápidamente de un estadio al siguiente y ellos mismos nunca dejan de crecer y cambiar. Aceptan el cambio como parte del hecho de estar vivos y tratan de utilizarlo con creatividad para que sus familias puedan adaptarse a los cambios con facilidad.

Crear una familia, seguramente es una de las tareas más difíciles de nuestro ciclo vital. Un proverbio africano afirma que para criar a un niño hace falta toda una tribu. Podemos hacer de la familia un entorno enriquecedor en el que desarrollar personas que marquen la diferencia por su calidad humana.

Cuando ayudamos a una familia conflictiva a ser enriquecedora, o a una que ya lo es, a pasar a serlo aún más, estamos incrementando la probabilidad de que este contexto y esta forma de actuar se traslade a otros ámbitos sociales como las empresas, las escuelas, las administraciones públicas y los gobiernos, que en definitiva, influyen también en nuestra calidad de vida.

Virginia Satir, estaba convencida de que todas las familias conflictivas pueden convertirse en enriquecedoras, puesto que la mayor parte de los elementos que hacen que una familia sea conflictiva se aprenden, y del mismo modo en que se aprenden pueden desaprenderse, y su lugar puede pasar a ser ocupado por otros conocimientos.

La pregunta es : ¿cómo?. Para empezar, es preciso reconocer que la propia familia es a veces conflictiva. Luego, es necesario poder perdonarse por los errores cometidos en el pasado y darse permiso para cambiar, siendo conscientes de que las cosas pueden ser diferentes.

A continuación, hay que tomar la decisión de cambiar las cosas, y por último, emprender alguna acción para iniciar el proceso de cambio.

 Satir, Virginia (2006). Peoplemaking. El arte de crear una familia. Editorial:RBA

Imagen cortesía de Pixabay.com

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Resumen: La familia suele ser un factor de protección y cuidado, pero también es fuente de conflictos cuando desconoce o no satisface los deseos y necesidades de alguno de sus miembros.

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    Enhorabuena por el post. Soy psicólogo y estoy 100% de acuerdo.

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